Con el final del sueño de Atalanta, Italia sigue a la espera de un gran golpe en el mundo del fútbol


El hombre que desató el posterior festejo ya colgó los botines y es el director deportivo de Racing. Dos goles marcó Diego Milito aquella confusión mágica en el Santiago Bernabéu cuando el Inter de José Mourinho gritó campeón de la Champions en presencia de el Bayern Múnich. Desde esa final, en mayo de 2010, ningún equipo italiano logró fabricar la Orejona. Y siquiera podrá ser Atalanta, que sobre la hora dejó ir de modo increíble la vencimiento en los cuartos de final contra el PSG. Italia deberá seguir esperando para retornar a tener una alegría de las grandes.

No pudo la Juve contra el Barcelona en 2015 ni contra Real Madrid dos abriles más tarde. A la Vecchia Signora, que ostenta nueve ligas locales al hilo, el trofeo de clubes más importante del mundo le resulta esquivo desde 1996 cuando luego venció a River en Japón. La última vez del Milan fue en 2007 cuando luego cayó en presencia de el Boca de Bianchi en la Intercontinental.

Los gigantes ya habían quedado en el camino. Y el que levantaba la bandera italiana era el humilde Atalanta, en su primera vez en la Champions, en un sueño construido en bases sólidas pero que mínimo tienen que ver con los viejos cimientos del fútbol italiano. “Todo el país nos alentará, seremos una especie de selección”, había dicho en la previa Gian Piero Gasperini, el arquitecto de este sueño.

El entrenador y artífice del Atalanta, Gian Piero Gasperini. Foto: EFE

El preparador y artista del Atalanta, Gian Piero Gasperini. Foto: EFE

Si de la nación se manejo, siquiera es un buen momento de la selección Azzurra, que quedó exterior en primera ronda de dos de los últimos tres mundiales. En el posterior, ni siquiera consiguió meterse entre los 32 clasificados.

En este punto, hubo un noticia singular en este Atalanta que se había convertido en representante doméstico: ningún participante italiano marcó un gol en la temporada. Ni en el Calcio, donde finalizó tercero detrás de Juventus e Inter, ni en la Champions, donde quedó muy cerca de meterse en semifinales.

El engendro Atalanta

El croata Mario Pašalić clavó de siniestra el único gol en presencia de el poderoso PSG, el colombiano Duvan Zapata pivoteó y se bancó el coyuntura desaseado en inferioridad numérica, su compatriota Luis Muriel es la rueda de auxilio que salta desde el parcialidad y anhelo partidos, el argentino Papu Gómez es el capitán y conductor, el holandés Robin Gosens va y viene por la cuadrilla izquierda y su compatriota Marten de Roon muerde en el medio.

En el fondo cuidan la retaguardia el suizo Berat Djimsiti y el brasileño Rafael Tolói; se suma el argentino José Palomino, que supo ser titular y en presencia de el PSG entró en el complemento. El suizo Remo Freuler es el volante central que se encarga de soltarse y ayudar en la construcción al Papu. De los 11 que saltaron a la cancha en Lisboa, solo el portero Marco Sportiello y el líbero Mattia Caldara nacieron en Italia.

Pero más allá del documento, Atalanta supo construir una identidad que va más allá de cualquier resultado.

“Si tuviera que resumir mi filosofía en una frase dijo Gasperini en una entrevista con The Guardian-, sería que no creo y nunca creeré en el concepto de esperar que tu oponente cometa un error. La formación no importa, sino con cuántos jugadores atacás o defendés”.

Palomino ve la amarilla tras una falta ante Neymar. (Foto: Reuters)

Palomino ve la amarilla tras una equivocación en presencia de Neymar. (Foto: Reuters)

Ahora lo dice desde su empleo de redención a los 62 abriles. Pero cuando arrancó su carrera como preparador en las inferiores de la Juventus a Gasperini lo trataban de defensivo y lo vinculaban al Catenaccio por su preferencia de arriesgar con tres defensores.

En esta temporada de ensueño que acaba de terminar, el coyuntura del Atalanta se resumió en sus números de ataque: metió 98 tantos en los 38 partidos que jugó en la ataderas italiana. Y desde hace más de un mes que no dispone de su principal artillero, el esloveno Josip Iličić,, goleador del equipo en la Champions con cinco tantos, quien viajó a su país oriundo por problemas personales.

Para alcanzar estas cifras mucho tuvieron que ver el Papu Gómez, con siete goles y 16 asistencias y los colombianos Muriel y Zapata, autores de 18 y 12 tantos, respectivamente.

Estilo Gasperini

«Nosotros nunca perderemos, o ganaremos o aprenderemos. Estamos aquí para tratar de aprender, pero también para intentar ganar. Somos la demostración de que incluso un equipo sin particular prestigio europeo puede hacerlo bien, alcanzar metas, encomendándose a las ideas, el juego, las motivaciones, la pasión, el entusiasmo», afirmó Gasperini en la previa.

Y siguió: «Estos son recursos ilimitados y te pueden llevar a estos niveles. Esto le gusta a la gente. Queremos seguir demostrando que incluso un equipo como el Atalanta puede jugarse su papel en una competición tan importante».

Vaya si lo hizo. Con un presupuesto que enrostra que los más de 30 millones de euros anuales de sueldo de Neymar representan más de lo que anhelo el plantel completo del Atalanta. Con una idea de coyuntura en la que ninguna individualidad es más importante que el equipo. Y Muriel no pone mala cara en el parcialidad, y Papu Gómez deja su empleo y entra Palomino porque el partido pide más traje de faena que frac y la tangente de tres ya es de cinco en el segundo tiempo, y Tolói revienta la pelota del dominio como si fuera la última vez. Y casi alcanza con eso.

Papu Gomez, pilar del Atalanta, le deja su lugar a Malinovskyi, otro de los grandes talentos del equipo. (Foto: EFE)

Papu Gomez, pilar del Atalanta, le deja su empleo a Malinovskyi, otro de los grandes talentos del equipo. (Foto: EFE)

“Es como ir al dentista”, lo elogió Guardiola a Gasperini para graficar lo que significa ponerse cara a cara a un equipo con la identidad del Atalanta.

El fútbol determinó que no podrá en esta temporada bordarse la primera fortuna de su historia. En una definición extraña que le permitía en un partido, con sus armas, sostener el enfrentamiento en presencia de equipos con carteles mucho más poderosos, se quedó casi nada unos minutos corto. Pero le sobró para cumplir el objetivo primordial que planteó Gasperini cuando el fútbol volvió a Italia tras un holgado parate por el coronavirus: hacer reír otra vez a un pueblo como el de Bérgamo, de los más golpeados por la pandemia en todo el planeta. Para que vuelva la empíreo perdida al fútbol italiano, en cambio, habrá que seguir esperando.

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FK



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