Dólar a tasas bajas y soja en alza: ¿ayudará a Argentina?


Empiezan a percibirse señales de que la bienes mundial podría beneficiar al país, por la conjunción de bajas tasas de interés y otra suba de commodities

Siempre hay clan que elige ver la parte del vaso llena y no vacía, incluso en momentos de crisis cuando lo empachado ni siquiera llega a la porción y no hay muchos motivos para el optimismo. Pero lo cierto es que, con bajo perfil, hay intentos por reflotar la vieja consigna de que detrás de cada crisis hay una oportunidad.

Lo que se empieza a ver en el mercado es que para la Argentina, esa oportunidad puede estar dada por una posible ola de inflación en el mundo, una situación que están previendo muchos analistas, al observar los enormes niveles de deuda que están tomando los países desarrollados.

¿Por qué sería positivo para la Argentina que el mundo volviera a niveles altos de inflación y endeudamiento? El razonamiento es que eso implicaría bajas tasas reales de interés durante el período de recuperación de la pandemia. Traducido, eso implica fortuna apto a un costo no excesivamente detención para los mercados emergentes.

Pero adicionalmente, hay quienes, basándose en los historial históricos recientes, esperan un elevación en el precio de los commodities, especialmente de los alimentos. Ahora el nivel de los precios está deprimido, dada la caída en la demanda mundial, pero la recuperación implicará un elevación en el comercio, y si ese anciano pandeo se produce en un momento de divisas a la pérdida, su contraparte podría ser la de precios al elevación.

Y asimismo hay un argumento vinculado a la situación de «mal de muchos». En un mundo donde las reestructuraciones de deuda soberana pueden retornar a ser la tónica, la Argentina ya no sólo dejaría de ser una oveja negra de las finanzas, sino que hasta podrá aparecer con su problema resuelto y, por lo tanto, con posibilidad de obtener crédito– si es que finalmente Martín Guzmán llega a un acuerdo con los acreedores.

Ese punto, el de la superioridad de ser el primero en cerrar el tema deuda delante la posibilidad de que venga una ola de reestructuraciones, es permanente tema de descomposición tanto entre los funcionarios del Gobierno como entre operadores del mercado financiero.

«Los antecedentes históricos muestran que los países no quedan aislados para siempre del mundo financiero, así que Argentina tiene chances de volver relativamente rápido a tener acceso al crédito, y beneficiarse de la nueva situación internacional en la cual las bajas tasas de interés van a estar garantizadas», observa Eduardo Fracchia, director de bienes en el IAE de la Universidad Austral.

Y recuerda que, si el Gobierno logra un canje de su deuda, las condiciones del mundo post pandemia le resultarán favorables: «Según Jeffrey Sachs vamos a un escenario de 50 países que entren en reestructuración de la deuda, o sea que Argentina ya no aparece como la excepción negativa. Claro que tendrá que mostrar un plan consistente, pero la realidad es que en este contexto tampoco va a haber tanta exigencia respecto de un superávit fiscal, cuando todos los países están recurriendo al estímulo del gasto público».

Los optimistas no abundan, es cierto, pero ya se están viendo algunas señales positivas. Fue muy comentado un referencia del influyente tira de inversión Barclay’s, que prevé para el año próximo un válido rechazo de la bienes argentina, del orden de 9% del PBI.

También en los últimos días, hubo hechos positivos que destacaron en el mar de malas noticiario. Por ejemplo, que Arcor, una de las mayores exportadoras argentinas del rubro alimentos, haya obtenido financiamiento por $2.600 millones -una sigla cinco veces anciano que la prevista- mediante obligaciones negociables, a una tasa que se ubica por debajo de la inflación proyectada por el mercado. Y esto fue interpretado como una expectativa por la recuperación exportadora, para una empresa que viene de un movimiento película en 2019, consecuencia de la recesión y la devaluación.

Otras compañías, sobre todo ligadas al sector energético incluyendo a YPF– están asimismo consiguiendo respuesta benévolo del mercado para refinanciar sus deudas, de guisa de obtener mejores plazos de vencimientos mientras redefinen sus estrategias de negocios.

La expectativa del mercado es que la financiación del déficit lleva a una debilidad del dólar que pueda hacer subir las materias primas

La expectativa del mercado es que la financiación del obligación lleve a una política duradera de tasas bajas

El economista Salvador Di Stefano, influyente en el ámbito agropecuario, es uno de los que apuestan a un rechazo en las valuaciones de empresas argentinas si se cierra el canje de la deuda. Y se muestra convencido de que la bienes franquista se podrá beneficiar de un mundo con anciano inflación.

«Argentina debería cerrar el acuerdo con los bonistas lo más rápido posible, ya que un mundo con más tasa de inflación va a licuar nuestras deudas en forma rápida. Si hay inflación, las materias primas subirían de precio y sería más fácil repagar la deuda pública», argumenta.

Las ventajas de un mundo «argentinizado»

Lo cierto es que situaciones que ayer parecían prohibidas en el mundo desarrollado, hoy son moneda corriente. Por ejemplo, el Banco de Inglaterra acaba de anunciar que continuará inyectando fortuna en el mercado mediante la operación de activos financieros. Será una inyección por 100.000 millones de libras, hasta completar a fin de año una expansión de 740.000 millones.

Y los editorialistas del Financial Times, asiduamente abanderados de la disciplina monetaria y fiscal, no sólo no critican sino que afirman que es lo correcto para este momento y que el finalidad será una reducción en el costo del endeudamiento oficial.

«La magnitud de la actual crisis significa que incluso la financiación monetaria más directa, como la entrega de dinero en efectivo a la gente, debería seguir siendo una opción. El debate no debería centrarse en si puede haber financiación monetaria sino en mantener controlado el proceso mediante bancos centrales independientes», dice el Financial Times.

En ingenuidad, lo que los economistas están previendo que ocurra a nivel internacional no sonaría extraño a ningún argentino, porque se parece sobrado a lo históricamente se ha hecho aquí para corregir los grandes desajustes: devaluar y fundir las deudas y los déficits mediante la inflación.

La revista The Economist le dedicó un número al tema, con el título de «Tras la pandemia, la deuda». Recuerda que, en el primer mundo, la relación deuda/PBI pasó abruptamente de 105% a 122% y que hay altas chances de que vengan primaveras de suscripción inflación.

«La mayoría de los economistas están menos preocupados por el déficit que por la posibilidad de que, ante un temor irracional al gasto público, los gobiernos sean ‘demasiado tímidos’ y empujen la economía a un espiral recesivo por falta de apoyo fiscal», escribe la revista inglesa.

La consecuencia de esta situación, según empieza a ser el consenso mundial, es que vienen primaveras de suscripción inflación en el mundo desarrollado. Pero la condición para que esa inflación sea beneficiosa es que las tasas de interés deben seguir siendo bajas, porque es de esa forma que las deudas se van «licuando» con el pasar del tiempo.

En otras palabras, que se puede abandonarse en una era de crédito rebajado. The Economist lo puso en términos contundentes: «La buena noticia es que en los mercados financieros se percibe que las tasas de interés estarán confortablemente bajas durante décadas«.

Un toque de los ’70, ¿y otro de los 2000?

Claro que la situación no deja de ser ambigua. El influyente Kenneth Rogoff, ex economista director del Fondo Monetario Internacional, pronosticó «un toque de los años ‘70» para encuadrar al panorama que viene en la bienes mundial. Afirma que, por las posibles dificultades para reactivar los aparatos productivos, se tenderá a niveles más altos de inflación no solamente por problemas fiscales, sino por escasez en la propuesta de productos.

La sola mención de los ’70 resulta inquietante: fue en esa época que el mundo desarrollado, que venía de niveles de 3% de inflación anual, pasó a 13% tras la crisis del petróleo y se acuñó el término «estanflación». El correlato la inflación de dos dígitos en los países con moneda dura fue la arribada de la inflación de tres dígitos a países como la Argentina.

Por esos primaveras, los países desarrollados usaron poco conocido como «represión financiera», que consistía en forzar a los inversores a comprar bonos con tasas reales negativas. Funcionaba, en los hechos, como un impuesto, que en el caso de Estados Unidos llegó a 2% del PBI y en extremos como el de Japón al 7%.

Todavía no está tan claro que un tablas como el de los primaveras 70 se pueda replicar. Por lo pronto, nadie calma que el petróleo cuyos precios están sufriendo un desplome histórico- juegue el rol determinante a la hora de presionar subas de precios.

Pero en todo caso, lo que creen que los economistas es que aun si no hubiera la suficiente presión inflacionaria, los gobiernos se las ingeniarán para crearla, porque lo peor que puede sobrevenir en un momento como este es una deflación. «Mi instinto es que una anciano inflación va a ser necesaria para fundir parte de la deuda», afirma Maurice Obstfeld, asimismo un ex economista director del FMI.

Una mayor inflación global alienta expectativas de suba en los precios de productos agrícolas que exporta Argentina

Una anciano inflación mundial alienta expectativas de suba en los precios de productos agrícolas que exporta Argentina

Lo cierto es que mientras en el primer mundo se repasan las semejanzas y diferencias con los ’70, en Argentina se focaliza la atención en si se pueden deleitar las condiciones de los 2000. En ese momento, la confluencia de circunstancias extraordinarias llevaron al gran ciclo alcista de las commodities que le permitieron al país un crecimiento a «tasas chinas» sin la condición de realizar inversiones como las que hacen los chinos.

Básicamente, lo que ocurrió en aquel momento fue un debilidad del dólar por la inflación generada durante la dirección de George W. Bush, lo cual tuvo la contraparte de un elevación en el precio de materias primas. Además, se produjo el gran aumento de la demanda china por productos como soja. Y, para completar, hubo factores que aceleraron el proceso, como el hecho de que Estados Unidos en 2008 fomentó el uso del maíz como insumo del bioetanol, lo cual llevó a una caída en la propuesta de maíz para uso alimenticio y que la demanda de soja un sustituto del maíz- explotara.

¿Se puede repetir este tablas? Posiblemente no en los mismos términos, pero algunos de los factores parecen retornar. En Estados Unidos, con una relación deuda-PBI que llega al 250%, la probabilidad de un debilidad del dólar con la coherente elevación de las materias primas- no es una posibilidad descabellada.

Y, en lo que respecta a la demanda de productos como la soja, ya se están viendo señales tempranas de recomposición. Como destaca un referencia de la Fundación Mediterránea, el precio de la soja, que a fines de abril cotizaba en Brasil a u$s310, ya llegó al nivel de u$s353. Esto implica un precio similar al del año pasado, pero con el detalle de que ahora el mundo está sumido en una recesión.

El ejecutor que explica la suba es la demanda china. Lo cual pone una perspectiva interesante para Argentina en el sentido de que la tendencia se afirme a medida que el mundo vaya superando la pandemia.

En definitiva, mirando el mediano plazo no todo luce malo para la Argentina: inflación en el primer mundo, tasas de interés bajas, más demanda por alimentos, todo puede confluir en un tablas mundial que juegue a valenza. Como para reafirmar la vieja creencia de que el país puede salir delante con una buena cosecha.

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