El futuro de Lionel Messi: qué dice su contrato con Barcelona y qué clubes sueñan con tentarlo


No dijo nadie. No puso el queja en el Gloria como en ocasiones recientes, siquiera se mostró frustrado como en otros tropiezos deportivos. Lionel Messi no habló. Las imágenes que quedan son con la ojeada al tierra, internamente de la cancha y en el vestuario. Escenas de una desolación personal pero más aún de un descalabro colectivo. La ceremonial de final del ciclo ya se la pegaron varias veces a un Barcelona que fue deshilachando en los últimos abriles aquella imagen soñada que construyó durante la era que comandó Pep Guardiola.

El preparador catalán no está desde hace tiempo y sus reemplazantes, de estilos variados, con carteles potentes o con los títulos de la casa, no lograron rearmar una estructura y soltar aquella época de victoria para inquirir un nuevo camino. No solo se fue Pep. No están Xavi, Iniesta, Puyol y tantos otras segundas guitarras que hoy tienen piezas centrales. Gerard Piqué, siempre audaz delante los micrófonos, se puso primero en la fila de la descongestión. Levantó la mano y ofreció su salida si es que eso podía ayudar al beneficio colectivo. ¿Y Messi?

Hay algunos datos concretos, muchas versiones y otro tanto de especulaciones. El reseña concreto está en su acuerdo, que vence en julio de 2021. El argentino pudo sobrevenir hecho uso de una cláusula de salida (tenía tiempo de avisarle al club hasta marzo de 2020) pero no lo hizo. De la misma forma, pudo haberse sentado a negociar la extensión de su vínculo en alguna de las oportunidades que lo buscó el presidente José Maria Bartomeu, deseoso de mostrarle al mundo la anhelada firma de Leo de por vida con el club.

Messi no le dio el antojo. No le dio la foto. Es más, le dio la espalda y lo dejó expuesto con sus declaraciones sobre el presente de un plantel que se refuerza mal y que, quedó en evidencia, no estaba a la importancia de poder animar la Liga de Campeones, el objetivo de todos.

¿Cómo es el acuerdo de Messi? Si proporcionadamente los números no fueron difundidos nunca, el acuerdo que Leo firmó en junio de 2017 estipulaba la posibilidad de rescindir cada 30 de junio. Según trascendió, la salida debía darse de popular acuerdo y con un beneficio de aviso previo hasta mayo que no dejara tecleando al club. “La relación se basa en la lealtad”, dicen. Y por eso le permitieron incluir una cláusula similar a la que hicieron uso Xavi, para irse a Qatar, o Iniesta para continuar su carrera en China.

Según recordó el diario El País, la última renovación de Messi demandó “seis reuniones presenciales y una infinidad de llamadas telefónicas». Y nunca se plasmó en una foto entre Leo y Bartomeu.

Recién en noviembre, cuatro meses más tarde en noviembre, el club mostró la rúbrica del rosarino. Mediante un comunicado sin muchos detalles, anunciaban nuevamente que el contrato del 10 era hasta 2021 y que la cláusula de rescisión pasaba de 250 millones (se había fijado en la quinta renovación del argentino en 2009) a 700. Aunque no precisaban en cuánto había aumentado su salario.

En España afirman que los próximos días y las decisiones que salgan de la reunión de Junta Directiva que se realizará el lunes tras la humillante eliminación de la Champions serán decisivas para empezar a dibujar el futuro de Messi.

En esa reunión, Bartomeu debería definir entre otras cosas en qué fecha se realizarán las elecciones presidenciales y quién es el reemplazante de Quique Setién, a quien le oficializarán su despido.

Mientras tanto, florecen los rumores. Que su padre compró una casa en Milán y el Inter va a ir a la carga tal como afirmó este sábado el ex presidente del club, Massimo Moratti. Que Pep Guardiola podría cobijarlo en el Manchester City junto a su amigo el Kun Agüero. Que el PSG podría ser la carta económica más seductora. Que asoma la MLS como una chance exótica de respiro para preparar la Copa del Mundo de Qatar, uno de sus últimos grandes desafíos. Que no desaparece el sueño de jugar en Newell’s…

Messi por ahora eligió el silencio. Su rostro, en el vestuario y en la cancha, lo dijo todo. El quiebre ya está dado. Los cambios serán inevitables, desde la cúpula dirigencial hasta el plantel, pasando por el cuerpo técnico. Resta saber qué elige hacer Leo en ese nuevo escenario que asoma. Si quiere ser parte de la reconstrucción o si opta por dar el salto hacia un desafío nuevo. Esa es la cuestión.

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