Juan Manuel Fangio, a 25 años de su muerte: tres velatorios y un funeral masivo en Balcarce


No se tiene miedo a la asesinato. La asesinato llega cuando tiene que arribar. Es corriente. Si nos diéramos cuenta de que un día no vamos a estar más, seríamos más buenos todos. Con toda seguridad».

Juan Manuel Fangio

El lunes 17 de julio de 1995, Balcarce se paralizó. Un silencio inundó sus calles. Desde Buenos Aires, llegaba la noticia de que Juan Manuel Fangio​ había muerto en el policlínica Mater Dei, donde llevaba tres días internado en la habitación 207. Un día luego, el 18 al mediodía, sus miles de habitantes salieron a la calle para despedir a su ídolo mayor.

«Nunca podré olvidarlo. Balcarce es una ciudad pequeña, un pueblo, y en aquella típica plaza argentina con árboles para resguardarse del sol, había 10 mil personas de pie, afuera, y llevamos a Fangio el presidente de Mercedes Benz, Stirling Moss, yo, Carlos Reutemann, González… Todos llevamos a Juan hasta su última morada. Primero desde su museo hasta su casa y luego manejando hasta el cementerio. Y había un completo silencio. Y, de repente… alguien empezó a aplaudir y todo el pueblo explotó en aplausos. Increíble. Por el amor que todos sentían por Fangio. Fue una gran emoción», recordó el ex piloto Jackie Stewart en el documental «Fangio, el hombre que domaba las máquinas» (Netflix).

La vitalidad de Juan Manuel Fangio venía deteriorándose desde hacía tres abriles. En 1992 se le extirpó un tumor benévolo en los riñones, pero arrancaron los problemas renales que se fueron agravando y lo obligaron a realizarse diálisis tres veces por semana.

Si admisiblemente en 1993 tuvo su postrero enfrentamiento con un utilitario de carreras, cuando se subió al Alfetta 159 para una competencia histórica de la Fórmula 1​ en Cerdeña, sufrió una afección intestinal por la que debió ser internado en Stuttgart. En su regreso al país, su situación no mejoró: pasó fin de año en el hospital, porque el 29 de diciembre fue trasladado a la Clínica Mater Dei a causa de una hipercalcemia en la cepa.

Arrancó 1994 en su casa de Palermo Viejo, alejado de sus actividades en la sucursal Mercedes Benz de la avenida del Libertador. También dejó de acontecer por Automotores Fangio de la avenida Montes de Oca y se rodeó de su clan y de sus amigos, entre ellos Stirling Moss, quien ese año viajó a Buenos Aires y lo vio con vida por última vez.

Asistido por dos enfermeras y su sobrina Ruth Fangio, en 1995 volvió a ser internado brevemente. Quizás en una especie de despedida, su cumpleaños número 84 lo compartió con su clan, pero menos de un mes luego, el 15 de julio, un estado gripal devenido en una pulmonía lo obligó a retornar al Mater Dei, donde finalmente falleció el lunes 17 de julio a las 4.10, producto de una pulmonía.

La muerte de Fangio, en el diario Clarín del 18 de julio de 1995.

La asesinato de Fangio, en el diario Clarín del 18 de julio de 1995.

Un funeral masivo con tres grandes despedidas

El velorio de Juan Manuel Fangio.
Foto: Archivo Clarín

El velorio de Juan Manuel Fangio.
Foto: Archivo Clarín

Los reportes periodísticos de la época cuentan que Juan Manuel Fangio no quería coronas de flores. No pudo evitarlas en Buenos Aires, donde aparecieron tanto en el Salón Blanco de la Casa Rosada​ como en el Automóvil Club Argentino, los lugares en los que se sucedieron sus velorios. En cambio, en su Museo de Balcarce, donde fue despedido antiguamente de ser llevado al cementerio, el Mercedes Benz con el que fue campeón del mundo ocupó el oportunidad en el que habría habido flores.

Aquella mañana del 17, al enterarse de la informe, el presidente Carlos Menem​ pidió que el velorio sea inicialmente en la Casa de Gobierno. Rubén y Carmen, los hermanos menores del Chueco, no se separaron del féretro, al igual que Ruth. Y desde las 14 se permitió el ingreso del conocido en grupos de 50 personas.

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El desfile fue incesante durante las cuatro horas que duró el velorio allí, antiguamente de ser trasladado a la sede del ACA en avenida Del Libertador, por donde pasó hasta el presidente de Italia, Luigi Scalfaro, quien casualmente se encontraba en el país. También dejó su huella Arnold Rodríguez y sus compañeros del Movimiento 26 de julio, quienes habían secuestrado a Fangio el 23 de febrero de 1958, con una corona en memoria al «más grande».

Los restos de Fangio llegaron a Balcarce el martes 18, a las 11.55, en un Fokker F-17 de la Fuerza Aérea Argentina que aterrizó en la pista de tierra del Aero Club Balcarce. Según la crónica que Martín Urruty escribió ese día en Clarín, allí lo aguardaban 250 personas, que se multiplicaron en los alrededores del Museo Juan Manuel Fangio, donde se instaló la capilla fervoroso. En ese repaso de menos de media hora, el Fairlane triste que trasladó el féretro fue saludado por campesinos, chicos en las puertas de los colegios y automovilistas que hicieron rugir sus motores.

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«Vine a esta ciudad a darle mis respetos al mejor piloto de todos los tiempos y al deportista que mejor ha representado a su país de todos los que he conocido», reflexionó Jackie Stewart, campeón de la F1 en 1969, 1971 y 1973, cuando pisó Balcarce. «Fue el más grande», alcanzó a aseverar Stirling Moss, subcampeón de Fangio en 1955, 1956 y 1957, adicionalmente de destacar que el Chueco fue para él «como un padre, una persona con enorme humildad, que se caracterizaba por su noble forma de ser y por su generosidad». Juntos se habían tomado un avión en Inglaterra para arribar a la despedida de Fangio y volverse inmediatamente luego.

Los pilotos argentinos José Froilán González, Carlos Reutemann, Gastón Perkins y Marcos Ciani los rodearon y acompañaron en esa dolorosa despedida, al igual que las 1.200 personas que se ubicaron en los pisos superiores del museo y las miles que aguardaban exterior, a lo derrochador del repaso del cortejo fúnebre y en el panteón Loreto Fangio del cementerio de Balcarce.

El funeral de Fangio en Balcarce en la crónica de Clarín del 19 de julio de 1995.

El funeral de Fangio en Balcarce en la crónica de Clarín del 19 de julio de 1995.

«Luego lo llevamos hasta su última morada del cementerio. Y me tomé el avión de vuelta ese mismo día. Fue un día intenso -recordó Stewart en el documental-. Fue el hombre más grande que tuvo el automovilismo​, porque tenía dignidad, tenía estilo y no había nadie en todo el mundo que no conociera su nombre. No era Juan Fangio, simplemente era Fangio. Y con eso bastaba: era la llave para abrir cualquier puerta».

En el adiós final frente al panteón, las últimas palabras las dieron Werner Lechner, por la Empresa Daimler-Benz de Stuttgart, y el ingeniero Luis Barragán, por la Fundación Juan Manuel Fangio. «Eran las 17. Fangio descansaba en la paz que merecía», finalizó Urruty su crónica.

HS



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