Dal Poggetto: El riesgo es que el desequilibrio monetario encienda la mecha


Marina Dal Poggetto: El pico de la recesión entero se concentró en el II trimestre. En cuanto las cuarentenas se empiezan a alborotar, las economías rebotan, poco que no es muy difícil cuando se parte de niveles cercanos a cero. Claro que esto se va dando en forma solapada a medida que la curva de contagios se ameseta y a posteriori se desploma. China ya volvió a los niveles previos, en tanto en Europa y EE.UU. se observa un resurtida significativo de la actividad en relación al carretera de abril y mayo. Esta dinámica está rezagada en el mundo en ampliación donde el pico de los contagios siguió de desprendido y aún no alcanzó máximos. Las imágenes de “la normalidad” en los países que empiezan a inaugurar no es tan distinta de la que había antaño de la pandemia. También es cierto que sin vacuna que asegure la inmunización, el temor al hijuelo sigue estando recóndito y de hecho la propia OCDE hace proyecciones de crecimiento para la peculio entero en 2020 y 2021 con o sin “segunda ola”.

P: En esa futura normalidad, que aún no se sabe cómo será, ¿cree que será un mundo con más inflación o deflación?

M.D.P.: Es difícil pensar que haya una ascensión en la inflación entero en lo inmediato. La enorme inyección monetaria con bancos centrales comprando acciones y deuda de empresas evitó la deflación y sus consecuencias sistémicas. A mediano plazo no es tan evidente. Es probable veamos un cambio significativo en la dinámica en los precios relativos. A diferencia de los últimos 30 abriles, cuando la globalización derivó en una caída secular en el precio de los caudal, con servicios y commodities al ascenso (sobre todo durante los 2000), en el mundo que viene es esperable una dinámica opuesta: servicios abaratándose en términos relativos con el brinco en la productividad a partir del aumento obligado del teletrabajo, precios de los caudal encareciéndose en un mundo menos globalizado, y precios de commodities donde la capacidad para aumentar la ofrecimiento limita las subas. Una inflación más reincorporación ayudaría resolver el sobreendeudamiento de los países desarrollados, y ciertamente complicaría el escena para los emergentes.

P: En el caso de la Argentina, con recesión y cuarentena… ¿cómo visualiza el día a posteriori, ya que el Gobierno no podrá dejar de asistir a sectores formales e informales?.

M.D.P.: Con la envés a la período 1 en el AMBA la expectativa de que se sostenga el resurtida respecto al desplome de abril que reflejan con claridad los indicadores de movilidad de Google de mayo y junio, se diluye. La caída en el año va a ubicarse entre 11% y 13% dependiendo de cómo se vaya dando la salida de la nueva cuarentena. Si admisiblemente ésta es más laxa que la primera, no alcanza al interior del país y hay más sectores habilitados, lo cierto es que la capacidad para perseverar en pie a empresas “agotadas” a las que no se les habilitó la flexibilidad en sus costos mientras permanecen cerradas es cada vez viejo. La capacidad para transfigurar el resurtida técnico pospandemia en crecimiento, va a estar asociada en 2021 a la capacidad para estabilizar la demanda de pesos frente al shock monetario que transita la peculio en estos meses. Y esto va a acatar del desenlace de la clan de la deuda, de la capacidad para consolidar las cuentas fiscales, que este año cerrarían con un deuda primario entre 7% y 8% del PIB, de que se avance en un acuerdo con el FMI que descomprima los vencimientos que se concentran entre octubre 2021 y 2023, y de la capacidad de la política para coordinar la puja distributiva.

P: Suponga que cierra el año con estos números: ¿cómo se desata todo esto?, ¿cómo sigue?, porque el BCRA habrá acumulado galantería de deuda para asistir al Tesoro…

M.D.P.: El BCRA ya emitió $1,2 billones para financiar al Tesoro en lo que va de 2020 y resta una expulsión de al menos $2,5 billones adicionales hasta fin de año teniendo en cuenta el deuda proyectado, un rollover de los vencimientos de pesos cercano al 80% y el devengamiento de los pasivos remunerados del BCRA. Estos pesos que el BCRA está retirando con pasivos remunerados volverían a fin de año a los niveles de 2017, un 12% del PIB frente a los 4,5% del PIB en las elecciones de octubre pasado.

P: Sin incautación siguen las quejas por el relegamiento cambiario y la inflación reprimida…

M.D.P.: En la foto, y como contracara del ajuste violento que ya lleva dos abriles y medio los precios relativos están mucho más alineados. Claro que el adelanto cambiario convive con una brecha cambiaria muy reincorporación manejada con controles crecientes que generan incentivos perversos en la dinámica del sector extranjero, precios internos de los caudal contenidos por la política mientras los costos escalan, tarifas que empiezan a rezagarse de nuevo, y una puja distributiva de momento agazapada por la pandemia. Un firmeza muy delgado con aventura cierto de que el desequilibrio monetario encienda la mecha.

P: Hace mucho hincapié en la puja distributiva, es porque coincide que de esto se sale con el afamado Consejo Económico y Social (sobre todo por las reformas que hay que encarar).

M.D.P.: Sería una oportunidad. No sólo para apuntalar la estabilización de la peculio en el entorno del ordenamiento mencionado de la macro, sino para encarar la memorándum irresoluto de la competitividad sistémica que permita insertamos en el mundo que viene.

P: ¿Está la sociedad para dar ese debate?

M.D.P.: Nunca lo está, se requiere de liderazgos que en vez de avivar la abertura y echarle la delito al precedente encaren de una vez esta discusión. El zig zag permanente de la política que intenta dar señales internas a la coalición de Gobierno mientras negocia con los bonistas y deberá hacerlo con el FMI, no ayuda. Tampoco un Gobierno que intentó capitalizar el éxito auténtico en el manejo de la pandemia sin hacerse cargo y/o procurar distribuir los costos económicos asociados.

P: ¿Qué recitación hace de la negociación de la deuda externa?

M. D.P.: Sin golpe al financiamiento, Argentina estaba obligada a ir a una reestructuración con el sector privado. La no transición, y la aplazamiento una vez arranque la diligencia coetáneo descapitalizó al BCRA vía el uso de reservas para remunerar vencimientos. Vale memorar que sólo el 15% de los u$s30.000 millones que vencían en 2020 correspondían a deuda con carta extranjera. A siete meses de iniciado el Gobierno, casi dos del rechazo a la primera propuesta, el Gobierno sigue negociando. Ayer se anunció el acuerdo con uno de los tres grupos de bonistas y apuntan a romper el segundo. Pero si admisiblemente las diferencias se achicaron significativamente con un corrimiento de u$s13 respecto a los u$s40 de la ofrecimiento auténtico, todavía hay dudas sobre la capacidad de cerrar un acuerdo sin holdouts, sobre todo en los bonos del canje 2005/2010 que requieren mayorías mucho más altas que los globales.



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