Gatopardismo en Francia: más de lo mismo con el cam…


Desde París

La continuidad es el arte de no cambiar falta. El presidente francés, Emmanuel Macron, lo ejerció por segunda vez hoy: la primera a finales de la semana pasada cuando aceptó la renuncia del gobierno presidido por Edouard Philippe y nombró en su emplazamiento al conservador Jean Castex ; la segunda este lunes cuando su recién designado primer ministró presentó al nuevo gobierno. Nuevo por ciertos nombres y la aparición de algún conocido miembro de la sociedad civil. El resto es de una continuidad soporífera cuando, en efectividad, se esperaba la tantas veces prometida “reinvención” del jerarca del Estado en la recta final de su mandato

El Ejecutivo llevará al país y al presidente durante los últimos dos primaveras de su presidencia con los luceros puestos en las urnas de la reelección. El conservador Bruno Le Maire, en Economía y Finanzas, y el exsocialista Jean-Yves le Drian, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, se mantienen en sus puestos. Los cambios más visibles son el traspaso del ministro de Presupuesto, Gerard Darmain, al Ministerio de Interior, la designación, en el Ministerio de Justicia, de un híper mediático y explosivo abogado, Nicolas Dupont-Moretti, y la reintroducción en la empresa política de Roselyne Bachelot al frente del Ministerio de Cultura. Bachelot ya fue ministra de Nicolas Sarkozy y Jacques Chirac, dos presidentes de la derecha. La Señora desborda de simpatía, es muy popular, intervino de forma crítica pero no viciada durante la crisis provocada por la covid-19 y se la conoce como alguno que no tiene pelos en la argot. En una entrevista declaró su simpatía por el compositor italiano Giuseppe Verdi y dijo que “Verdi lo agarra a uno por las pelotas” (en 2013 escribió el obra Verdi amoureux).

El proclamación de Jean Castex y lo que siguió ahora habrá desencantado incluso a los miembros de su propia mayoría parlamentaria. Después de la ola verde de las elecciones municipales del pasado 28 de junio muchos esperaban que Macron se reinventara nombrando a un socialista o a otra persona que no estuviera marcada por la fórmula de derecha o centro derecha. El suspenso era tanto más auténtico cuanto que el mandatario había, como dicen los medios,” socializado” su presidencia por medio de una intervención masiva de las capacidades del Estado para financiar el desempleo producto de la pandemia (30 mil millones de euros). También activó planes de salvación para proteger a otros sectores fragilizados por la pandemia. Al final, Macron permaneció fiel a su zócalo electoral, el centro derecha. Pese a la crisis económica y social precipitada por el virus, el jerarca del Estado rehusó aumentar los impuestos o poner a contribución a los más ricos para aliviar el adeudo del 10% del PIB que dejaron las medidas urgentes tomadas bajo la presión del coronavirus.

De todas las figuras del antiguo aposento que ya no estarán saltó la más controvertida, doblemente detestada por la opinión pública más progre y la policía. Se proxenetismo del ahora ex ministro de Interior Christophe Castaner. Fue socialista para luego convertirse en un obediente macronista al que le tocaron tres hecatombes: la revuelta de los chalecos amarillos (2018-2019), la huelga por la reforma de las jubilaciones (2019) y, en 2020, las manifestaciones contra la violencia policial que se encendieron en Francia luego del homicidio, en Estados Unidos, de Georges Floyd. A Castaner lo repudiaban los manifestantes y al mismo tiempo la policía. No hay en este nuevo-viejo gobierno ninguna traducción de los resultados de la segunda dorso de las elecciones municipales, donde arrasaron las listas ecologistas en Lyon, Burdeos, Estrasburgo o Marsella. La nueva ministra de la Transición Ecológica, Barbara Pompili, es oriunda del partido que salió triunfal de la consulta municipal, Europa Ecología Los Verdes, pero su cargo de diputada lo obtuvo en una nómina del partido presidencial La República en marcha (LREM). 

Es, en suma, un gobierno de centro derecha dadivoso que no parece trazar ninguna de las revoluciones que prometió el jerarca del Estado a través de sus intervenciones públicas y sus mensajes en Twitter. En algún momento escribió “hay que dibujar un nuevo camino” y adaptar su software presidencial a “las convulsiones internacionales y a las crisis”. Francia ingresa ahora en tercer acto de la presidencia que Emmanuel Macron ganó en 2017. El primero se extendió desde su triunfo en las presidenciales hasta la crisis de los chalecos amarillos, 2018-2019. El segundo arrancó del ala de esa revuelta luego de que el presidente prometiera un “segundo acto” articulado en torno al dialogo y la concertación. El tercer acto es una desafío sobre una ruleta instalada en un barco que navega en plena tormenta. 



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