Argentina, muy cerca de poder clausurar definitivamente el drama de la deuda


Esta etapa es entonces fundamental, porque del éxito de ella depende el éxito de las que vienen. Por lo tanto, el canje propuesto por las autoridades tiene una cláusula en dirección a el final del texto que parece irrelevante, pero no lo es: se necesita un porcentaje intrascendente de adhesión al canje de bonos del 60% de los bonos emitidos. Si ello no se obtiene, no hay canje. Esa cláusula tiene una gran funcionalidad. Con ella se intenta evitar una especulación por parte de algunos fondos de inversión que son grandes acreedores de la deuda que podrían tomar la determinación de no adherir con la esperanza de obtener mejoras presionando al gobierno a medida que pasa el tiempo, entregado que adhiriendo fuera del plazo mayor de todas maneras se obtendrían como intrascendente los mismos bonos que ahora se canjean. Así, por ejemplo, si BlackRock decide no adherir al canje con la secreta esperanza de hacerlo fuera de término si sus presiones no surten meta, debe aprender que por su parada porcentaje de su tenencia de bonos puede resistir a tirar toda la operación en su conjunto, número que lo perjudicaría enormemente frente a su propia comunidad de negocios, entregado que recibiría el enojo de los acreedores que por distintas causas ahora desean participar.

Esta cláusula es como decirles a los bonistas más proclives a dar el sí que no dejen de hacer una señal a sus “amigos” de BlackRock para manifestarles sus propios deseos de que el gran fondo mundial sea de la partida. En tal sentido, la frase del texto de la propuesta que indica que si no se consigue el 60% de adhesión, el canje vuelve a foja cero es simplemente un eufemismo -como acertadamente sabe todo acreedor- que equivale a tener que “esperar sentado” porque el Gobierno tendría el argumento -de peso por cierto- de que hizo todo lo posible por resistir a un acuerdo con sus acreedores y no pudo lograrlo.

Esa no es la única novedad acertada en el canje. La intrepidez de respetar las cláusulas de entusiasmo colectiva anteriores para los bonos lanzados en los canjes de 2005 y 2010 es otro gran punto a protección, entregado que elimina la resistor a entrar al canje por parte de uno de los tres grandes núcleos de acreedores. Además, esa cláusula sólo es operativa en caso de que Argentina no pague, cosa que sólo podría ocurrir luego del paso de muchos primaveras porque en un principio sólo vencen muy bajos intereses a los que Argentina tendría que poder hacer frente sin problemas si es que mantiene buenas cifras de peso comercial, variable que a partir de la regularización del plazo de la deuda cobrar aun maduro relevancia.

Otro gran tino de este canje es establecer cupos en los bonos a los cuales se puede alcanzar según que título tenga cada solicitante ofreciéndole un determinado menú al que solo puede optar si decide canjear rápidamente. Si en cambio da vueltas y prórroga demasiado puede tener que terminar canjeando por un título de maduro plazo y beocio valía presente neto, que obviamente cotizará a maduro tasa de retorno -o sea peor en términos relativos- que los bonos más apetecidos. En los anteriores canjes de 2005 y 2010 no existían estas cláusulas novedosas que ayudan a aumentar el poder de disuasión que el Gobierno puede profesar.

Ahora solo queda esperar ver qué decide cada solicitante. Muchos van a entrar. Pero seguro no todos. Es previsible que va a poseer holdouts que van a convertirse en litigantes en futuros juicios con la esperanza de que en los tribunales de Nueva York se repitan las ominosas decisiones que tuvo en su momento el togado Griesa por medio de las cuales Argentina se vio obligada a terminar pagando a los acreedores más díscolos sumas exorbitantes de capital en relación a sus acreencias.

¿Qué se puede hacer para que esta experiencia no se repita? Pues acertadamente, si el canje obtiene el 60% intrascendente de adhesión, lo que tiene hoy una muy reincorporación probabilidad, acertadamente se puede tomar una determinación que puede convertirse en crucial: abrirle una cuenta y dejarle depositados en la Caja de Valores los bonos nuevos a los acreedores díscolos a los que se les tornaría más difícil argumentar con éxito que Argentina defaulteó y no pagó, entregado que el país podría contraargumentar de forma exitosa que canjeó el 100% de los bonos viejos y que por lo tanto pagó hasta el postrero centavo de los mismos con nuevos bonos que los acreedores díscolos tienen depositados a su nombre y no han procedido a retirarlos. Incluso se podría depositar a esos acreedores sus intereses a medida que los mismos venzan, entregado que puede preverse que los eventuales juicios pueden terminar durando muchos primaveras. Esta vía de entusiasmo debería ser muy estudiada por las autoridades, entregado que si se desea que las cosas concluyan de forma diferente con los fondos buitres hay que comenzar a tomar desde ahora decisiones diferenciadas de los canjes de 2005 y 2010.

Ahora acertadamente, yendo a lo inmediato, junto a esperar que este canje de deuda concluya siendo exitoso. Ello ocurriría, se canjee el porcentaje que se canjee de deuda, entregado que con la renegociación se sale de la situación de “default” en la que el país está no desde que empezó a no satisfacer sus compromisos hace solo semanas, sino desde el propio 2017 cuando Argentina vio cerradas las puertas a todo nuevo financiamiento privado teniendo que aparecer de apuro al Fondo Monetario Internacional para poder satisfacer, número que demoró pero no evitó lo que habría de sobrevenir: la imposibilidad de seguir atendiendo los pagos de la deuda. ¿Por qué este canje casi seguro terminará siendo exitoso? Porque tiene dos componentes que deberían resultar irresistibles para los acreedores. Por un flanco prácticamente no hay quita de renta, por lo que los fondos que adhieran no se verán en figurillas al no tener que explicar a sus cuotapartistas por qué le prestaron a un país que decide no satisfacer una parte de su deuda. Al no poseer quita Argentina decidió satisfacer toda su deuda. El segundo gran atractivo de este canje es que se ofrece a los acreedores un rendimiento promedio ponderado acertadamente superior al 3% anual, tasa de interés que hoy no paga en dólares ningún país regular del mundo.

Por ello, acertadamente podría esperarse que la tasa de 10% anual a la cual se descontaron los flujos de fondos en el proceso de renegociación por la cual se llegó al valía presente neto del orden de 53,5 dólares por loncha de 100 termine siendo un rendimiento accesorio. ¿Por qué? Porque a medida que transcurran los meses los inversores incluso muchos que hoy están fuera de la cancha van a ir cayendo en la cuenta de que con esta renegociación es prácticamente inverosímil que Argentina deje de satisfacer sus compromisos por varios muchos primaveras porque el cronograma de vencimientos le resulta cómodo. Por lo tanto, sabiendo de que un “default” en muchos primaveras tiene bajísima probabilidad de ocurrir terminarán comprando bonos cuya tasa de interés va creciendo, y tiene un promedio ponderado de casi el 4% anual para toda la vida de los nuevos bonos. Es por esta serie de factores que hoy por hoy puede presumirse que se puede esperar que el drama de la deuda al menos el drama más excelso de la deuda entregado que holdouts muy seguramente habrá terminará para el país adentro de muy poco tiempo.



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