Argentina y BlackRock con destinos cruzados: ahora por Vicentin


Eso sucederá si el Gobierno avanzara definitivamente en la naturalización de Vicentin, y que incluyera en el paquete de activos del liga santafesino al esquema Renova. En estas plantas de San Lorenzo y Timbúes, donde se le suma valía apéndice al poroto de soja y se produce biodiésel en la taller más excelso y sofisticada de Latinoamérica. La mayoría de ese plan es propiedad del liga suizo Glencore, del que BlackRock es dueño en un 6%, encima de su histórico financista mundial. Esto incluye el caudal para que Glencore levantara tanto las plantas de Santa Fe, para que avanzara en la transacción de la mayoría accionaria en marzo de este año. Si se concretara la operación de toma de control de Vicentin, y de allí el 25% de Renova, el Estado argentino volvería a compartir acciones con Larry Fink. Ya lo hace en YPF, donde BlackRock es capitalista desde antiguamente de la renacionalización del 2012. Sumaría encima posesiones, de guisa directa o a través de socios como Glencore, en otras empresas que tienen que ver con la vida económica de todos los días del país como Telefónica, Coca Cola, Bayer, Exxon Mobil, Chevron, Apple, Microsoft, Telefónica o Procter & Gamble (entre muchas otras); encima de la tenencia de acciones de cotización abierta o cerrada en Mercado Libre, Tenaris, Grupo Galicia, Banco Macro, Telecom, Pampa Energía, TGN, Arcos Dorados y Adecoagro.

El esquema de Renova, donde BlackRock (yuxtapuesto con el porción divulgado qatarí) es el principal aportante de capitales a Glencore, comenzó en 2006 con la empresa suiza y Vicentin compartiendo el 50% de las acciones. Se inició con la idea de producir biodiésel para exportar a la Unión Europea, donde Glencore tenía el comunicación al mercado aceitado. Con el tiempo la sociedad sumó la producción de harina, óleo, lecitina y pallet de cáscara en la planta de Timbúes, encima de glicerina en San Lorenzo. Ahora, luego de la crisis del año pasado de Vicentin, Glencore tomó la mayoría de las acciones; al comprar en diciembre del año pasado un 16,67% de las acciones del esquema delante las dificultades ya públicas del liga argentino. Con esto pasó a controlar el 67% de la empresa, manteniendo Vicentin el 33% restante, pero colocándose en minoría accionaria y perdiendo la capacidad de dirección.

A partir de enero de este año, la toma de dominio por parte de los suizos se trasladó a la verdad.

En marzo pasado el liga europeo ofreció comprar ese 33% restante en unos u$s325 millones, operación que fue rechazada por el mediador de reconquista Fabián Lorenzini, que consideró que ese valía era último al precio de los activos de Renova. Impidió así, sin saberlo, la salida de Vicentin de Renova, abriendo la puerta a la probable sociedad del estado con Glencore. Para el Gobierno, la alternativa de tener a la multinacional interiormente del esquema es atractiva. Se considera interiormente del oficialismo que blanquearía la operación de toma de control de Vicentin en el mercado financiero internacional; aunque molesta citarse como capitalista minoritario en Renova la viejo maravilla del liga en crisis. Aún no queda en claro si la idea de tener al Estado como partner, entusiasma a Glencore, y a sus socios; o si la multinacional suiza evalúa alternativas como retornar a ofrecer comprar la mayoría de la sociedad que maneja Renova. O algún otra interpretación contencioso que le abriría al país un nuevo caso delante el Ciadi, donde la compañía podría acogerse delante la trastorno de sus planes. Es difícil que Glencore tome esta valor, poliedro el amplísimo abano de inversiones que tiene en el país, y que dependen de una muy buena relación con el Gobierno para que se lleven delante.

En la Argentina, encima de la sociedad con Vicentin, mantiene molinos de arroz, crushing de soja (General Villegas, Necochea y Daireaux), siembra directa, aceites vegetales y molinos en Chajarí y Paso de los Libres, encima de acopios en Bahía Blanca, Conquistadores y Bonpland. Exporta el 25% del arroz que produce el país y maneja la mina Bajo La Alumbrera, un filón de cobre, oro y molibdeno que explota en superficie Minera Alumbrera desde 1997; en este esquema posee el 50% de las acciones, en sociedad con las empresas canadienses Goldcorp y Yamana Gold que cuentan con 37,5% y 12,5% respectivamente. También maneja las minas El Aguilar en Jujuy, Agua Rica en Catamarca y El Pachón en San Juan.

La principal inversión de BlackRock en el país es la tenencia de títulos públicos, estimándose su inversión en unos u$s3.000 millones; de los cuales u$s2.000 millones bajo constitución internacional. Otros u$s1.000 millones son bonos lanzados bajo leyes locales, especialmente el Bono del Tesoro (BOTE) 2023 y 2026, animado el 14 de mayo del 2018, con Luis Caputo como entonces nuevo responsable del rescate de las famosas Lebac (en desmedro del BCRA); una operación que el entonces “Messi” del estancia cerró vía telefónica moviendo sus contactos personales; colocando la deuda en manos de BlackRock y Templeton.

Donde más importante y polémica es la presencia de BlackRock en YPF, donde posé el 9,77 millones de acciones correspondientes al 5,67% de los papeles en circulación en los mercados de capitales de Buenos Aires y Nueva York; y es el segundo inversor institucional privado luego del fondo mutualista Wellington. Ambos ingresaron como accionistas en los tiempos en que el gobierno de Néstor Kirchner abría el haber de la empresa para el ingreso del Grupo Petersen en diciembre de 2007.

En total, los privados detentarían desde ese proceso un 17,09%; de los que Blackrock sería el más sobresaliente, manteniendo aún sus acciones luego de la renacionalización del 2012; proceso que incluso apoyó siguiendo una posición genérico que mantendría la petrolera mexicana Pemex. Ambos eran contrarios a la española Repsol, y llevarían esa competición a la experiencia. También, y hasta hoy, se mantuvo cercano al en el madurez que el fondo materialista anglosajón Burford y el neoyorquino Eton Park le iniciaron a la Argentina por la guisa en que se encabezó esa naturalización del 2012, ofreciéndose como “amicous cureae”. Sin secuestro, en 2014 fue calificado como “fondo buitre” por Cristina Fernández de Kirchner, al además tener acciones de la papelera Donneley que cerró sus puertas ese año. Volvería a aumentar su presencia en Argentina abriendo una oficina en la zona de Catalinas, nombrando personal en relación de dependencia y recibiendo propuestas de inversión en la posesiones existente.



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