Lo que no cuenta la película: cómo el deporte llevó a los «Buenos Muchachos» a la cárcel


-También fuimos a Boston.

-Claro, ahí donde arreglamos los partidos.

Ese intercambio, escasamente dos frases en un diálogo mucho viejo entre una mujer y el hombre que hacía las veces de novio, pese a que en efectividad tenía esposa y a la vez una segunda pareja oficioso en las dependencias del FBI fue la punta del ovillo para desgranar uno de los mayores robos en la historia de Estados Unidos. Y el deporte estuvo involucrado.

Si la clan El Padrino es la mejor serie de películas de gangsters de la historia, vaya mérito el de Martin Scorsese por favor rematado sentar a otro largometraje a la mesa que para muchos encabezan los films de Francis Ford Coppola​.

Lo hizo con una obra maestra estrenada en 1990: Goodfellas, conocida por estos lares como Buenos muchachos. En ella, protagonizada por Robert De Niro, Ray Liotta y Joe Pesci y que está basada en una historia efectivo, se narra vida y obra en el mundo de la mafia de tres miembros del clan Lucchese, una de las cinco familias que mandan en las calles de Nueva York​.

El afiche original de la película Goodfellas, traducida para Latinoamérica como Buenos Muchachos.

El cartel innovador de la película Goodfellas, traducida para Latinoamérica como Buenos Muchachos.

Tiempo antiguamente de su caída, el trauma más vasto que da la cuadrilla es el robo de cinco millones de dólares a la compañía Lufthansa en el aeropuerto John F. Kennedy. Pese a que el delito nunca tuvo una condena efectiva, la película -en la información extra brindada antiguamente de los créditos- da cuenta de que Jimmy Burke (el patronímico ficticio, en el film, era Conway), el personaje interpretado por De Niro, cumplía una condena de 20 abriles de prisión. Lo que no muestra Buenos muchachos es lo que condujo a Burke a la prisión: el básquetbol.

«Aprendiste las dos cosas más importantes de la vida: nunca delates a tus amigos y mantené siempre la boca cerrada».

Jimmy Conway, «Buenos muchachos»

Aunque supiera disimularlo, Rick Kuhn no era precisamente lo que uno esperaría encontrar en la católica y puritana universidad Boston College, la institución de esa clase más antigua de la ciudad. Lejos de los títulos pregonados por el establecimiento, que pertenece a la Compañía de Jesús (cuyos miembros son conocidos como jesuitas), Kuhn era entusiasta a las drogas -en particular la cocaína- y era menos que un insulso estudiante. 

La contracara era Jim Sweeney: capitán del equipo de básquetbol, destacado deportista en tres disciplinas a la vez, tez clara, pelo setentosa al tono, destacado tanto en la cancha como en el salón de clases. «Si hubiera un póster en el que tuvieras que representar cómo debía ser un atleta del Boston College, lo pondrías a él», recuerda uno de sus compañeros en el documental de ESPN 30×30 Playing for the mob.

Pese a la incongruencia entre los estereotipos que representaban, Sweeney y Kuhn, que compartían el plantel de básquet de la universidad, se habían hecho grandes amigos. Fue el viejo error involuntario que cometieron.

«Para mí, ser gángster era mejor que ser presidente de los Estados Unidos».

Henry Hill, «Buenos muchachos»

A la derecha, Robert De Niro interpretando a Jimmy Conway (cuyo apellido real fue Burke); a la izqueirda, Ray Liotta personifica a Henry Hill, el único de los personajes principales de Goodfellas para el que se usó el nombre real. (Foto: AP)

A la derecha, Robert De Niro interpretando a Jimmy Conway (cuyo patronímico efectivo fue Burke); a la izqueirda, Ray Liotta personifica a Henry Hill, el único de los personajes principales de Goodfellas para el que se usó el nombre efectivo. (Foto: AP)

Mientras cumplía una condena por perjuicio en una prisión federal, Henry Hill conoció a otro convicto de nombre Paul Mazzei, privado de su atrevimiento por tráfico de drogas. Hicieron buenas migas y, como si se tratara del añoso y querido «que no se corte», quedaron en hallarse cuando uno y otro recuperasen su atrevimiento. Mazzei le dijo que podía conseguir a un participante de básquet universitario por intermedio de unos contactos y que podrían conseguir a hacer poco con él.

El pequeño al que se refería era Kuhn, quien había sido compañero de secundaria y conocía desde esos tiempos a los hermanos Rocco y Anthony Perla (los contactos de Mazzei). En el verano estadounidense de 1978, la dupla le hizo una propuesta al basquetbolista: situar y arreglar partidos de Boston College. No la podría rebotar.

La ecuación era sencilla: los apostadores no elegirían un campeón sino un beneficio de vencimiento. Si las casas de apuestas tenían a Boston ganando por 10 puntos, los Perla apostarían al rival de turno y Kuhn debía encargarse de que su equipo ganase por menos de 10. Él se llevaría 2.500 dólares por cada partido en que lograran su cometido.

Pronto -básicamente al primer partido, cuando perdieron lo apostado- se dieron cuenta de que un participante, que ni siquiera era el de viejo importancia, tenía en sus manos el poder de torcer el destino. Así que fueron a agenciárselas a más. Y fue el momento de sumar además del costado de exterior: allí apareció en imagen Henry Hill, quien ya entonces era el mimado de James Burke, el más sanguinario de los Buenos Muchachos.

Sweeney, como el mejor amigo de Kuhn y como líder del equipo, fue el afilado obvio.

Rick lo invitó a engullir con «unos viejos amigos», que no eran otros que los hermanos Perla y Henry. Con inocencia (al lado, no tenía la «calle» de su amigo), Jim Sweeney les habló de básquet, de la temporada, y ahí se dio el pie para la propuesta. Fue Hill quien intentó seducirlo cuando se quedaron a solas. Pero el estudiante maniquí no aceptó.

«Sabés lo difícil que es jugar al básquet con un brazo roto, ¿no?», lo amedrentó Henry, quien por las dudas mostró qué tan en serio iba al decirle: «¿Cómo se sentiría Maura, tu novia, si llegara a verte y te encontrara usando un collar hecho con tus bolas?»

El plantel de Boston College que a fines de los 70 se vio envuelto en un escándalo de arreglo de partidos que involucró a la banda mafiosa representada por el director Martin Scorsese en Goodfellas. (Foto: Boston Globe)

El plantel de Boston College que a fines de los 70 se vio envuelto en un escándalo de arreglo de partidos que involucró a la cuadrilla mafiosa representada por el director Martin Scorsese en Goodfellas. (Foto: Boston Globe)

Para triunfar mucho mosca, la esencia es alterar en vasto. Y como en esos partidos y en esos momentos hubiera sido sospechoso que una sola persona apostara una suma desorbitante, había que tejer toda una red. Fue lo que condujo a Henry a comentarle el negocio a James Burke, mote Jimmy The Gent. Sí, el personaje de Robert De Niro.

Pese a las amenazas, al primer partido la conciencia de Jim Sweeney pudo más: la rompió, el equipo ganó por amplia diferencia y la mafia perdió 250 mil dólares. «Vas a hacer que nos maten», le recriminó Kuhn.

Entonces fueron a agenciárselas al otro crack del equipo, Ernie Cobb. Según su traducción, al lado corroborada por la Justicia, que lo exoneró, uno de los mafiosos le dijo «en la medida que yo gane, te voy a tratar muy bien», y le acercó 1.000 dólares por intermedio de su novia cuando el primer partido, ahora sí, dio dividendos.

Kuhn le dio 500 dólares a Sweeney y se quedó con 2.000. La máquina de la ilegalidad había comenzado a rodar con un triunfo en presencia de Harvard cuyo beneficio en las apuestas era de 12 puntos a confianza de Boston College, que ganó escasamente por 3.

El verdadero Henry Hill, quien fuera personificado por Ray Liotta en Goodfellas, al ser detenido por el FBI.

El serio Henry Hill, quien fuera personificado por Ray Liotta en Goodfellas, al ser detenido por el FBI.

Henry Hill en 2012. Vivió libre gracias a haberse convertido en informante del FBI. Falleció durante aquel año. (Foto: ESPN 30x30)

Henry Hill en 2012. Vivió escapado gracias a haberse convertido en informante del FBI. Falleció durante aquel año. (Foto: ESPN 30×30)

A Sweeney cada vez le costaba más ejecutar el plan, tener que frustrarse tiros, retozar para la mafia. Todo explotó cuando debieron retozar el «clásico» de las universidades católicas contra Holy Cross: esta vez, como las casas de apuestas daban al rival como privilegiado por 3 puntos, debían perder.

Sweeney no lo soportó y se hizo echar en pleno partido. Pero el equipo batalló. Perdió, pero sólo por dos puntos. Según recapituló Henry Hill, James Burke, viendo el partido por TV, terminó pateando el televisor. Cientos de miles de dólares se evaporaron de las arcas de la mafia aquella tenebrosidad.

Eran demasiado chicos, demasiado miedosos, demasiado quedaba librazo a un azar que no debía ser tal. Ahí se terminó todo. Pero entonces, aquella frase que inicia la nota.

James Burke estaba descontrolado. Sospechando de todo y de todos los que estaban cerca suyo, sintiendo que en cualquier momento podía caer por el trauma a Lufthansa, empezó a matar hasta a sus cómplices. El FBI le hizo creer a Henry Hill que él era la próxima víctima y le ofreció colocarlo en el software de protección de testigos si delataba a su añoso compañero.

El escándalo de arreglo de partidos fue llevado a un libro por David Porter. "Arreglado. Cómo los Goodfellas compraron al básquet del Boston College".

El escándalo de arreglo de partidos fue llevado a un manual por David Porter. «Arreglado. Cómo los Goodfellas compraron al básquet del Boston College».

Ahí se dio el diálogo con una de sus infidelidades.

-También fuimos a Boston.

-Claro, ahí donde arreglamos los partidos. ​

A Hill, esa frase casi se le cayó de los labios. El fiscal Edward McDonald (que en «Buenos muchachos» hace de sí mismo) lo paró en seco y le pidió detalles que Henry no tardó en darle.

Rick Kuhn recibió una condena de diez abriles, la máxima que un deportista haya recibido por un caso similar. Paul Mazzei y Rocco Perla recibieron además una división, mientras que a Anthony Perla le dieron cuatro abriles. Sweeney fue absuelto.

Ese delito, el de artimaña de partidos, y no el del robo a Lufthansa, fue el que puso a Jimmy Burke tras las rejas. Le dieron 20 abriles por arreglar partidos de básquet. El final menos conocido de la cara más famosa de los Buenos muchachos.



FUENTE

Be the first to comment on "Lo que no cuenta la película: cómo el deporte llevó a los «Buenos Muchachos» a la cárcel"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*