Luis Blanco revela su conmovedora experiencia durante el coma por coronavirus: ¿por qué despertó?


La historia de Luis Blanco es conocida. Fue una de las que más impactó en el mundo del fútbol durante la cuarentena. El monitor argentino de 60 primaveras dio positivo de coronavirus viviendo en Gibraltar, donde dirige al Mons Calpe, y cayó en un coma del que despertó una semana posteriormente en una clínica de Marbella. «De ahí salía vivo o cremado», le había contado a Clarín en una entrevista concedida en mayo, luego de admitir el reincorporación tras más de 40 días de internación. Pero en ese momento prefirió precaverse poco para contar porque primero quería compartirlo con sus familiares directos. Algo que ahora, que pudo retornar al país para reencontrarse con los suyos, está dispuesto a revelar.

¿Cómo despertó del coma en el que estaba? ¿Qué fue lo que lo hizo cascar nuevamente los fanales? O, mejor dicho, ¿quiénes? «Yo no sabía si estaba muerto o qué. Dentro del coma siempre me despertaba en el mismo lugar, que no tenía ni entrada ni salida. No había una puerta, ni una ventana, nada. Era algo así como estar dentro de un globo. Yo no sabía que me despertaba en un coma y no sabía qué hacer, adónde ir», arranca su relato Blanco sobre lo que recuerda con boato de detalles mientras se encontraba tendido e intubado en la cama de terapia intensiva.

«Había gente de color -sigue describiendo lo vivido en ese estado de letargo- que me llamaba todo el tiempo, pero yo le decía que no quería ir. También había un matrimonio de mayor edad que me querían agarrar y no podían… Hasta que aparecieron mis cuatro nietos y me llamaron. Yo giré la cabeza. Los dos más chicos, Agustín, de 8 años, y Ezequiel, de 5, me agarraron de mis manos y las dos más grandes, Micaela, de 22, y Ludmila, de 17, me llevaban de la espalda. Mientras, las otras personas me seguían llamando, pero mis nietos me decían ‘¡no pares!’, me cagaban a pedos. Me decían que siguiera caminando. Yo lo hacía con dificultad. Me dejé llevar por ellos y aparecimos en el garaje de la casa de mi hijo, Diego. Él es técnico, fue ayudante de campo mío y trabajó en varios equipos, y lo entrena a Agustín en ese lugar. Mis nietos, entonces, me decían que pasara los conitos en zigzag. Y ahí me desperté».

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Luis no tiene duda alguna: su tribu lo salvó. Y el agarradera suelto terminó de atarlo cuando le encontró sentido al hecho de que ese garage haya sido el final del coma: «La mayoría de las oraciones se hicieron desde la casa de mi hijo, que es muy creyente. Él llamaba por video a mi hija, Viviana, y a mi señora, Olga, y oraban desde su casa. Desperté ahí por tantas oraciones. Es increíble que me hayan sacado de ahí».

El definitivo calvario de este DT con pasos por Godoy Cruz, Platense, Belgrano, Gimnasia de Jujuy, Los Andes, entre otros equipos, fue una vez que recuperó la consciencia.

Luis Blanco y sus nietos: Micaela (22 años), Ludmila (17), Agustín (8) y Ezequiel (5).

Luis Blanco y sus nietos: Micaela (22 primaveras), Ludmila (17), Agustín (8) y Ezequiel (5).

«No solamente no podía caminar, tampoco podía hablar porque no sabía cómo hacerlo. Los primeros días los fisioterapeutas venían tres veces al día para enseñarme a caminar y a hablar. Me preguntaban cómo estaba y yo no sabía responder. Tardé como diez días en recuperarme. La doctora me explicaba que era normal. Me hicieron electroencefalograma y ecografía de corazón y todo salió bien. Había que dejar pasar el tiempo. Ahora me trabo un poquito porque estoy aún en el proceso, pero estoy fenómeno. Hay unas pequeñas secuelas en el pulmón que se van solas, pero puedo trabajar normalmente», explica Blanco el proceso que tuvo que atravesar mientras veía cómo la asesinato se paseaba a su cerca de. «Vi morir a 15 personas en un solo día», se lamenta.

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Ahora, en su casa de zona sur donde vive con su mujer y sus nietas, realiza diariamente las rutinas físicas que le dieron los médicos para recuperar la masa muscular perdida. El avión de regreso lo trajo el 30 de junio. «No me querían dejar venir porque querían estudiar mi caso. Que yo haya salido de esa situación era complicado y querían que me quedara un mes más también porque acá hace mucho frío y, si bien ya no me puedo contagiar de coronavirus porque estoy inmune, sí me puede dar una gripe y como tengo las defensas bajas me puede traer complicaciones. Convencí a la doctora y a través del Consulado me consiguieron lugar en un vuelo», cuenta y dice que si luego de los próximos estudios se lo permiten donará plasma: «La doctora de allá me dice que tengo un súper plasma y eso puede salvar muchas vidas».

Blanco dirige al Mons Calpe de Gibraltar, pero le gustaría quedarse a trabajar en la Argentina.

Blanco dirige al Mons Calpe de Gibraltar, pero le gustaría quedarse a trabajar en la Argentina.

Los directivos del club de Gibraltar ya le avisaron que pretenden que siga con ellos y que esperarán su retorno. Sin confiscación, el deseo de Blanco va en otra dirección: «Al club le dije que le iba a contestar más adelante y que si estaban apurados podían elegir a otro técnico. Si me sale algo acá en el país, me quedo. No necesariamente tiene que ser algo de Buenos Aires, puede ser en alguna provincia del Interior, cosa que si me tomo un vuelo de dos horas ya esté cerca de mi familia. Ellos no quieren ni que asome la nariz, pero la vida sigue y tengo ganas de laburar».

«Con todo lo que me pasó puedo escribir un libro», tira y se ríe. El chiste es en serio. «¿No me crees? Una vez se me cortó el tendón de Aquiles con el Cartaginés de Costa Rica; con Godoy Cruz me descompensé y tuve una úlcera grave por la que me internaron 15 días… Nos habíamos salvado del descenso ganándole a San Martín de San Juan y todo eso que viví me trajo un estrés y me hizo una úlcera terrible. Hasta divertículos tuve en un partido con San Martín de Mendoza en la B Nacional que le ganamos 3-2 a Huracán. Ese partido fue terrible porque si ganaba Huracán se aseguraba el campeonato. Yo tenía fiebre y ya me habían dicho que cuando terminara me iban a poner la ambulancia de culata en la puerta del vestuario para ir directo al hospital. Si un divertículo se reventaba, en 10 minutos me agarraba peritonitis. Estuve una semana internado con antibióticos. Todo por estrés», detalla y cierra la charla con una humorada rellena de verdad: «Soy un sobreviviente».

FK



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