La revolución de Bielsa en Leeds: el hombre ‘común’ que unió a una ciudad y despertó al gigante


En otras de sus semanas históricas, Leeds United llora a su querido Jack Charlton, La Jirafa, que murió como un Loiner, un ciudadano adoptivo de Leeds, luego de toda una carrera en el club. Pero Leeds asimismo vive otra emoción válido: otro antihéroe como su proverbial ídolo, los acaba de devolver a la Premier League luego de 16 abriles de padecimientos. Marcelo Bielsa, el argentino al que los fanáticos ya consideran un Loiner y eso que nunca palabra públicamente en inglés. Se prostitución de uno de los mejores entrenadores del mundo, admirado por los mejores entrenadores del mundo, con perdón de la reiteración, que acaba de devolverles la triunfo con la misma épica y un similar autodesprecio por el éxito. Una virtud que los británicos adoran.

Elland Road, el mítico estadio donde Jackie Charlton jugó los 21 abriles de su carrera y los hinchas se acercaron a recordarlo y despedirlo con flores, es el corazón de esta nueva proeza para un club histórico y de enorme tradición en el fútbol europeo, que por diferentes circunstancias cayó. Una historia que se remonta a su fundación en el 1919, con dos Copas de Ferias -actual Europa League​- logradas en 1968 y 1971, más los subcampeonatos en la Copa de Ferias de 1967, en la Recopa de Europa de 1973 y en la Copa de Europa, la Champions League de ahora, en 1975.

Marcelo Bielsa, en primer plano, en la Premier League. Foto: Reuters.

Marcelo Bielsa, en primer plano, en la Premier League. Foto: Reuters.

Su ocaso se inició con la partida de Don Revie, el mítico preparador de los Dirty Leeds, apodo que le pusieron sus rivales y vencidos por su dureza, aunque para sus hinchas eran los Super Leeds. En la temporada 1973-1974 Revie los abandonó para ser el DT de la Selección de Inglaterra​. Y a partir de allí ausencia fue sencillo para ellos. Acostumbrado a los triunfos, comenzó a instalarse puestos de parte de la tabla. Los abriles 80 fueron aun más difíciles. En 1981-1982 descendió a la Segunda División.

El vaivén de Leeds continuó sin perder el bienquerencia de sus hinchas, más allá de aquella primavera que vivió en 1992 cuando se consagró campeón en el torneo de Primera que sirvió como antesala de la Premier League. Se sucedían los managers y los fracasos. El club aumentaba su deuda a casi 80 millones de libras esterlinas. En el 2004 volvió a descender, se declaró en declive y tuvo que traicionar valiosos jugadores por menos de su valencia auténtico delante la emergencia.

Y todo empeoró. Por primera vez, en 2006-2007, cayó a la tercera del fútbol inglés. Las alegrías llegaban a cuentagotas como cuando consiguió ganarle al Manchester United en la FA Cup de 2010. Ese mismo año, el club volvió a la segunda división, esa competencia agotadora que recién ahora pudo sortear de la mano de Bielsa.

Los hinchas los acompañaron en este derrochador y doloroso camino. Nunca de ningún modo dejaron de satisfacer el estadio de Elland Road. Lo hacen con tanta pasión que Sir Alex Ferguson, proverbial preparador del Manchester United, lo describió como “el campo más intimidante” en el que alguna vez jugó.

Lengua afuera. Bielsa llegó y revolucionó a una ciudad.

Lengua exterior. Bielsa llegó y revolucionó a una ciudad.

El impacto Bielsa

Bielsa llegó a dirigir un club con esta historia épica. Fiel a su idea de que “el éxito es una cosa que se consume instantáneamente; una vez que se logra, se desvanece y se pierde”. Un intelectual del fútbol refinado, de una tribu burguesa y jurista de Rosario, que cuando dejó de ser componente en Argentino de Rosario puso un pabellón de diarios y estudió profesorado de Educación Física. Con esa almohadilla, pero asimismo con casi tres décadas de experiencia como DT, se instaló en Leeds para devolverle su brillo, para recuperar su inscripción.

Primera sorpresa para los dirigentes del Leeds y los “Whites”, como se flama al equipo por sus uniformes. Pidió camas para que los jugadores pudieran descansar entre un entrenamiento y otro. También pidió un pequeño estudio, con kitchenette, televisión para seguir analizando los videos del fútbol europeo y sus rivales. Pidió asimismo otra cama para que él pudiera descansar en el estadio si fuera necesario. Nada nuevo para los que vieron a realizar a Bielsa en los otros 11 equipos en los que había trabajado hasta datar a Gran Bretaña tras un poco fructífero paso por el Lille francés. Los británicos, en cambio, estaban asombrados.

Después del quimérico Don Revie y su equipo de los 70, un nuevo Mesías había llegado. A nadie se le ocurría en Leeds llamarlo El Loco, como en Argentina. Con su sempiterno equipo de jogging, sentado en un tacho celeste -al banda de la cancha para no perder la perspectiva -que fascina a sus hinchas-, parco pero didáctico como un profesor universitario, Bielsa cambió todo. Desde el estilo de entrenamiento al conjunto, a los hábitos, a la forma de entrenar con su obsesivo perfeccionamiento y preparación.

Bielsa sigue el partido desde su tacho azul. Foto: Reuters.

Bielsa sigue el partido desde su tacho celeste. Foto: Reuters.

Los jugadores deben pesarse cada día. Muchas veces no pueden regresar a descansar a sus casas, poco nunca trillado en el fútbol britano. En unas de sus decisiones más sorprendentes, la temporada pasada, hizo absolver la basura del campo de conjunto a los jugadores durante tres horas. Es el tiempo que debe trabajar un hincha para pagarse una entrada para asistir al partido.

Bajo su visión racional, cerebral e híper intelectual del fútbol, consiguió un imprinting de sus jugadores a su estilo, a su visión y ética del deporte. Lo dio dorso. Los dirigentes lo reconocen. Los hinchas lo idolatran. Leeds lo admira mientras él camina desde su modesta casa en el pueblito de Wetherby, a 20 kilómetros, hasta el entrenamiento cada mañana, sin custodias ni guardaespaldas ni un súper coche bajo esa calabobos continuada en el plomizo habitual del ideal britano.

Son sus discretos hábitos los que entusiasman a sus fanáticos, acostumbrados a jugadores y entrenadores con millonarios automóviles, excéntricos coiffeurs, o vestidos de pie a inicio con ropa de marcas. Bielsa agarra el carrito en el supermercado Warrison con el equipo de jogging del Leeds y besalamano a sus vecinos. Hasta posa rápidamente para una foto en la calle y todos lo saludan.

Un periodista de The Guardian recuerda que uno de sus más exóticos gestos fue cuando pintó el vestuario visitante de Elland Road en rosa válido para apearse el nivel de testosterona. Luego explicó durante diez minutos la naturaleza del deseo a sus jugadores. Marcelo Bielsa no solo creó una nueva forma de apostar sino que le aportó a cada uno de ellos una filosofía de vida y no solo frente al fútbol. Sus jugadores lo idolatran.

La estatua de Billy Bremner en las afueras de Elland Road. Foto:Reuters

La estatua de Billy Bremner en las extramuros de Elland Road. Foto:Reuters

Son sus revolucionarios métodos, su obsesión por el trabajo,su inteligencia, su atrevimiento de no murmurar con los periodistas si no es través de una conferencia de prensa los que han hecho extasiar a Bielsa, más allá de cualquier resultado o su volátil permanencia en el Marsella, donde lo adoraban o en Lille.

Su fútbol es admirado por Pep Guardiola, Mauricio Pochettino y Zinedine Zidane, de quien ha sido el mentor. Pep, por su parte, viajó hasta Buenos Aires y condujo cuatro horas hasta su campo de Mayor Paz, a unos 80 kilómetros de Rosario, para murmurar con “su gurú”. Para el de DT del Manchester City “Bielsa es el mejor coach del mundo”.

“Me llaman loco porque algunas respuestas que elijo no coinciden con las que se eligen habitualmente”, se justificó alguna vez Bielsa. “Yo no cedo en mis ideas y no lo digo como una virtud. Es un defecto”.

La era del renacimiento

Bielsa y Leeds se complementan, renacen juntos. Con un club que es el alma del superficie, el manager argentino consiguió unir en torno a de los Whites a una ciudad dividida por el Brexit y la miseria.

Después de la Segunda Guerra Mundial​, de la desindustrialización que generó la globalización en el ideal britano, Leeds renació como el maduro centro financiero y procesal fuera de Londres. Su universidad es una de las mejores del Reino. Pero al mismo tiempo son dos ciudades: la rica y la escaso. Los empresarios, financistas, y el aislamiento de blancos británicos caídos en el desempleo por tercera gestación, de paquistaníes y kashmiries, de donde salieron los jóvenes que se detonaron en el subterráneo de Londres en el atroz y múltiple atentado terrorista.

El centro de Leeds, con las cortinas bajas durante la cuarentena por el coronavirus. Foto: AFP

El centro de Leeds, con las cortinas bajas durante la cuarentena por el coronavirus. Foto: AFP

Esta hacienda semioficial de Yorkshire, con unos suburbios pobres, con conflicto de identidad entre cuna y religión, sin integración auténtico al Reino. Una ciudad correctamente polarizada y dividida en dos, en la que en el referéndum por el Brexit​, los pro europeos se impusieron escasamente por 50,3 por ciento mientras los antieuropeos obtuvieron el 49,7.

Nadie es profeta en su tierra. Marcelo Bielsa en Leeds cumplió el sueño que su corregidor no consiguió. Unir a todos con el fútbol, conseguir que un club caído en la decadencia vuelva a crecer y a quererse, sin las vanidades ni los contratos millonarios de la Premier League.

Gane o pierda, Bielsa ya ganó en la metropolitana Leeds, ex hacienda de la mechón en la Revolución Industrial. Como a Jack Charlton, el ídolo que se volvió inscripción en aquel partido de los cuartos de final del Mundial de 1966, en el que Antonio Ubaldo Rattin, el “Rata” le gritaba obscenidades a la reina de Inglaterra mientras dejaba la cancha, todos recordarán a Bielsa como un auténtico caballero. Ese caballero argentino que les devolvió la alegría y, entre tanta desesperanza, los reconcilió.

Pulgares para arriba. Bielsa ya pasó a la historia en Leeds. Ahora tendrá el desafío de llevar su juego a la Premier League. Foto: EFE

Pulgares para en lo alto. Bielsa ya pasó a la historia en Leeds. Ahora tendrá el desafío de sufrir su conjunto a la Premier League. Foto: EFE

Londres. Corresponsal.



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