Cuatro años de suspensión a Wilson Kipsang, el único que le pudo ganar a Eliud Kipchoge en un maratón


El keniata Wilson Kipsang, medallista soberbio, vencedor de tres de los seis maratones más importantes del mundo y ex dueño del récord mundial en los 42,195 kilómetros, fue suspendido por cuatro primaveras por la Unidad de Integridad del Atletismo (IAU) por eludir controles antidóping y por presentar (o intentar presentar) pruebas falsas. El círculo del atletismo se vio conmovido por este castigo a quien es el único que ha sido capaz de ganarle a Eliud Kipchoge en un maratón.

Quedarse con la icónica distancia frente a Kipchoge es como sacarle un oro soberbio a los NBA de Estados Unidos. Quizás hasta más difícil, porque mientras la Selección norteamericana de básquetbol ​ganó seis de los siete torneos de ese deporte en los Juegos, el mejor maratonista del planeta se impuso en 11 de sus 12 competencias.

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Y fue Kipsang quien logró dejar a Kipchoge segundo. En el tren de comparaciones, aceptablemente podría ser Cristiano Ronaldo: el indiscutido número 1 de no ser por «Messi» Kipchoge. Al límite, Wilson es quíntuplo vencedor de Majors: se impuso en la tirada 2012 de Londres; en 2013, en Berlín, donde le ganó a Eliud y estableció la por entonces plusmarca con 2h03m23; hizo doblete en 2014 en Londres y en Nueva York; y ganó por última vez en 2017, en Tokio.

Kipsang, de 38 primaveras, el sexto hombre que más rápido corrió un maratón, tenía una suspensión provisoria desde enero por las mismas causas que ahora llevaron a la aprobación a ser efectiva: cuatro fallas, entre abril de 2018 y mayo de 2019, en la información de su ubicación en el sistema ADAMS, en el que los atletas deben desear su paradero para ser localizados si las autoridades así lo requieren durante una hora todos los días.

Wilson Kipsang, el día que ganó el Maratón de Berlín de 2013 y estableció el récord del mundo. (Foto: AP)

Wilson Kipsang, el día que ganó el Maratón de Berlín de 2013 y estableció el récord del mundo. (Foto: AP)

Tres fallos en el período de un año, que pueden variar entre no ser contrario por las autoridades o dar información incompleta o errónea respecto a la ubicación, acarrean automáticamente una aprobación similar a un positivo. En el control correspondiente a mayo, el maratonista justificó su partida con un supuesto desnivel automovilístico y ofreció fotografías como prueba, pero se descubrió que las mismas databan de varios meses a posteriori.

Este año, la prestigiosa cautiverio alemana ZDF estimó que 60 atletas keniatas habían sido sancionados por violaciones a la regulación antidopaje en los últimos cinco primaveras, incluyendo a Jemimah Sumgong (ganadora del maratón soberbio en Río de Janeiro 2016), Rita Jeptoo (vencedora en Boston y en Chicago) y Asbel Kiprop, campeón soberbio de los 1.500 metros en 2008.

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Se tráfico, en definitiva, y pese a que ya con la primera aprobación sus representantes habían desencajado a remarcar que no se trataba de un positivo y que “no se encontraron sustancias prohibidas”, de otro duro contratiempo a la credibilidad de uno de los mejores maratonistas de la era contemporánea adentro y fuera de la pista.

¿Por qué otro contratiempo? Si aceptablemente no estuvo relacionado con el deporte, el postrer abril Kipsang fue detenido en la ciudad de Iten (La Meca del atletismo de fondo y medio fondo), en su país, por violar la cuarentena ​cercano a una veintena de personas.

Kipsang, en Londres. Allí también se coronó. (Foto: AFP)

Kipsang, en Londres. Allí además se coronó. (Foto: AFP)

No fue entonces el único deportista que se vio envuelto en problemas con la ley, ya que al menos una docena de atletas keniatas fueron arrestados por no respetar las disposiciones gubernamentales.  

Y esto mancha una reputación que además el atleta se había esmerado en construir al ganancia del ámbito en que asiduamente se desenvuelve porque, por un flanco, él mismo es policía. De hecho, trabajó tres primaveras como tal y fue representando a la fuerza que comenzó a competir en el atletismo regional, hasta que en 2007 se lanzó al profesionalismo.

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Además, a fuerza de su destacada trayectoria y de acciones como fertilizar la comida de las casi 40 personas que se entrenan y trabajan a la par suya, se ganó el respeto popular, se convirtió en un embajador deportivo de su país e incluso se animó a postularse para conseguir una banca en el parlamento keniata. Tiene un hotel y un ambigú en Iten.

El atletismo fue siempre su camino. Primero, por talento: en las competencias escolares, incluso sin una preparación intensa, era habitual verlo hacer podio en las carreras de 5.000 y 10.000 metros. Pero pese a su temprano inicio en la disciplina, durante muchos primaveras se trató más de un hobbie que de un sustento: recién comenzó a competir en serio a partir de los 20 primaveras y no corrió un maratón hasta que tuvo 28. 

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En su comienzo en la máxima distancia, en 2010 y en París, detuvo el cronómetro en 2h07m13 y se dio cuenta del potencial que tenía para dar batalla en esa prueba. En tan pronto como seis meses bajó las dos horas y cinco minutos y se metió entre los 25 más rápidos de la historia. Siempre lo hizo sin monitor fijo. Suele consultar a varios, pero se maneja solo.

Ahora su futuro está satisfecho de sombras y la soledad amenaza con acecharlo por las peores razones.

HS



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