Kicillof, entre el asambleísmo policial y las teorías conspirativas


Kicillof debe confrontar el cara de insubordinación en coincidencia con la crisis de las tomas de terrenos. Cristina Kirchner se alinea con su protegido

Si poco le faltaba al país para exhibir un subdesarrollo africano era el estado de asamblea en el corazón de la inseguridad en la provincia de Buenos Aires: la desidia de colaboración o huelga de la policía, organismo que -se supone- debe atenuar o disipar uno de los mayores azotes que reconoce la sociedad. Y al publicidad por mayores ingresos, se le añadieron otras complicaciones inesperadas. Por ejemplo, el autoridad Axel Kicillof advirtió por «una mano negra» política que acompañaba la protesta policial que el fin de semana pasado amaneció como una reivindicación salarial y, luego, por otra parte de propagarse por todo el distrito, amenaza convertirse en un reguero de demandas en todo el resto de la nación. En menos de 72 horas, se alumbró un inesperado estado de asamblea que hasta debe sobrevenir confundido a los delincuentes. Por el momento.

Con un facilismo característico, en forma casi general se recordó el ataque psicótico que confesó sobrevenir padecido Eduardo Duhalde cuando, en su oficio de oráculo, pronosticó el aparición de un patada de Estado en la Argentina. Hace 15 días casi nada. Nadie, por lo tanto, quiere creer en las casualidades. Mas fantasías se pueden imaginar cuando trascienda que el ex Presidente se fue el sábado pasado a Punta del Este en el avión de un banquero cuyo exposición patrón estuvo siempre combinado al Grupo Clarín. Una tentación, entonces, asociar la «mano negra» a ese alejamiento en la costa uruguaya, podrían escribirse libros sobre conspiraciones. Obvio: Kicillof no aludía al personaje ni al delirio la naturaleza de su enunciación de la mano negra. Por más de una razón.

Primero, adecuado a que en su extremo coincidencia -un mes, aproximadamente atrás- el autoridad le había prometido a Duhalde algún tipo de colaboración para el Movimiento Productivo que se sostiene con ayudas oficiales sin importar el origen de los gobiernos (todavía hay escasas asistencias privadas). En ese plano, vía el asesor Torello, la Administración Macri fue módica, igual que algunos gremios, pero suficiente. En cambio, Kicilloff no pudo garantizarle otro pedido: la transigencia de una canilla para que el ex mandatario pudiera disponer de un avión y recorriese el país, como un comerciante de un tónico capilar, para explicar la conveniencia de un acuerdo económico-social con la billete de todas las provincias y la congratulación papal. Por entonces, Duhalde ya se había mudado de domicilio, se fue a un sección de la calle Ramón Falcón en la Capital. Su esposa Chiche, y parte de su clan, compartieron la osadía: mejor acullá para evitar que, entre tantos movimientos, pudiera transigir el virus a su casa. Es una lectura, plausible.

Después de sus declaraciones sobre el patada de Estado, y el conjunto explicativo sobre un instante de cierta demencia -recordar que todavía suena plausible, ya que Facundo Manes lo proxenetismo desde hace primaveras por esos disturbios en la cabeza-, Chiche lo albergó de nuevo en la casa del country al tiempo que ella renunciaba a la Comisión del Hambre que integraba con Tinelli, la esposa de Noble (Grupo Clarin) y la más admirada de las mujeres con las cuales Alberto Fernández se ha rodeado: Vilma Ibarra. No duró el paradero flamante de Duhalde. Intimidades párrafo, decidió esfumarse a Punta del Este, donde le prestaron un sección, tiene algunos amigos refugiados y jugará a las cartas, pasión que comparte con Mauricio Macri, aunque uno se ejercita en el póker y el otro con el bridge. No podrá, aunque lo deseaba, entrevistar al Presidente Lacalle Pou: el uruguayo intenta evitar que se sumen nuevos e innecesarios conflictos con su colega argentino a pesar de que entreambos hablan seguido y en buenos términos.

La protesta policial, epicentro de la crisis del gobierno

La protesta policial, epicentro de la crisis del gobierno

El negociador Berni

Si se despeja lo de Duhalde como hacedor de la «mano negra», quedan otras observaciones para el asambleísmo de la policía porteño en demanda de mayores posibles para su subsistencia. Nadie cree que la competición, sea el radicalismo o el PRO, dispongan de influencia para socavar la estabilidad de la provincia, siempre y cuando se admita cierta penetración política en la protesta, lo cual resulta asaz dudoso adecuado a que los ingresos de los agentes son menores a los que perciben ciertos planeros que no trabajan (38 mil contra 40 mil) y en muchos casos son obligados a realizar adicionales, por las cuales les pagan 40 pesos la hora. Ni policía doméstica.

Esa efectividad y cierta confrontación de pobres contra pobres fue advertida por el autoridad: reconoció un incremento salarial a discutir encajado cuando Alberto Fernández había publicitado un plan de seguridad (más patrulleros, más aprovisionamiento, pedido de gendarmes, sector hoy todavía con reclamos). Sin bloqueo, se hizo ardua, poco silenciosa y perentoria la negociación, el epicentro inclusive se puede desplazar al interior y a otros rubros (los judiciales prometen «desconectarse» este jueves), mientras la Policía Federal como la Gendarmería se abstuvieron de cubrir ausencias eventuales de sus colegas bonaerenses.

Resulta claro que el nudo político del conflicto a resolver pasa por un personaje, Sergio Berni, única suerte del oficialismo que ha crecido en los últimos meses. Ahora le toca explicar el asambleísmo policial que lo afecta, engendro no habitual, peligroso, y del cual parece el mayor responsable. Como es un hombre que disfruta de la verticalidad por su carrera marcial, suele remitirse a la Vicepresidente Cristina, casi autónomo de otras referencias. De ahí que parezca un objetivo político, al beneficio de la efectividad económica que atraviesa el sector policial.

Junto a este proceso que pocos habían previsto, soterrado, se acopla el drama de las tomas de tierras, las diferencias entre funcionarios (entre Berni y la ministra Frederic, de cambiante opinión al respecto) y las denuncias del médico-militar cuestionado sobre las prebendas y negocios de los grupos sociales que impulsan las tomas. Hasta la cínica distinción semántica que el filólogo Grabois realizó sobre el tema: no hay que confundir, dijo, entre ocupaciones y usurpaciones. No son lo mismo, afirmo.

La equidad todavía ha participado de este enjuague: al principio dudó entre indagar o no rectitud a los okupas, más admisiblemente los consideraba inquilinos para no ser expulsados y, por extremo, terminó ordenando el desalojo de unas hectáreas en Guernica que algún propietario había destinado para construir un extrarradio privado. Nadie sabe quién se hará cargo de ese dispersión.

Sergio Berni,blanco de las críticas, mantiene el verticalismo con Cristina Kirchner

Cristina se despega de las tomas

Importa consignar dos hechos complementarios o fundamentales a esta crisis. Cristina de Kirchner, en claro intento por afirmar el poder de Kicillof en Buenos Aires, instruyó para que no haya más tomas de tierras en la provincia, en opuesto disenso a muchos que la rodean y a quienes empujaban las confiscaciones como si fuera un mandato de ella.

Se quitó ese sayo Cristina, privilegió el «orden» -casi copiando al normal cuando enfrento a sus disolventes en los 70- en emplazamiento del silencio ambiguo que hasta ese momento manifestaba. Como si hubiera despabilado, pegado con muchos intendentes, que los episodios de desposeimiento apuntaban contra su propia dirección en la provincia.

Ahora siquiera debe querer sumar a esa situación el descalabro policial que retumba sobre Berni, su otro hombre de confianza en el distrito que más le importa. Justo el funcionario que, a través de cierta excentricidad y disponibilidad en medios de comunicación, planteó en presencia de encargados municipales y conocido en normal que lo respetaba a Alberto Fernández como Presidente, pero que él obedecía en exclusividad a Cristina (se le pueden añadir connotaciones y tonos a estas manifestaciones). De acuerdo a esos pronunciamientos, una sola es la centralidad, lo demás es periférico. Hoy, sin bloqueo, como toda su orientación troncal, está touché, nominado. Aunque su carta astral, quizás sea renacer de las cenizas, como dice el Presidente que le aseguraron a su destino.



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