Elecciones en Francia: se vota pero usando tapaboca…


Desde París. 

Más de tres meses separan la primera dorso de las elecciones municipales celebradas el pasado 15 de marzo de la segunda dorso que se lleva a sitio este domingo. La cita con las urnas es infrecuente: es la primera dilema a gran escalera que se realiza en una democracia occidental desde el inicio de la pandemia; está precedida por el contexto de la crisis sanitaria y se cruza con otra crisis doble derivada de las consecuencias del coronavirus: la crisis económica y social que se va instalando poco a poco. 

Esta consulta atañe a 4.922 comunas y barrios, moviliza a 16 millones de electores, engloba al 13% de las municipalidades francesas y al 38% de la población. Entre estos datos se mueve la sombra de la pandemia y la clavo sobre los significados que sembraron en los electores los dos meses confinamiento. ¿El tan deseado “nuevo mundo” saldrá de las urnas o la sociedad persistirá en sus opciones de antiguamente ? Otras tres variables condicionan los resultados: la privación histórica de la primera dorso, 55,35 %, los porcentajes alentadores que consiguieron los ecologistas en la primera dorso y los pactos entre las listas de izquierda y los verdes que se fueron forjando a la sombra del confinamiento para romper en varias ciudades la bipolaridad de la dilema.

Todo es atípico, incluido el pasado: durante las elecciones municipales de 2014 el repudio al presidente socialista François Hollande era tan masivo que la derecha logró sacarle a la social democracia más de 140 ciudades con más de 10.000 habitantes. 2020 podría funcionar como una suerte de reequilibrio del plano electoral y regresar, así, a una cartografía política más coherente con las bases regionales de los partidos. El primer obstáculo de este domingo consiste en convencer a los electores de que acudan a las urnas. 

La campaña electoral se llevó a sitio de una forma poco usual, es aseverar, interrumpida entre la primera y la segunda dorso, luego condicionada por las medidas de distancia social y sin actos masivos de presencia ni trabajo calle a calle, puerta a puerta. Las medidas sanitarias impidieron los acercamientos y se optó por los llamados “mítines digitales”, las campañas temáticas en YouTube, telefonía móvil y un sinfín de ideas similares. Las encuestas de las consultoras no son ausencia alentadoras porque anticipan una privación similar o superior a la del pasado 15 de marzo. Ello, por consiguiente, volvería a falsear la efectividad del voto. 

Los candidatos se enfrentan a un país que desconocen y que, por consiguiente, siquiera figuraba como tal en las propuestas previas a la primera dorso. Hasta marzo había una Francia y, luego, surgió otra marcada por la emergencia económica y social. Ambas demandas condujeron a los candidatos a cambiar sus propuestas, a tomar en cuenta localmente las rupturas viralizadas por el covid-19 y a prestar más atención a las asociaciones de la sociedad civil que se movilizaron durante el confinamiento. En la aristocrática ciudad de Burdeos, donde se especula con una conquista ecologista luego de sobrevenir estado a lo espléndido de 75 primaveras gobernada por la derecha, el candidato verde, Pierre Hurmic, admite que “ni él ni los demás candidatos pudieron anticipar que la crisis sanitaria desembocaría en una crisis económica y social tan amplia”. 

El virus cambió profundamente la naturaleza de las plataformas electorales. Los candidatos concentran hoy sus argumentos en la elaboración de respuestas locales para atenuar los estragos de la pandemia. A modo de ejemplo, en varias ciudades se propone la extensión hasta finales de año de las disposiciones excepcionales que se tomaron a escalera franquista para apresurar la hacienda. Sin impresionar a poner de costado su temática central, incluso los ecologistas tuvieron que acomodar sus propuestas al desgana que se está formando y, de alguna forma, adaptar la dimensión ecológica a los imperativos de la crisis. La derecha antepone a la retórica ecologista su idea de que sus iniciativas representan un contraveneno porque los verdes esgrimen una suerte de “utopía contra la razón”.

La pandemia distorsiona muchas de las lecturas políticas que se puedan hacer de estas elecciones. Todo es simple y cotidianamente atípico. Hay grandes ciudades como Marsella, Lyon o Toulouse que podrían acontecer a ser administradas por los ecologistas gracias a la unión de sus listas con la izquierda alternativa. Otras como Burdeos donde la fuerza verde es tal que el partido Presidencial La República en Marcha se alió con los centristas y la derecha de Los Republicanos. En París, la Intendenta saliente, la socialista Anne Hidalgo, tiene, en las previsiones, la conquista garantizada con más de 45% de los votos. Su pacto con los ecologistas afianzó su posición de líder en representación de un Partido Socialista del que sólo quedan retazos.

 El partido de Jean-Luc Mélenchon (LFI), Francia Insumisa, ha mantenido un perfil más correctamente bajo y se proyecta con destino a otras consultas futuras de carácter franquista. La extrema derecha de Marine Le Pen (RN), Reagrupamiento Nacional, cuenta con sacarle de las manos a los socialistas un par de ciudades, ganarle a la derecha en una, Perpiñán, y expandir su escasa implantación circunscrito en las 120 comunas donde presenta candidatos. La extrema derecha rehúsa “nacionalizar” esta dilema y además opta por concentrarse en las grandes consultas. El partido presidencial se prepara a resultados adversos porque esa es un poco la deducción de las elecciones municipales, harto negativas para quienes están en el poder. 

Dividida y sin táctica convincente, la amplitud o la estrechez de los resultados de La República en Marcha dirá además poco sobre la consecuencia política de la pandemia y cómo Francia ha tribunal la trámite gubernativo. Para Los Republicanos del ex presidente Nicolas Sarkozy la dilema de este domingo tiene poco aliento: el partido está en ruinas y al punto que le quedan algunas joyas municipales que se empeña en conservar. El decano atractivo será ver hasta donde llega la dinámica que se puso en marcha en el curso de la pandemia en el seno de las corrientes progresistas y ecologistas. Ambas activaron muchos puentes, pactaron listas comunes con los y empezaron a edificar bases comunes que antiguamente no existían.

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