La vigencia del ABC de Perón | Opinión


Mi interés con esta nota es alentar una advertencia estratégica en materia internacional, advertencia que ha estado postergada por tantas urgencias, padecimientos, recelos y perplejidades internas.

Me sirvo para hacerlo del discurso que pronunciara el presidente Juan Domingo Perón en la Escuela Superior de Guerra del 11 de noviembre de 1953, discurso reservado que solo fue hecho divulgado en 1967 y que expone su ideario para la Argentina, Brasil y Chile (ABC).

Es su dictamen de aquellos abriles que “el problema fundamental del futuro es un problema de base y fundamento económicos, y la lucha de futuro será cada vez más económica…En consecuencia, analizando nuestros problemas, podríamos decir que el futuro del mundo, el futuro de los pueblos y el futuro de las naciones estará extraordinariamente influido por la magnitud de las reservas que posean: reservas de alimentos y reservas de materias primas.”

Observa por otra parte que: “es indudable que nuestro continente, en especial Sudamérica, es la zona del mundo donde todavía, en razón de su falta de población y de su falta de explotación extractiva, está la mayor reserva de materia prima y alimentos del mundo. Esto nos indicaría que el porvenir es nuestro y que en la futura lucha nosotros marchamos con una extraordinaria ventaja frente a las demás zonas del mundo”. Destaca que “si subsistiesen los pequeños y débiles países” fragmentados serían objeto viable para ser explotados, por lo que es indispensable evitar la dominación. Por ello, subraya que eso “ha inducido a nuestro gobierno a encarar de frente la posibilidad de una unión real y efectiva de nuestros países, para encarar una vida en común y para planear, también, una defensa futura en común.” Su idea de pelotón no es el resultado de una cuestión “abstracta e idealista”: es el producto de intereses específicos, de convergencias razonables con los vecinos y de una ojeada de liberal aliento.

En esa dirección, Perón afirma que “ponemos toda nuestra voluntad real, efectiva, leal y sincera para que esta unión pueda realizarse en el continente”. Y no se trataba solo de influir a los gobiernos, sino asimismo—y singularmente—“a los pueblos…que son los permanentes, porque los hombres pasan y los gobiernos se suceden, pero los pueblos quedan.”

Razona que países como la Argentina “no pueden tener en el orden de la política internacional objetivos muy activos ni muy grandes; pero tienen que tener algún objetivo.” Y en ese sentido, asevera: “la República Argentina sola, no tiene unidad económica; Brasil solo, no tiene tampoco unidad económica; Chile solo, tampoco tiene unidad económica; pero estos tres países unidos conforman” una formidable pelotón económica. Por lo tanto, “toda la política argentina en el orden internacional ha estado orientada hacia la necesidad de esa unión, para que, cuando llegue el momento en que seamos juzgados por nuestros hombres frente a los peligros que esta disociación producirá en el futuro, por lo menos tengamos el justificativo de nuestra propia impotencia para realizarla.”

De esta plática hay varios puntos que merecen ser destacados. Primero, es un dictamen realista de una época. Segundo, denota una comprensión de los fundamentos materiales para eludir la plena dependencia y procurar grados de relativa autonomía internacional. Tercero, manifiesta la gusto de pelotón—sin hegemonía–que se resume tanto en la idea como en una ejercicio unificadora. Cuarto, expresa un distinguir promisorio respecto a América del Sur, no exento de una templada auto-estima franquista. Quinto, supone el inspección de que contiguo a la diplomacia interestatal es esencial alentar y reivindicar la diplomacia entre los pueblos. Sexto, valora la cercanía geográfica, la consolidación de una iniciativa tripartita y su proyección paulatina en el ámbito sudamericano. Y séptimo, expone la convicción de que un objetivo vivo de la política extranjero debe someterse a la evaluación concreta.

El mundo coetáneo tiene sin duda notables diferencias con aquel que miraba Perón hace 67 abriles. Sin retención, hay asimismo continuidades. Hoy es indispensable para el exposición franquista la ciencia y la tecnología—sin desdeñar los bienes alimentarios y naturales–, al tiempo que la pugnacidad entre grandes potencias persiste, aunque sea entre actores diferentes a los de la Guerra Fría. Es evidente que la conjunción de fragmentación diplomática, inestabilidad política, fragilidad social y pasión económica ha llevado a América Latina a ser menos gravitante y más abandonado; lo cual ha derivado en una decano dependencia de distintos centros de poder. Sin retención, asimismo es importante entender mejor las dinámicas socio-políticas del dominio en las que las aspiraciones progresistas de reforma para la inclusión, la jurisprudencia, la sustentabilidad y la autonomía siguen vigentes. La Argentina de entonces–una potencia regional muy relevante–no se asemeja a la de hoy que ha venido padeciendo un debilitamiento indisimulable que erosiona su capacidad de proyectar poder, influencia y prestigio. El espíritu asociativo que de tiempo en tiempo ha surgido en América del Sur con el empuje de diversos países según determinadas coyunturas, está muy desdibujado en la contemporaneidad.

En ese contexto, ¿tiene sentido reflexionar hoy sobre el ABC? Las distancias evidentes en las creencias políticas y entre los liderazgos presidenciales en los gobiernos de Buenos Aires, Brasilia y Santiago y las trayectorias históricas entre los tres países ¿impiden re-conceptualizar la idea y su ejercicio? ¿Es posible recuperar en la contemporaneidad aquel espíritu de pelotón económica entre las tres naciones y amplificar algún propósito político popular entre ellas? ¿Cuál de los tres países puede retomar un intercambio tripartito que permita el florecimiento de un nuevo ABC?

A aventura de ser controversial sugiero: a) el ABC puede regenerarse si se superan obstáculos dogmáticos, más que ideológicos, en los tres países; b) el ABC sigue teniendo un sentido crematístico formidable si las naciones quieren evitar la aquiescencia a los más poderosos en el proscenio pos-pandemia; c) el ABC puede ser un áncora de estabilidad en una Sudamérica que vivirá un gran torbellino socio-político una vez se logre exceder la covid-19; d) el nuevo ABC necesita de sustentación en los tres pueblos; y e) el renovado ABC puede ser promovido por Argentina como parte de una atrevimiento consensual y plural que involucre al gobierno así como a distintos actores políticos, sociales, económicos, científicos, intelectuales e incluso militares.

El ABC de Perón fue en existencia el segundo; el primer ABC fue el de la mediación de la Argentina, Brasil y Chile de 1914 procurando evitar un conflicto entre México y Estados Unidos que, a su turno, facilitó la firma en 1915 de un pacto de no ataque y cooperación extranjero entre los tres países. Quizás sea tiempo de concebir un tercer ABC en circunstancias muy diferentes y difíciles a las de los dos anteriores.

Fue en aquel discurso del 1953 que Perón aseveró: “el año 2000 nos va a sorprender o unidos o dominados”. De no llevar a cabo con audacia este primer cuarto del siglo XXI nos puede sorprender con otro dilema como naciones: inviables o realizables.

Juan Gabriel Tokatlian es vicerrector de la Universidad Di Tella. 



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