El diario de Italia ’90: Cuando Alemania conoció al enemigo



«El era el único que nos podía sacar la Copa. Nosotros éramos mejores, claro. Pero había que ganar en la cancha». Lo contó el monitor Franz Beckenbauer, en una entrevista a la revista Kicker.bil

El Kaiser, quizá el mejor defensor de todos los tiempos, lo sabía de unos cuantos abriles antaño…

Se refería a Diego. Sabía que que el mejor. Por lo que había hecho en Nápoles, por ese pase fundamental a Jorge Burruchaga en la final del Azteca, en 1986, por esa envite con el tobillo hecho una pepón para dejar fuera a Brasil, ya en Turín, ya en 1990. Mago y dios tangible.

Lo narró el escritor mexicano Juan Villoro: «Figura de ópera, encontró su teatro ideal en Nápoles. Descendiente de los italianos que buscaron refugio en el sur del mundo; no jugó para la Italia de los diseñadores de boutique sino para los fogoneros que encontraron una forma redonda y barata de combatir el hambre con las pizzas. Con él al frente, el equipo albiceleste conquistó el Scudetto por primera vez en seis décadas. Una tarde, los nombres de los héroes en las calles napolitanas fueron tachados para ser sustituidos por el del único prócer que reconocía la grey: Maradona».

Cuentan los especialistas que la obsesión del Franz era ese Diez.​

-Que él no pase. Buchwald es todo suyo.​ Usted es el que nos hará superar el partido.

Cuentan que eso dijo uno de los mejores defensores de la historia.​

Y Buchwald fue por Diego. Todo el tiempo. No le dio paz. Lo buscó. Le pegó como le pegaban en la Serie A, el fútbol más rudo de ese tiempo. ​

​Fue astuto. Siempre al final para que el árbitro Edgardo Codesal no lo sancionara cachas. No. Nada de eso. El primer futbolista en ver la roja en una final de la Copa del Mundo fue un argentino: Pedro Monzón. Buchwald siguió dándole al crack de Fiorito. Que, claro, como siempre, siguió resistiendo.

​Codesal, más allá del penal de Roberto Sensini, quedó afectado para siempre. Desde Televisa a la BBC todavía le preguntan por ese partido. Por sus decisiones ajenas a cierta normalía. ¿Y el penal a Calderón? «El tipo estaba al lado. Eligió no cobrarlo», se lo contó a un periodista argentino el protagonista central en una tenebrosidad de Abu Dhabi, la renta de los Emiratos Arabes Unidos, en el contexto de un Mundial Juvenil. Codesal se hizo humo y rememoración y no dirigió más en el ámbito internacional.

​»La clave del partido fue una sola, más allá de lo que puedan decir del árbitro. Controlamos a Maradona», dijo Franz en la conferencia de prensa.

Quizá tenía razón.​



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