La epopeya que no fue –


Alemania ya había vencido a la Argentina en los mundiales de 1958, 1990, 2006 y 2010.

Alemania ya roncha vencido a la Argentina en los mundiales de 1958, 1990, 2006 y 2010.

«Lo que te perdiste, Pipita», «¡Penal referí!, «Palacio, era por debajo», «¿por qué no nos salva Messi?», y los etcéteras de la argentinidad contrariada: hace seis años el gol del alemán Mario Götze sellaba la derrota inexorable y se esfumaba el sueño de una epopeya en el Maracaná de Río de Janeiro para ganar el Mundial Brasil 2014.

Es cierto que el adversario era poderoso y que, salvo en la final de México en los Mundiales, había provocado uno cuantos dolores de cabeza: en 1958, 1990, 2006, 2010.

Y también que se perfilaba como un claro favorito después de dejar en el camino a Francia y propinar a Brasil la caída más holgada de su historia con el inusitado 7-1 en el Mineirao de Belo Horizonte.

Tan lejos en los papeles y tan cerca en el partido mismo: de menos a más en la estructura defensiva y en el indicador de la solidez, la Selección de Alejandro Sabella se plantó de igual a igual hasta el punto de forzar vacilaciones defensivas en Alemania y quedar varias veces en posición de convertir.

Claro que así en la vida como en el fútbol, el destino depende en grado sumo del sentido de la oportunidad: de subirse o no subirse a un tren. Y los trenes pasaron, una, dos, tres veces, pero Argentina no supo ni pudo subirse.

¿Fue penal contra Higuaín?

Fue penal contra Higuan?

Primero el despiste de Jerome Boateng y Matt Hummels y la definición a ciegas de Gonzalo Higuaín, posteriormente el clásico zurdazo cruzado de Lionel Messi que tantas veces había entrado unido al palo, pero esta vez no, tras cobrar de Lucas Biglia, la pelota pasó cerca; y por zaguero la autorización de Marcos Rojo a Rodrigo Palacio que terminó con un híbrido que tal vez haya pretendido ser emboquillada. «Era por abajo, Palacio», cristalizó el discurso popular del fútbol argentino.

Sin contar la que será una eternamente discutible ratificación del árbitro italiano Nicola Rizzoli, cuando Manuel Neuer salió de forma temeraria a disputar la pelota con Higuaín, lo golpeó con la rodilla en el rostro y sin incautación fue el punta el penado con infracción.

«El fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana Alemania», había sabido sentenciar Gary Lineker.

Aunque el aserto del célebre goleador inglés era más ocurrente que efectivo no dejaba de reverberar una historia escrita muchas veces por selecciones alemanas mejores o peores, pero siempre templadas, disciplinadas y contundentes como la que el 13 de julio de 2014 venció a la de Argentina en el Maracaná.

Los alemanes festejan el gol de Gotze.

Los alemanes festejan el gol de Gotze.

Götze, hoy un deportista de exclusión para el Borussia Dortmund de su país, había entrado a los 43 minutos de la segunda etapa en sustitución de Miroslav Klose y a mínimo más que siete de los presumidos penales bajó la pelota de pecho y con una voleo de siniestra doblegó a Sergio Romero.

Una curiosidad añadida, en secreto de ironía, reside en que la maniobra previa al gol teutón la había concebido André Schürrle, que había entrado en reemplazo de Christoph Kramer, quien a su vez había sido incluido unos minutos antaño de despuntar la final a manera de una magulladura de Sami Khedira en el calentamiento previo.

«El dolor es inmenso y va a ser de por vida», declaró Mascherano, entre lágrimas, azar en el rol de portavoz de millones y millones de sus compatriotas.

"El dolor es inmenso y va a ser de por vida", declaró Mascherano en el rol de portavoz de millones y millones de sus compatriotas.

«El dolor es inmenso y va a ser de por vida», declar Mascherano en el rol de portavoz de millones y millones de sus compatriotas.

Para entrar a esa final, una de las cinco jugadas por Argentina en los Mundiales, habían inconcluso cinco triunfos (2-1 a Bosnia y Herzegovina, 1-0 a Irán, 3-2 a Nigeria, 1-0 a Suiza y Bélgica), más un igualada con sabor a deleite frente a Holanda, el día que al mango de 0-0 el apóstol «Chiquito» Romero brilló en los penales y se convirtió en héroe, como le había vaticinado Mascherano en la arenga previa.

En la triste tarde de la que hoy se cumplen seis primaveras, en el partido cuya repetición Sabella quia se atrevió a ver, la Selección Nacional alistó a Romero; Pablo Zabaleta, Martín Demichelis, Ezequiel Garay y Marcos Rojo; Enzo Pérez (Fernando Gago), Javier Mascherano y Lucas Biglia; Ezequiel Lavezzi (Sergio Agüero), Lionel Messi y Gonzalo Higuaín (Rodrigo Palacio).



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