Misión imposible en Ecuador   | Página12


¿Se imaginan utilizar una vacuna que todos saben que es incapaz de curar? Según el método irrefutable, cualquier tentativa probado un cierto número de veces sin resultados satisfactorios queda refutado e invalidado. Y deja de tener sentido retornar a ensayarlo.

Sin secuestro, en la política latinoamericana contemporánea, esta premisa tan básica no es aceptada mayoritariamente por muchos gobiernos conservadores, que se empeñan una y otra vez en procurar hacer desaparecer una identidad política mediante un ataque sistemático por la vía sumarial, mediática, económica, internacional, política y electoral contra su principal figura. A pesar de los incesantes intentos, los resultados continúan siendo infructuosos.

Entre los muchos ejemplos disponibles de esta reiterada ofuscación está Ecuador. Han sido más de tres primaveras de persecución contra Correa: dos procesos en etapa de querella (Balda, Sobornos) y cerca de de 30 investigaciones previas abiertas y pendientes (declaradas como “reservadas” en la propia Fiscalía); infinitas portadas y titulares en su contra; apropiación de las siglas del movimiento Revolución Ciudadana; intentos múltiples de proscripción electoral del nuevo partido (Compromiso Social); y, cómo no, no quieren permitirle que se presente como candidato a ningún cargo posible en la próxima cita electoral.

Y posteriormente de los múltiples intentos para excoriar y desgastar la figura de Correa, definitivamente no han acabado hacer que desaparezca de la centralidad de la política ecuatoriana. No aprendieron ni un cumbre de la experiencia contra Cristina Fernández de Kirchner en Argentina durante los cuatro primaveras macristas; se olvidaron que esa misma táctica tuvo un huella bumerán, que condujo al desenlace lo que ya todos conocen: el Frente de Todos ganando las elecciones y con Cristina como vicepresidenta.

En el caso ecuatoriano, se viene replicando el mismo manual, pero adaptado a su episteme regional. Y hasta el momento la encargo resulta ficticio. Correa a día de hoy sigue siendo la principal fuerza electoral y política, como lo certifican todas las encuestas publicadas en el país.

En estos primaveras, la mala sucursal económica empobreció a la ciudadanía; hubo gran inestabilidad institucional -hasta el punto de tener cuatro vicepresidentes en este periodo-; la deficitaria trámite de la pandemia causó muchas muertes. Y es que el sol no se puede tapar con un dedo. El fracaso del gobierno conjunto de Lenín y su Gran Alianza (partidos de la derecha, banca, grandes medios, cámaras empresariales, gobierno de Estados Unidos) no puede esconderse echándole la falta a Correa al mismo tiempo que se le persigue judicialmente. Intentarlo es responsabilizarse que la concurrencia es tonta y, evidentemente, esto no es así.

Muchas veces se asume erróneamente que un vaivén electoral implica que se borre totalmente la huella que deja un extenso periodo de gobierno progresista. De hecho, en el caso ecuatoriano, ni siquiera Correa perdió las elecciones. Las ganó el correísmo con un software electoral no neoliberal. La concurrencia votó esa opción y luego fue Lenín quien tomó la dirección contraria. La mayoría ciudadana todavía recuerda con anhelo las mejores condiciones de vida en la era correísta, así como la gran transformación en cuanto a infraestructura. Seguramente no todo fue trillado con buenos fanales, como ocurre en cualquier Gobierno, pero lo que sí es cierto es que el saldo de su trámite fue positivo, y aún lo es más si lo comparamos con estos primaveras tan difíciles para la ciudadanía ecuatoriana.

Correa todavía nuclea la política ecuatoriana. Pero sabe que no estará solo en la próxima disputa electoral presidencial de febrero del 2021. Todos irán contra él. Seguramente, el aberración político-electoral del voto útil en su contra se activará en los últimos meses de campaña. Y por esa razón se crea un frente progresista que amplíe las fronteras que tiene el propio correísmo: Unión por la Esperanza (UNES), que aglutina un gran conjunto de organizaciones sociales, campesinas, indígenas.

La mesa está servida para animarse el futuro del Ecuador en los próximos primaveras. A un banda, está la táctica continuada de destrucción del correísmo sin resultados a la clarividencia, y que ahora goza de poco tiempo para reinventarse; que debe nominar si continúa erre que erre con la “obsesión Correa” o si finalmente opta por exponer alternativas en positivo, tanto al correísmo como al desastre que ha supuesto el Gobierno de Lenín Moreno. Los principales referentes de este bando es Otto Sonnenholzner (hasta hace poco vicepresidente) y el banquero Guillermo Lasso. Y al otro banda está la coalición UNES, que es una suma de espacios progresistas, agrupados por el rechazo al neoliberalismo, en el que están el correísmo y otros muchos sectores de la sociedad.

La táctica de invisibilizar al correísmo no solo no funcionó, sino que por otra parte lo viene transformando en un espacio más amplio. 



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