El método Simeone en 14 frases: pasión, rigor, identidad, constancia y lealtad


Diego Simeone es pura intensidad. Vive pensando fútbol todo el tiempo. Es capaz de estar sentado en un taberna de Madrid con algún amigo o algún colaborador y explicarle una putada que no salió perfectamente en un remoto partido contra Getafe. Se lo observa asimismo en cualquier entrenamiento de su Atlético o al borde del campo de encaje, en los expresiones del Vicente Calderón o en el nuevo estadio Metropolitano.

Se identifica con Marcelo Bielsa, con Alfio Basile, con Carlos Bilardo. Los elogia a los tres, tiene cosas de los tres. Pero el Cholo del cuchillo entre los dientes forjó su propio estilo, ese que lo llevó a refundar un club: el Atlético de Madrid. Desde su presentación, en diciembre de 2011, hay otra vida en ese club que parecía obligado a la derrota frecuente. Nada de eso: siete títulos, dos finales de Champions League, ocho temporadas seguidas en el podio de La Liga de España (la del coeficiente UEFA más parada), la que suelen dominar los dos equipos más ricos del mundo, con los dos planteles de anciano valencia de mercado. El Cholo -apodo heredado de las inferiores, por boca de Victorio Spinetto- hace lo de siempre: ofrece lucha da pelea.

Su discurso lo retrata:

“A los diez años el profesor de música de mi colegio me eligió como director de orquesta. Algo de líder me habrá visto, porque casi todos eran más grandes que yo”.

Simeone -con 50 abriles que su cuerpo y su cara desmienten- es un consagrado. Lo fue como futbolista y lo es como preparador. Pero sobre todas las cosas es un líder. Natural, sin vueltas. «O estás convencido o no estás», suele asegurar en las tantas charlas que viene sosteniendo con sus planteles desde hace casi una término.

Ese es uno de los grandes triunfos del Cholo: desde su superficie convertir a sus equipos en un liga de convencidos.

“Como jugador es fácil. Sólo piensas en ti. Después, si uno tiene cabeza, piensa también en el equipo. El entrenador tiene que pensar en todos, por el contrario”

Simeone piensa en todos y en todo. Está en cada detalle. Gestiona incluso más allá de la estricta función de preparador. Su relación con los jugadores no se deteriora si tienen que sentarse en el costado o están fuera de la cinta de convocados. Todos saben que es en nombre del equipo. Todos saben que tendrán su oportunidad y que no habrá caprichos.

Es un enemigo del espíritu de las polémicas internas. En el peor de los casos es él quien pone la cara en presencia de las quejas o las críticas.

“Prefiero jugar bien a jugar lindo”.

Al preparador que asimismo fue campeón con Estudiantes (en 2006) y con River (en 2008) y subcampeón con el club del que es hincha, Racing (en 2011) no le molestan las críticas por su supuesto afán defensivo. Explica siempre de qué se tráfico. Huye de ciertas convenciones vinculadas a la falsa contradicción: defensivos vs. ofensivos.

Pero no reniega de la relevancia de defender. No se oculta en palabras que le expíen la delito de meter a los merienda jugadores detrás de la límite de la pelota. «No siempre se juega a lo que se quiere; a veces hay que jugar a lo que se puede», sostiene.

“Hay que jugar cada partido como si fuera el último”

Para el Cholo todos los partidos son una final. Así de simple. Desde que empieza la semana hasta que termina el batalla. Se prepara para vencer siempre lo que viene. «Partido a partido», le gusta asegurar. Una suerte de «paso a paso» de Mostaza Merlo interpretación madrileña. Y eso transmite. No hay resquicio para cargar en la búsqueda del objetivo.

«El que no da todo no da nada», es otro de sus mensajes frecuentes en sus charlas de la semana en la Ciudad Deportiva de Majadahonda, donde el plantel se entrena en modo Simeone: con todo hasta el extremo de los sudores.

“El esfuerzo no se negocia. Ni tolero el conformismo. La pasividad está alejada de mí”.

Es permeable en presencia de alguna defecto técnica, algún gol errado, algún centro desprolijo, alguna salida a destiempo. «Todo eso puede pasar. Es fútbol y somos falibles». Pero hay una cuestión innegociable: el esfuerzo en nombre de lo colectivo. Nadie se salva solo en el Atlético.

Es una cooperativa de futbolistas (millonarios, eso sí) que sabe cuál es el camino a recorrer, que ese camino tendrá dificultades y que habrá tropiezos, y que hay que seguir hasta que ya no quede ausencia por entregar, hasta citarse infructifero por todo lo ofrecido. Así siempre. Así en cada partido.

“No rechazo nada. Veo mucho fútbol y leo sobre psicología. Si armaste el grupo, el equipo aparece mucho más fácil”

No cree en verdades absolutas. Considera que nadie tiene el librito de la verdad ni la fórmula de la conquista. No se sienta a escuchar elogios. Tampoco esos aplausos y ovaciones que todavía lo emocionan.

Lee de psicología, por ejemplo. Entiende que le sirve para mejorar él y hacer mejores a los demás, sobre todo a sus jugadores. El vínculo que establece, en la mayoría de los casos, se parece a un idilio. Ni los que están ni los que estuvieron hablan mal de él. Un cualidad muy parecido al de Bielsa, aunque con modos y estrategias diferentes.

“El sacrificio es la magia que transforma los éxitos en realidad”.

Cuando Koke y Saúl -dos emergentes de la cantera del club- van al asfalto y recuperan una pelota, luego de rasparse, Simeone celebra la ámbito como si se tratara de un gol. Cuando Angel Correa va y viene por cualquiera de las dos bandas, lo aplaude. Celebra el sacrificio.

Hay un ejemplo paradigmático que Simeone suele contar en las entrevistas. Cuando Diego Costa llegó al Atlético, no tenía superficie para ofrecerle. Arriba jugaban Adrián y Falcao. «Mirá no te voy a poner. No tengo lugar para vos. Pero quiero que te entrenes con nosotros que conozcas al grupo», le dijo escasamente arribado el brasileño nacionalizado gachupin. Lo vio entrenar. Era una máquina. No paraba. Hacía goles de todos lados. Pronto, Simeone lo llamó y le dijo: «Te ganaste el puesto. Vas a jugar». Y Diego Costa no defraudó. Ganó cinco de los siete títulos en la Era Simeone en los tres ciclos que tuvo en el club. Fue goleador y emblema.

En una conferencia de prensa, mientras Griezmann estaba en la mira del Barcelona, un periodista le preguntó:

-¿Griezmann fue el mejor refuerzo de su ciclo?

-Es un gran participante, nadie lo puede desmentir, pero el mejor fue Diego Costa.

“Disfruto ganando un título. Pero lo que ya se hizo se quedó atrás. El fútbol siempre es el mañana”.

Es el preparador mejor cuota del mundo (con 3,6 millones de euros). Pero ningún de esos billetes le devora la pasión. No le cambia la percepción, la búsqueda. Siempre quiere más. Y va por más. Festeja un rato la consagración, pero rápidamente ya está pensando en lo que viene.

«Bueno, muchachos, ya está. El jueves nos vemos en el entrenamiento». No hay refrigerio. La pasión lo empuja. Incluso más que las victorias.

“Mis padres me regalaban un fuerte para jugar y yo lo armaba como un partido de fútbol de indios contra soldados”

Lo llevaba en la cepa al fútbol. Soñaba brincar. Y jugó, ya desde pequeño en Vélez, en los seleccionados juveniles, en la anciano (ganó cuatro títulos en tiempos de Basile: dos Copas América, la Copa FIFA de las Confederaciones y la Artemio Franchi), pasó por el fútbol italiano, por el gachupin. Dejó buenos expresiones en todos los rincones.

Y así siguió su afán por el fútbol. En sus tiempos de participante, en su primera etapa en el Atlético, «a los 24 o 25 años», recuerda, tenía un cuaderno que utilizaba para imaginar y escribir modos de entrenamiento, cómo hacer una praxis, como mecanizar movimientos. Un obsesivo. Medio siglo de vida. Medio siglo de fútbol vivido.

Detalle rara: en aquel musculoso de indios contra soldados, seguramente eligió a los indios. Como un determinismo: Los Indios les dicen a los Atleticanos. Esos a los que Simeone llevó a la renombre con su liderazgo y astucia.

“De jugador no cambiaba la camiseta del Atleti, me tenían que dar dos, la mía valía más”

Orgulloso y competitivo, siempre supo adaptarse a cada dominio en el que se expresó como futbolista y como preparador. En el Atlético jugó entre 1994 y 1997, Fueron 123 partidos y 28 goles. En 1996, ganó el Doblete (Liga y Copa). Fue esencia en aquel equipo renombrado. Ese año fue preseleccionado al Balón de Oro, poco infrecuente para una FIFA que no suele celebrar a los mediocampistas combativos.

Quizá aquella comportamiento de no cambiar la camiseta (en la Selección, lo aprendió de Bilardo) tenía que ver con otro detalle: el corría y ofrecía el doble que casi todos sus rivales. Por eso reclamaba dos camisetas. 

“Luis estará orgulloso, este equipo es como él, valiente y luchador”

Luis es Aragonés, renombre imperecedera del club de los tiempos del Vicente Calderón, a orillas del río Manzanares. El Cholo siempre supo cómo presentarse al hincha. Con sus frases, recordando cracks, equipos, anécdotas; con sus arengas desde el borde del campo de encaje y con sus mensajes desde las conferencias de prensa.

-Somos el equipo del pueblo. Somos el equipo de la familia. Somos el que molesta.

Así asimismo construye eso que tan valioso considera: identidad.

“Creo en el orden antes que nada y por encima de todo. El orden es una manera de vivir en la cancha”

Orden, mecanización, prioridad del liga sobre la individualidad. «Es todos juntos o no es», les dijo a sus futbolistas en el inicio de la pretemporada de esta campaña 19/20. Y así, de ese modo, el protagonismo pretendido no decae. Más allá de que enfrente estén Real Madrid y Barcelona, el Atlético compite,compite y compite.

Siempre. Y en cada superficie.

“Escuchen bien. Quiero contarles por qué ganaron estos chicos el partido de ayer. Porque jugaron con el corazón de todos ustedes”.

La frase sucedió en la celebración tras la conquista de la Supercopa de Europa en presencia de Chelsea, en 2012. Otro modo de entender al Atlético del Cholo: hasta los hinchas están en el plan, Gratitud de un banda; reconocimiento del otro. La autoestima regresó a vestirse de rojiblanco.

Como dice el Himno del Centenario, una creación de Joaquín Sabina, uno de los hinchas más famosos del Atlético:

«Qué manera de aguantar/ qué manera de crecer/ qué manera de sentir/ qué manera de soñar/ qué manera de aprender/ qué manera de sufrir/ qué manera de palmar/ qué manera de vencer/ qué manera de vivir»,

 

“No me molesta que digan que somos un equipo molesto, queremos ser un equipo molesto”.

El equipo pesado jugará este jueves por los cuartos de final de la Champions League, en Lisboa frente al Leipzig, una de las revelaciones de la competición.

Habrá varias certezas más allá del resultado: veremos un Atlético del Cholo. El de siempre, el que pelea hasta el extremo de los suspiros, el intenso, el convencido, el que no se permite deslealtades con la entrega.

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