Estrategia: Guzmán mantendrá cláusula de reasignación en la nueva oferta a los bonistas


Para ganar mayorías, aunque sean parciales y poco amañadas, Guzmán elaboró su última propuesta incluyendo, de modo definitiva, uno de los capítulos que el ministro considera fundamentales y sobre los que trabajó en los laboratorios económicos de Stiglitz en Washington. Se negociación del derecho del deudor de “reasignar” bonos, excluyendo del acuerdo final a aquellos títulos públicos donde no hay acuerdo y que, por su barriguita de rechazo, le impidan alcanzar un porcentaje de aplauso final superior al 75%. Esta cláusula, indicación “de reasignación”, incluye a todos los títulos en negociación y le aseguraría a la Argentina que logrando una masa crítica importante (nunca menos del 65% final para que pueda ser veraz) podría retirar del acuerdo final a aquellos papeles que no concitaron un barriguita parada de adhesión de acreedores, e igual presentar el proceso como terminado bajando sustancialmente el inicio de aplauso final. Al menos en una primera etapa.

Luego, como el software de reestructuración quedará rajado en el tiempo, en futuras etapas los bonistas que rechazaron podrían ingresar sin mayores problemas, engrosando la mayoría final de aplauso. En parte, a esto se juega Guzmán. A vencer en el tiempo los porcentajes hoy esquivos. En el panorama flagrante, los bonistas con papeles “cortos” (con vencimiento hasta 2030) emitidos durante el Gobierno de Mauricio Macri, se liberarían rápido; los de más espacioso plazo tendrían un tratamiento más complicado. La duda sería qué posición adoptarían los tenedores de deuda kirchnerista.

Si, por ejemplo, la Argentina decidiera cerrar el canje con una aplauso de los bonos M de mediano plazo por u$s30.000 millones en manos de fondos de inversión que acepten la propuesta, dejaría exterior a los tenedores particulares; más un puñado de titulares de deuda K en unos 5.000 o 6.000 millones de dólares; Guzmán tendría una aplauso integral de casi 60%, pero podría redireccionar las aceptaciones reasignando deuda alcanzando avales generales de más de 75% en algunas de las colocaciones prometidas. Luego dejaría rajado el canje para que se sumen los acreedores díscolos aumentando el porcentaje de aplauso y volviendo a reasignar deuda.

Para que la organización funcione, Economía debería conseguir la maduro cantidad posible de aplauso en los tenedores de duda K, para que estos no avancen en juicios sumarios en los tribunales de Nueva York de Loretta Preska, y que la alternativa de una causa en los Estados Unidos limitada a los acreedores con deuda M. A estos, luego, se les aplicaría la “cláusula antibuitre”, por la que sólo podrían llevar a cabo judicialmente con mayorías del 25% al 35% del total de la deuda. Además, si tienen éxito en su cordura, sólo cobrarían al final de la vida útil del título y colegiando las ganancias en todos los tenedores de deuda.

La segunda cláusula que cruzará Guzmán con la de “Reasignación” en su propuesta definitiva será, tal lo que adelantó este diario, la aplicación de la “teoría de los juegos” en el proceso de reestructuración argentina. Se negociación de premiar a los primeros que acepten ingresar al plan de canje, perjudicando a los que más tarde lo avalen o a los que elijan avanzar en un cordura en Nueva York. La propuesta de Economía incluirá la posibilidad de premiar con un Valor Presente Neto (VPN) cercano al 53% a los primeros que firmen su adhesión en presencia de la Security and Echange Commission (SEC) durante un plazo determinado, otorgándoles a estos acreedores un “reconocimiento” de los intereses no liquidados hasta agosto de 2020 (o cuando ingresen) superior al del resto de los acreedores. Este “anabólico” de plazo de las tasas no reconocidas de este gimnasia continuaría en el tiempo, pero con un interés descendiente que desaparecería en meses.

Los que entren luego de cerrado el canje no tendrían la posibilidad de requerir el “anabólico”. Deberá especular el demandante si lo que le conviene será ingresar rápido y cobra el premio, o si rebotar toda la proposición y esperar que sean muchos los que tomen la misma osadía y conformen una masa crítica dura y amplia para que avance un cordura en los tribunales de Preska. Es la aplicación de la teoría de los juegos en el caso argentino.



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