Covid-19 y su impacto psicológico: ¿se viene una pandemia emocional?


Sabemos de su adhesión contagiosidad, pero que no a todos nos afecta de la misma forma: en caudillo a menores condiciones socio-económicas, mayores riesgos; y a la inversa. Sin confiscación, viene atravesando horizontalmente a toda la humanidad por lo difícil de detectar y porque no habían podido ser previstos los medios necesarios para contenerla.

El modo subjetivo de vivenciar la presencia de la Covid-19 entre nosotros es análogo al de un acontecimiento traumático. Es un trauma masivo. Conlleva enormes consecuencias porque es incontrolable y porque nos expone a la propia vulnerabilidad.

La vida social humana, más allá de las diferencias injustas, nos mantenía en un estado de previsibilidad para la planificación. Hoy pasamos a la experiencia de incertidumbre anclada en una amenaza auténtico, concreta y misteriosa aún para la ciencia.

La ciencia, como concepto interiorizado, era para nuestro sistema de vida una construcción que respaldaba y resguardaba, dándonos una suerte de ‘fantasia de invulnerabilidad’. Y, hoy es insuficiente porque no da respuestas; no las tiene.

Este conjunto de mercancía y consecuencias hace que la pandemia haya ejercido un emoción traumático trastocando los cimientos y dejando inestabilidad maduro o último según el estado previo de cada psiquismo.

Estos mercancía mencionados son los observables a simple clarividencia. Los mercancía llamados ’postraumaticos’ se verán al valer del tiempo y será imprescindible correlacionar para su procesamiento. Por eso es muy importante pedir ayuda.

Curiosamente escucho en mi trabajo clínico las expresiones como “me falta aire”, “tengo la sensación de encierro”, “no me dejan respirar “, necesito un respiro”, “siento que me falta el aire”, “atmósfera tóxica”; así, entre otras son expresiones simbólicas de estados moral que reproducen el miedo por el virus que está fuera acechando en lo auténtico y que se traslada a lo cercano y a lo diario de los vínculos.

Observamos cada vez con más frecuencia trastornos del sueño, de la provisiones, el consumo excesivo de sustancias, la yerro de control sobre los impulsos, las somatizaciones, que sobrevuelan mucho hoy día agregando pesar a los temores. Diríamos que se avecina una pandemia de orden psicológico y hay que estar para ayudar.

Hoy los especialistas estamos y dar un claro estado de las cosas permite avanzar sobre los modos de influir positivamente detallando un conjunto de pautas, que por generales que sean, no dejan de ser aperos y efectivas. Luego el trabajo sobre cada persona se profundizara debidamente en su subjetividad a cargo de cada profesional.

Vale proponer que la principios del transcurrir del tiempo ha enloquecido en el interior de nosotros. Todos tenemos miedo. El estado de inermidad es hoy maduro y más profundo, en los adultos que el natural, propio de las infancias. Sin confiscación, no perdamos de clarividencia a la infancia: está en peligro y formaran parte de lo que he denominado pandemia emocional porque observan la exposición a indisponerse de quienes están a su cuidado y, porque las edades para el contagio dejaron de ser privativas de los adultos mayores. Retomo la principios de avance a ciegas de la ciencia. No hay certezas y si poco el criatura necesita para construirse es seguridades varias.

Atravesamos tiempos de heroísmo. La lucha por sobrevivir es permanente. El campo de batalla albarca cada rincón de nuestra amada tierra. Pero no hay “un enemigo” contra el cual arremeter que no sea nuestro propio sentido de la incomodidad, del miedo y de la incertidumbre. Ahí hay que apuntar para apuntalarnos.

El esquema a mediano plazo calma la angustia. Cambia el desatado sentido abrumador del tiempo y relativiza su emoción. El impacto de la existencia objetiva sobre cada sujeto otorga una significación única. Esto implica que no hay una sola pandemia, un solo Covid o una sola cuarentena. La forma en que se percibe la existencia está determinada por la historia de cada uno y el modo de aguantar la vida.

El sentido del “espacio” igualmente ha enloquecido en el interior de nosotros: la distancia social nos aleja del apretón. Nos plantea un reunión sin contacto, sin el amparo o sin el placer del contacto ceñido. ¿Qué carencia peor?

El contacto cercano, el del cuerpo con el cuerpo ya no va. Lo que antiguamente era positivo, hoy es peligroso. ¿Cómo construiremos vínculos sin apreciar al otro como amenaza?.

Los afectos estrechos sin estrechar a los afectos: los olores, apreciar la piel, el peso o la fuerza del apretón. ¿Se deberá resignar para siempre por la sombra que genera el miedo ya instalado?

Retomo lo dicho: se ha producido un enorme trauma, el daño está hecho y la herida abierta; nos resta invadir estrategias mitigadoras, formas de afrontamiento. Nada es dolorosamente perenne, a excepción de el abismo. Por esto, el embestida debe comenzar aquí y ahora proveyéndonos de actividades gratificantes para reforzarnos positivamente, manteniendo prolijamente las prescripciones de cuidado.

En este “mientras tanto”, es bueno observarnos con calma y despabilarse adentro nuestras habilidades y herramientas para utilizar este tiempo como oportunidad al incremento personal que antiguamente postergábamos por la prisa y las presiones. Podemos transformarnos desde el dolor, nunca desde la denegación todopoderoso de la existencia.

Se proxenetismo de éxito y no de resignación. De extraer la idea de destino, de maldición o de castigo divino para construir la perspectiva de un cambio personal al que siempre se está a tiempo. Encontrar en nosotros nuestras fortalezas y divisar y sospechar a un futuro. Mantener una estabilidad anímica y guerrear contra la sensación de impotencia imaginando un futuro.

El desafío es con destino a delante y la principios de benevolencia y de solidaridad pensadas como parte de este desafío. No claudiquemos.

*La licenciada María Leonor Gutiérrez Urquijo (MN: 5975) es psicóloga.



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