La pandemia visibilizó debilidades y fortalezas de los sistemas educativos en América Latina –


El tema del seminario fue "La priorización curricular en el contexto de la respuesta a la Covid-19, desafíos y oportunidades"

El tema del seminario fue «La priorizacin curricular en el contexto de la respuesta a la Covid-19, desafos y oportunidades»

La priorización y el ajuste curricular, la recuperación de los aprendizajes y las dificultades, como incluso las experiencias adquiridas durante la cuarentena por el coronavirus, son algunos de los temas abarcados hoy durante el 16to. seminario posible, promovido por Unicef y Unesco, dirigido a profesionales de los ministerios de Educación, actores esencia en la reapertura de escuelas y del sector humanitario y educativo en universal.

El seminario, que tuvo por tema «La priorización curricular en el contexto de la respuesta a la Covid-19, desafíos y oportunidades» contó con la décimo de Ruth Custode, doble en educación de emergencia de Unicef Latinoamérica y el Caribe y de los representantes de las carteras de educación de Venezuela, Rosangela Orozco; de Chile, María Jesús Honorato; de México, José Luis Gutiérrez Espíndola y de Uruguay, Selva Pérez.

Lo que nos enseñó esta emergencia es que “no estábamos preparados” en cómo objetar a una emergencia por desastre, inundación, u otras, dijo Custode.

“Nos dimos cuenta también -continuó la especialista en educación de emergencia- que la misma receta no aplica a todos, definitivamente tenemos que tener diferentes recetas para poder garantizar el derecho a educación, que es un derecho igual que el derecho a la vida, igual que el derecho a la salud y es un derecho que se tiene que respetar y se tiene que cumplir en ese mismo nivel”, agregó.

Los expositores enumeraron varias de las doctrina y experiencias que dejó la pandemia.

Entre ellas, destacaron que «algunas cosas que considerábamos un privilegio deberían ser un derecho, por ejemplo, la conectividad, el acceso a las metodologías y a los métodos».

Los educadores incluso señalaron que los sistemas educativos latinoamericanos “son resilientes” y “fuertes”, porque de alguna forma todos buscaron la forma de conmover y si, muchas veces esto no fue posible, fue por otras cuestiones ajenas a ellos.

La integridad del sector educativo con los otros sectores fue incluso mencionada como una experiencia positiva. Al igual que el uso de las tecnologías.

“Nuestros educadores tal vez al inicio de la crisis, le tenían mucho miedo a las tecnologías de información, pero aprendimos que podemos capacitar a estos maestros y que realmente pueden usar esas herramientas y apoyarse en ellas”, manifestó Custode.

Se rescató por otra parte como valiosa “la responsabilidad compartida entre padres, educadores y comunidades”.

“La crisis permitió visibilizar que la educación es importante y una de las grandes lecciones también es que se ha valorado la labor del docente, los padres vieron que la escuela va más allá, que el docente no solamente da clases, que la escuela no es solamente un espacio donde el niño va y recibe su clase», concluyó la representante de Unicef y alentó a conservar este aprendizaje después de la pandemia.

Sobre las condiciones para el regreso a las aulas, Gutiérrez Espíndola contó la experiencia de México en dónde desarrollaron lineamientos, protocolos y guías a fin de dar medidas para garantizar a salud, reorganizar la gestión escolar para organizar el trabajo pedagógico y recuperar aprendizajes y acciones para prevenir el abandono escolar

Gutiérrez explicó que “aún con regreso presencial, habrá menos tiempo disponible, ya que la adopción de medidas sanitarias, el tiempo dedicado al refuerzo de aprendizajes, la asistencia alternada por días y el cierre de algunas escuelas por posibles rebrotes, obligará a la priorización de los aprendizajes fundamentales y a la “compactación” de temas, a formas de enseñanza globalizadora, trabajo mediante proyectos y en lo posible de carácter colaborativo.

Sobre la “flexibilidad» de los currículos, los expositores destacaron: “nos ha dado la pauta de pensar y repensar cómo son nuestros currículos en tiempos ‘normales’ y qué va a pasar después de esta emergencia”.

Los panelistas destacaron que los currículos de emergencia “nos permiten abordar otras necesidades en la situación de pandemia, que son las necesidades que da la emergencia, promueve cambios de comportamiento, tolerancia e inclusión, incluye aprendizaje experiencial y desarrolla habilidades para la vida”.

Un currículo escolar puede ser transformado, destacaron “para garantizar la continuidad del derecho a la educación”, pero precisaron que debe ser “transitorio, compensatorio, participativo y generador».

«No vamos a poder abarcar todos lo que abarcaríamos en un currículo normal. De ahí que tiene que ser práctico, flexible, realista y alcanzable. Y tener en cuenta otros aspectos como apoyo psico-social”, concluyeron los educadores.



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