¿EDESUR, otra Vicentin?: kirchnerismo presiona para estatizar


Los apagones del conurbano dieron sitio al incentivo de una «solución definitiva». Los intendentes lideran la movida y critican las ganancias del «tarifazo»

El kirchnerismo encontró un nuevo motivo de entusiasmo para recuperarse de la frustración que le provocó el revés político por la frustrada desposeimiento de Vicentin: ahora ve la oportunidad para la reestatización del servicio que desde hace 28 abriles brinda Edesur en la provincia de Buenos Aires, luego de la regañina de críticas por los apagones en el conurbano.

El tema es objeto de una ataque comunicacional, que tiene como voceros principales a los intendentes del conurbano y a figuras destacadas del kirchnerismo. En una típica argumento coordinada, hubo una coincidencia de publicaciones en las redes sociales y declaraciones en medios afines al kirchnerismo, planteando la obligación de la revocación de la osadía a la distribuidora eléctrica.

Bajo el «hashtag» #LaLuzEsUnDerecho, se sucedieron una ola de mensajes como el del intendende de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde: «Los intendentes, junto a nuestros vecinos y vecinas, estamos coordinando acciones en conjunto y exigimos que @OficialEdesur se haga cargo de su pésimo servicio. Tienen que invertir ya mismo en el sistema de energía eléctrica».

Y su colega de Quilmes, Mayra Mendoza, escribió: «Durante cuatro años @OficialEdesur ganó  sumas gigantescas por los tarifazos y negocios de @mauriciomacri. Nuestrxs vecinxs se endeudaron para pagar cuentas y cada vez hay más cortes. ¿Qué hicieron con la plata de la gente? Porque inversiones no hubo».

En el mismo tono se expresaron Jorge Ferraresi, de Avellaneda; Fernando Gray, de Esteban Echeverría; Mariano Cascallares, de Almirante Brown; y Andrés Watson, de Florencio Varela.

En declaraciones radiales, Gray indico que en su partido hay todos los días tres o cuatro barrios sin luz y que la empresa no da respuesta ni realiza inversiones. «Por eso pedimos la revocación de la concesión y que a Edesur le saquen el servicio», dijo el superior comunal.

También se sumaron al incentivo figuras de suspensión perfil en el universo K como la vicegobernadora Verónica Magario, el senador Mariano Recalde, la diputada Cecilia Moreau y Federico Otermín, presidente de la cámara de diputados porteño.

Cortes y pedido de «solución definitiva»

El tono de los reclamos no deja sitio a dudas: más que el pedido de prosperidad del servicio, lo que está en pinta es la estatización. Insaurralde habló de averiguar contiguo a sus colegas intendentes una «solución definitiva a los inconvenientes».

El hecho de que todos los mensajes hayan saliente casi al mismo tiempo, compartan el mismo hashtag, que adicionalmente se «arrobe» a la cuenta oficial de la empresa Edesur y que se repitan las mismas críticas al servicio y argumentos para pedir una intervención del Gobierno deja en evidencia que se prostitución de una táctica política coordinada.

La reiteración de cortes en el conurbano llevó al kirchnerismo a ver la oportunidad política de una estatización

La reiteración de cortes en el conurbano llevó al kirchnerismo a ver la oportunidad política de una estatización

En sinceridad, el primer paso había sido entregado el pasado la semana pasada, con una reunión que mantuvieron los intendentes con Guido Lorenzino, de la Defensoría del Pueblo porteño, que hizo un pedido formal al Ente Nacional de Regulación de Electricidad (ENRE) para que le sea revocada la concesión a Edesur, que arrastra problemas de infraestructura y que ahora vuelve a apreciar estrés financiero por el congelamiento tarifario.

El pedido se fundó en «los reiterados cortes de luz en diferentes municipios en los que opera y la sostenida desidia de inversión de la empresa para evitar estas interrupciones constantes en el suministro eléctrico».

Lorenzino dijo que el problema de los cortes afecta a millones de usuarios, a los que calificó como «rehenes» de la empresa. Y recalcó que Edesur «viene de tener ganancias siderales gracias a los tarifazos de los últimos años, pero ni con esa circunstancia realizó inversiones ni le da respuesta a los vecinos».

También el gobernante porteño, Axel Kicillof, se plegó a los reclamos y, aunque evitó mencionar explícitamente la posibilidad de una reestatización, dijo que «acompañaba» el planteo que los intendentes hicieron tras un avenencia con el interventor del ENRE, Federico Basualdo.

Un candidato ideal

Lo cierto es que Edesur aparece como un candidato ideal para una ataque de este tipo. Los reclamos por fallas en su servicio crecieron 70% respecto del año pasado, con el perjuicio de que en plena cuarentena todos los inconvenientes de un corte eléctrico se potencian.

Y la empresa no sólo no niega los problemas, sino que se ha generado una situación tensa con algunas intendencias como fue el caso de Quilmes, por ejemplo- porque responsabiliza a las comunas por problemas de infraestructura.

Para Edesur, la prosperidad en el servicio depende de «precondiciones necesarias, que caen bajo responsabilidad del municipio». Para colmo, en su comunicación oficial recordó que hay cuentas municipales impagas y que en el contexto de la cuarentena hay que extremar el uso responsable de la energía.

Desde el mes pasado, según datos de la Fundación para el Desarrollo Eléctrico (Fundelec), la demanda de energía en la zona del conurbano que debe cubrir Edesur se incrementó en un 5,5%, revirtiendo así el desplome que se había registrado en abril y mayo.

Esa suba se explica básicamente por motivos estacionales y tuvo como principal impulsor al sector residencial, entregado que la industria y el comercio continuaron con un bajo nivel de demanda. Esto implica que la perspectiva es de una veterano exigencia para el sistema eléctrico en la medida en que la cuarentena avance en su cronograma de flexibilización y se pongan otra vez en funcionamiento las empresas del conurbano.

Esa conjunción de factores marca la gran diferencia respecto de las otras iniciativas fallidas del kirchnerismo. Es difícil imaginar una marcha de masa indignada que salga a pedir por el respeto a la concesión del servicio de Edesur, de guisa que el aventura del «síndrome de Vicentin» -que tanto impactó al ahora compungido Alberto Fernández- parece bajo.

De todas formas, como para tener veterano seguridad al respecto, la dirección del kirchnerismo encargó encuestas que midieran la predisposición social a aceptar una reestatización de las empresas de servicios públicos, sobre todo en el radio de electricidad y gas.

Y en las semanas sucesivas hubo una serie de hechos que pusieron el foco crítico sobre los aumentos tarifarios ocurridos durante la trámite macrista y la persistencia de problemas de infraestructura en las redes.

Por caso, un noticia del ENRE difundido la semana pasada indica que «las tarifas resultantes de la revisión tarifaria integral no fueron ni justas, ni razonables ni transparentes, tanto desde el punto de vista de los ingresos reconocidos a las distribuidoras, como del proceso de aplicación de las mismas». 

Y recuerda que los propios funcionarios macristas debieron dar marcha antes frente a la evidencia de los problemas generados por la revisión.

«Aun bajo esta supuesta gradualidad, el aumento de las facturas entre los años 2015 y 2019 fue en promedio de 3.200% para usuarios residenciales, 1934% para comercios, 2.325% para pequeñas industrias y 1.872% para grandes industrias en términos nominales», agrega el noticia, que propone dar por incapaz todo el proceso de revisión tarifaria.

¿Edenor bueno y Edesur malo?

El Gobierno dio a entender que vendrá una nueva etapa de negociación, aunque lógicamente no habrá posibilidades de revisar las tarifas mientras dure la emergencia económica.

Hubo, sin secuestro, algunas diferencias sugestivas en el trato en dirección a Edesur controlada por el clase italiano Enel- respecto de las demás compañías. Fue poco que se evidenció con el séquito por teleconferencia- de Alberto Fernández en la inauguración de una planta generadora de Pampa Energía, en la asiento porteño de Marcos Paz.

El presidente no ahorró elogios para Marcelo Mindlin, el principal ejecutante y capitalista de Pampa, el clase compensador de Edenor.

Marcelo Mindlin, líder de Pampa Energía, recibió los elogios de Alberto Fernández, en contraste con las críticas que recibe Edesur

Marcelo Mindlin, líder de Pampa Energía, recibió los elogios de Alberto Fernández, en contraste con las críticas que recibe Edesur

Destacó la importancia de que el sistema energético esté en manos de argentinos «ganamos soberanía y autoabastecimiento»-, elogió la inversión de 350 millones de dólares que demandó la planta térmica y dijo que Mindlin había sido sensible al momento del país.

«Con Marcelo fue con uno de los primeros que hablé de la obligación de no aumentar tarifas en este momento y acompañó. Y así se construye la Argentina, asociando el renta manifiesto con el renta privado», había dicho el presidente, en un provocativo contraste entre Pampa Energía y la cerealera Vicentin.

El Presidente no mencionó a Edesur, pero asimismo fue evidente el contraste con esta compañía que tiene entre sus accionistas a Nicolás Caputo, el patrón amigo de Mauricio Macri.

Y no se prostitución de las únicas diferencias entre ambas distribuidoras. Las dos padecen por igual las limitaciones presupuestarias que les impone un congelamiento tarifario que lleva más de un año, pero mientras Edenor tuvo una provecho de $720 millones en el primer trimestre, Edesur tuvo números en rojo por $120 millones.

Para la distribuidora de la zona sur implica un punto de inflexión en su clan de balances positivos, ya que en 2019 había cerrado con una diferencia positiva de $1.732 millones. Y en sus últimas comunicaciones advirtió sobre la inevitabilidad de una caída en los niveles de inversión, como consecuencia de un cóctel explosivo: tarifas congeladas, costos en subida y una mora que alcanzó a la porción de los usuarios.

De hecho, el principal esfuerzo de comunicación pública de las eléctricas luego de la prohibición de corte del servicio por mora es la apelación: «Vos que podés, pagá la luz», destinado a los clientes siguen teniendo ingresos salariales.

Todo apunta a que Edesur quedó en la mira del kirchnerismo: sufre problemas de su servicio y no despierta simpatías en el manifiesto. Pero claro, no es una audacia tratable, porque al día ulterior de los festejos hay que hacerse cargo de una compañía que vuelve a tener problemas, y si los apagones persisten el Gobierno puede sufrir el «efecto boomerang».

No por casualidad, Cristina Kirchner siempre resistió las sugerencias que le hacían sus allegados en 2013, cuando colapsó el sistema eléctrico y se produjeron apagones masivos. Al menos, en aquella ocasión, al Gobierno le quedaba el consuelo del «relato»: se decía que los cortes eran consecuencia del acelerado crecimiento de la pertenencias, lo cual se reflejaba, por ejemplo, en la liquidación récord de aparatos de distinción acondicionado. Hoy, en cambio, el futuro luce menos prometedor.

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