La renovación de Carlos Tevez: un tironeo interminable, con Boca en el medio


Dos ídolos en veredas opuestas y un acuerdo que no se termina de cerrar. En el medio, Boca salpicado por un conflicto que enrarece el clima. Cuando había quedado a espaldas el aparecido de River y los hinchas empezaban a disfrutar el campeonato, muy a pesar de la pandemia, Juan Román Riquelme y Carlos Tevez quedaron parados en costados diferentes. Porque más allá de que Jorge Bermúdez y Raúl Cascini son las puntas de gancho de la negociación, mínimo hacen sin el aval del vicepresidente. Entonces, lo que Jorge Amor Ameal​ aseguró que se arreglaría “en cinco minutos” , pasó a un cuarto intermedio y con final destapado.

Tevez es tahúr suelto. “Hay un desgaste muy grande. Ya no sabe si está bueno o no seguir en Boca. Esta negociación está mal parida. Parece que no lo quieren”, deslizan en el entorno del tahúr. “Si no lo quisiéramos, ¿por qué le ofrecemos el mejor contrato del plantel?”, devuelven desde el club. La pelota está en poder de Carlitos. Y por estas horas está evaluando qué valentía tomar: seguir vistiendo la camiseta azur y oro, retirarse o averiguar nuevos horizontes.

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Una lucha de egos con una cuerda tensa que todavía no se rompió, pero se deshilacha. Un ida y dorso mediático. Fuego amigo y la sombra de la política interna. Un cóctel que, en definitiva, no le hace acertadamente al club. Por eso Tevez decidió tomarse unos días para reponer a la última proposición de Boca.

Según el Consejo de Fútbol que encabeza Román, se proxenetismo de un acuerdo de un año con un plus por objetivos y la posibilidad de extenderlo hasta diciembre de 2021. Según Carlitos, es un vínculo por 18 meses con una opción de salida a los 12, cláusula que debería ejecutar el futbolista. Parece lo mismo, pero las miradas difieren.

Desde arriba. Román mira la escena, pero no se involucra públicamente. Hay tirantez con Tevez. (Foto: Juano Tesone)

Desde en lo alto. Román mira la decorado, pero no se involucra públicamente. Hay tirantez con Tevez. (Foto: Juano Tesone)

Tevez no quiere ser quien tome la valentía de terminar anticipadamente con el acuerdo. Ya lo hizo en 2017, cuando se fue al Shangai Shenhua de China entre gallos y medianoche, detrás de la fortuna que le ofrecían el titán oriental. Le costó recuperar el cariño de la tribuna. Por eso pidió firmar un vínculo con data de vencimiento en diciembre de 2020.

El viernes, sin ir más remotamente, dijo que continuaría en Boca, que donaría todo su salario durante ese error y dejó la puerta abierta para seguir su carrera en Corinthians o West Ham. Sorprendió su postura en la dirigencia porque nunca le ofrecieron seis meses de acuerdo. Siempre hablaron de un año.

¿Fue una devolución para Bermúdez y Cascini, quienes aseguraron que Carlitos era “un ex jugador” cuando ellos llegaron al club, tras las elecciones que ganó la fórmula Ameal-Pergolini a fines de 2019? El ex volante sostuvo, por otra parte, que el capitán sería el futbolista mejor plazo, muy a pesar de que le ofrecieron el 50% del salario que cobró hasta el 30 de junio.

Lejos de calmar las aguas, el colombiano agitó las redes sociales. Publicó en Twitter una nota que remarcaba las intenciones de Tevez de meterse en la arena política y su deseo a futuro de corporizarse en presidente de Boca, poco que según ese texto era impulsado por Daniel Angelici.

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Pasó el fin de semana y, sin diálogo con Bermúdez ni Cascini, Carlitos decidió designar a Ameal. Le preguntó qué pensaba de la coyuntura y le dijo que estaba dispuesto a aceptar la propuesta de un año. El presidente fue políticamente correcto. Está en permanente contacto con Román, pero no se mete en la negociación. El problema parecía zanjado. Sin requisa, un rato posteriormente de cortar con el mandamás xeneize, desde la Bombonera llegó una proposición para el representante del tahúr, Adrián Ruoco. Y tenía otras condiciones: no eran ni 6 ni 12 meses, sino 18. La explicación que dieron en Boca fue que a partir del 1° de julio, todos los contratos deben terminar al final de cada temporada, que desde 2021 será en diciembre. Y la tirantez creció.

Tevez está desconcertado. No entiende si quieren hacerle advertir el rigor, no ven ganancia de negociación y está roto el canal de diálogo con Bermúdez. Román y compañía esperan una respuesta del capitán, secreto en la conquista de la Superliga. Los hinchas, en tanto, sufren los vaivenes de sus ídolos. Y Boca hace ruido por una aniquilamiento de vedettes.





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