El Pato Gasparini, el 10 de la pegada infalible que le hizo ganar el Prode a Racing de Córdoba


Roberto Daniel Gasparini jugó toda la vida con la 10 en la espalda. Dueño de una pegada descomunal, era enganche cuando no existían los enganches. Idolo de ídolos del fútbol. En Córdoba tiene su dominio asegurado en el santuario de los cracks y hasta es dueño de tribuna que lleva su apodo y su nombre. Y, como si todo eso no alcanzara, el Pato es adicionalmente el hombre que le hizo vencer el Prode a un equipo de fútbol. A su propio equipo. Un hecho único en la historia del fútbol y de las apuestas deportivas en la Argentina. Y que no sólo obligó a cambiar las reglas del maniobra que supo ser pasión de los argentinos, sino que ya se transformó en una divisa que fue reconstruida en un documental.

La vida futbolera de Gasparini arrancó en Instituto, a donde lo llevó Santos Turza, un descubridor de talentos. Sin requisa, cuando estaba a punto de firmar para La Gloria, Racing de Nueva Italia, el rival de toda la vida, se «lo robó». Y allí comenzó su dispendioso y exitoso represión como profesional el Pato, que incluso desfiló con su elegancia por Rosario Central, Talleres, Estudiantes de Río Cuarto y incluso por España, Colombia y Mexico. Incluso se dio el complacencia de arriesgar para Selección Argentina​. Todo sin perder nunca nunca la tonada ni el humor cordobés.

Gasparini se siente orgulloso cuando ingresa al estadio Mario Kempes y ve la tribuna con su nombre. «Y es la que más capacidad tiene. Nunca soñé que la gente me votara para ese reconocimiento», aclara el Pato.

Roberto Pato Gasparini y el histórico Racing de Córdoba que fue subcampeón del Nacional de 1980.

Roberto Pato Gasparini y el histórico Racing de Córdoba que fue subcampeón del Nacional de 1980.

Gasparini hoy es un orgulloso papá y antepasado que no puede evitar sollozar cada vez que vuelve de España, donde residen sus hijos y sus nietos. «Con mi señora, cada vez que vamos allá, nos vamos con una sonrisa de oreja a oreja, pero cuando empieza a carretear el avión, nos abrazamos y lloramos como dos chicos. Es que sabemos que por un año no los vamos a ver. Menos mal que el año pasado estuvieron en Córdoba y festejamos el cumpleaños de mi esposa en Córdoba todos juntos, porque este año no sé si los voy a ver por la cuarentena. Ojalá que pronto haya vuelos para España», le cuenta a Clarín, en una charla íntima mientras cruza los dedos para que la pandemia del coronavirus dé un respiro.

El Pato nació el 5 de enero de 1958 en Córdoba renta. Y no todas fueron sonrisas en su vida, que quedó marcada a fuego desde el día en que su padre y su hermano murieron ahogados cuando fueron a pescar en el Dique Los Molinos. Sin requisa, valora que todavía disfruta de su mamá, aunque en estos tiempos de pandemia no le puede dar un estrujón y un beso.

Roberto Gasparini, en 2016.

Roberto Gasparini, en 2016.

En Córdoba todos los quieren y lo prueba cada vez que va a ver un partido de fútbol. «Voy a ver a Belgrano, Instituto y Talleres, todos me saludan. Nunca nadie me insultó en la calle. Yo nunca fui de cargar a nadie y por eso me respetan», reconoce Gasparini.

Es amigo del Coco Basile y del Negro Marchetta y siempre le gustó el estilo de maniobra de César Luis Menotti, quien lo convocó para arriesgar en la Selección. Ojo, era tan bueno que incluso lo citó Carlos Salvador Bilardo. Pero no era sencillo afianzarse con la celeste y blanca en aquella época. La 10 era propiedad indiscutida de un tal Diego Armando Maradona y en la Argentina, por entonces, cada equipo tenía un 10 que hoy tendría chances de Selección.

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¿Qué hizo el Pato Gasparini en la cancha para convertirse en tribuna? Integró el mejor Racing de Córdoba de la historia, aquel que fue subcampeón del Nacional de 1980 con Basile como DT y que se transformo en filfa gracias a aquella putada del Prode del primer fin de semana de mayo de 1984. En el medio estuvo una temporada en el Málaga de España. No tuvo mucha suerte. Volvió a Nueva Italia y más tarde partió a Junior de Barranquilla. De Colombia regresó a la Argentina para arriesgar en Rosario Central.

Allí, con el Canalla, formó parte del plantel que logró el hecho inédito de ascender a Primera y en la temporada posterior dar la reverso olímpica en la máxima categoría. Junto a Omar Palma, otro talentoso, el Pato fue una de las figuras del equipo que jugaba mucho bajo la bastoncillo de Angel Tulio Zof. De ahí se marchó a México. Necaxa, Tigres y Monterrey fueron sus hogares antiguamente de pegar otra vez la reverso para ponerse la 10 de Talleres de Córdoba y más tarde cerrar su carrera con un un puñado de partidos en Estudiantes de Río Cuarto. Siempre con la pelota bajo la suela. Con más de 200 goles convertidos y con la auge de infalible cada vez que ejecutaba un tiro desenvuelto cerca del ámbito rival.

Racing de Córdoba, ganador del Prode, se fue a festejar a una parrilla y llegó a la tapa de Clarín.

Racing de Córdoba, triunfador del Prode, se fue a festejar a una parrilla y llegó a la tapa de Clarín.

Fue ciertamente gracias a un tiro desenvuelto que el Pato Gasparini se convirtió en el protagonista de una de las historias más curiosas del fútbol argentino. Y eso que el fútbol argentino está repleto de curiosidades. Ocurrió la tinieblas del 6 de mayo de 1984 y todo está retratado en los archivos de los diarios y de las revistas deportivas de la época. Y incluso en un muy interesante documental que se ardor «Prode», que se estrenó en este 2020 y que recorre el mundo ganando premios sin privación de la ayuda del azar.

Esta es la historia que nunca se habría transformado en historia de no ser por la pegada de Gasparini. El Prode (Pronósticos Deportivos) era un maniobra de azar que fue inaugurado el 27 de febrero de 1972 con Francisco Paco Manrique, ministro de Bienestar Social del gobierno de facto de Agustín Lanusse, como ideólogo. Para vencer había que dar en el clavo 13 resultados del fin de semana dividido, generalmente, entre partidos de Primera División y del Ascenso. Casi todos conocen la historia de Mercedes Ramón Negrete, el primer triunfador, que se llevó un pozo por el equivalente a 30 millones de dólares y terminó perdiendo gran parte de su fortuna luego de una seguidilla de malas inversiones y de un divorcio que lo llevó a protagonizar un riña interminable.

El segundo triunfador de Prode más renombrado es aquel equipo de Racing de Córdoba que lideraba el Pato Gasparini. Motivados por el pozo vacante que alcanzaba el 1,7 millón de dólares -del mercado paralelo, el blue de los 80-, el plantel dirigido por Pedro Marchetta jugó una polímero, que incluyó dobles y triples -al tener más chances subía el valía de la apuesta- y, obviamente, la cruz en el triunfo de la Academia de Nueva Italia, que casualmente le había tocado arriesgar el final partido de la época en presencia de el entonces poderoso Ferro Carril Oeste de Carlos Timoteo Griguol.

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En plena concentración, a la prórroga del inicio del partido, el Pato no bajó a merendar porque sufría como esquizofrénico con aquella reto en la que ya sumaban 11 aciertos. Habían colocado igualada entre Atlanta y River. Faltaban pocos minutos y River perdía. «Lo grité como si fuera mío porque eso nos daba la posibilidad de llegar a los doce puntos. Bajé las escaleras del hotel como loco y nos abrazamos con algunos compañeros», recuerda Gasparini.

Y sigue: «La charla técnica del Negro Marchetta fue simple. Hoy tenemos que ganar, como salimos siempre. Pero no nos olvidemos del Prode y de los doce puntos», arengó el Negro. Pero el nerviosismo pudo más. Racing no jugaba carencia aceptablemente en aquella tinieblas. Hasta que apareció el Pato Gasparini, que mostró su ocultismo para dibujar un golazo que incluyó un sombrerito. Sin requisa, llegó el gol de Ferro gracias a una aparición de Héctor Cúper y el equipo sintió el chiste.

El igualada no alcanzaba. Hasta que el Pato volvió a frotar la lamparón a cinco minutos del final del partido. Tiro desenvuelto para Racing sobre la medialuna. La barrera del equipo de Caballito parecía impasable, pero Gasparini vio una hendija y le pegó al palo del portero. Golazo. Otro golazo. Y nadie entendía carencia. Hubo saltos, gritos, abrazos y más festejos impropios de un partido en el que solo se jugaban, como en aquella época, dos puntos. Los hinchas que habían poblado las tribunas del estadio de Instituto no sabían de qué se trataba tanta emoción.

Racing de Córdoba, ganador del Prode.

Racing de Córdoba, triunfador del Prode.

Marchetta no quería que nadie se enterara. Repetía una y otra vez: «Fue un triunfo del equipo. Por eso festejábamos». Hasta que Gasparini, en medio de la algarabía del vestuario, le confesó a este cronista: «Ganamos el Prode y te invitamos a cenar despues del partido». El corresponsal no pudo aceptar el convite porque tuvo que retornar a las apuradas a la agencia para escribir el comentario del partido. El plantel, mientras tanto, se fue a festejar con una comilona. Hasta brindaron con champaña. Cuando llegó la cuenta, abultada por cierto, la polla se hizo rápidamente y al que le faltaba el mango ni se lo ocurrió rezongar: «Mañana con la plata del Prode te la devuelvo», le decían al que cubría su parte

Sin requisa, hubo un detalle que los jugadores Racing de Córdoba. Hubo 94 ganadores y, con tantas divisiones, sumadas a las división entre el plantel, varios jugadores tuvieron que poner plata de su faltriquera para devolver lo que gastaron en la cena. Otros pudieron hacer algunos pequeños arreglitos en su casa… Pero no mucho más. Lo importante: la correr estaba cumplida. Y hubo más: el gobierno doméstico decretó que los equipos de fútbol no pudieran sospechar en el Prode. Ni siquiera haciéndolo a triunfador como lo hizo el equipo de Gasparini.

«Vivimos una noche inolvidable, pero el premio, al final, no sirvió para nada», sentencia el Pato. Y se despide con una carcajada.

Córdoba. Corresponsalía.



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