por qué Alberto quitó fondos a la Ciudad


La Casa Rosada tomó nota de la agitación social y examen reivindicar el imaginario colectivo argentino de que el peronismo garantiza la estabilidad.

A esta categoría, la protesta de la policía porteño ya dejó de ser el tema central de las preocupaciones del Gobierno, para suceder a ser sustituida por una mucho más molesto y urgente: revertir cuanto antaño la sensación de pérdida de autoridad y evitar el temido meta contagio sobre otras reparticiones del Estado.

El mensaje de Alberto Fernández fue sugestivo. Ante la iniciativa de militantes kirchneristas por concentrarse en Olivos para respaldar al Gobierno, el Presidente instó a no agravar las cosas: «Los problemas debemos afrontarlos y resolverlos en paz y con sensatez. A quienes quieren venir a acompañarme, los abrazo y les pido que no olviden que estamos en pandemia. No potenciemos el riesgo».

Claro que Alberto se estaba refiriendo al aventura inodoro de toda concentración humana como las que se criticaron a la examen en los últimos «banderazos»- en el contexto del agravamiento de la pandemia. Pero además había en sus palabras otros mensajes entrelíneas.

Primero, el aventura obvio de un enfrentamiento entre civiles y el personal policial, una situación con un potencial de violencia inmanejable, y que por otra parte no haría más que transigir a que lo que empezó como un aliciente salarial pudiera derivar en una crisis política de proporciones.

Y, por otra parte, incidentes en la puerta de la residencia presidencial, televisados en vivo para todo el país, podría acelerar la irritación de los sectores que ya están enojados con el Gobierno y que aguardan el momento adecuado para expresar sus propias reivindicaciones sectoriales.

Por cierto que no le hicieron ningún amparo los militantes que llegaron hasta Olivos con un discurso de «resistencia» frente a lo que consideran un intento de golpazo de Estado. Pero en definitiva fue una concentración pequeña, cedido que Juan Grabois, el convocante innovador de la manifestación, se alineó con el pedido presidencial.

La protesta policial en Olivos trajo el temor de un efecto contagio en todo el país

La protesta policial en Olivos trajo el temor de un «efecto contagio» en todo el país

Objetivo: reasignación de posibles

Lo extraño es que las acusaciones desde el kirchnerismo, deseoso de ver signos de conspiración, se dieron en una trayecto en la cual casi todos los líderes del espacio disidente expresaron su repudio a la forma intimidatoria en que los policías llevaron su aliciente a la villa presidencial.

Es probable que el de ayer haya sido el peor día para Alberto Fernández desde que asumió el cargo. En la mañana, acompañado por el regidor Axel Kicillof en un acto en la cervecería Quilmes un intento, por ahora poco convincente, de transmitir una reactivación industrial- se vio al mandatario exaltado, nervioso y dando señales de estar sobrepasado por la situación de tensión.

«Las necesidades que vive Buenos Aires no se resuelven escondidos en patrulleros tocando sirenas, se resuelven hablando frontalmente», dijo Alberto, en un frase que mereció repudio tanto de los policías en conflicto como de dirigentes opositores.

Pero azar la parte más sustancial de la plática presidencial haya sido la que menos se comentó: una vez más, Alberto diagnosticó que los problemas de la provincia que gobierna Kicillof tienen su origen en el retazo de posibles financieros ocurrido cuando se alteró el cálculo de la coparticipación».

Esas palabras, dichas luego de que la provincia recibió un refuerzo de $30.000 millones en forma de un fondo peculiar más $15.000 millones como crédito, y adaptado en un momento en el que se está por especificar el presupuesto 2021, no son inocuas.

Lo que el Presidente está transmitiendo es un dictamen: que lo que está ocurriendo en Argentina es la consecuencia de posibles mal repartidos en el país. Y que él, un presidente peronista, siente que su mandato es corregir esa injusticia.

Como adelantó iProfesional, la forma de solucionar ese problema implicaría la toma de posibles de la Ciudad de Buenos Aires, que sufrirá el retazo de un punto de coparticipación, fondos con el cual se conformará un fondo de emergencia para auxiliar a la provincia.

Ya hace algunos meses, el Presidente, al anunciar un plan de obras, se había quejado de que la crisis era consecuencia de que Argentina, a la hora de repartir el capital, no lo hace como un país federal sino como común, porque «el Estado acumula y distribuye con cierta discrecionalidad», en vez de darle «a cada uno lo que corresponda».

«Uno se pregunta por la provincia de Buenos Aires, que produce el 41% del PBI, que tiene una densidad demográfica impresionante y ha crecido como ninguna provincia en los últimos 30 años, por qué le toca lo que le toca», dijo el mandatario.

Anoche, en su conferencia desde Olivos, recordó que la provincia desde los abriles ’80 cedió ocho puntos porcentuales de la coparticipación sin que ello haya cumplido el objetivo de mejorar la situación de las provincias del ártico, que habían sido beneficiadas.

Es la sarta argumental que venía esbozando Cristina Kirchner desde que Axel Kicillof asumió en la provincia: que si hay problemas en el conurbano es porque cualquiera se queda con los posibles que le corresponderían si hubiese neutralidad en el reparto.

En un comentado discurso en La Matanza, la ex presidente apuntó claramente contra el gobierno porteño, porque en la Ciudad, «hasta los árboles tienen luz y agua, te rompen la vereda y ponen baldosas más brillantes; mientras, en el conurbano tenemos a los bonaerenses chapateando en agua y barro».

Las señales son claras, en el sentido de que para el Gobierno es una prioridad tomar posibles de las cajas más importantes del país, empezando por la de la Ciudad de Buenos Aires. Por lo pronto, los funcionarios de Horacio Rodríguez Larreta ya asumieron que son candidatos a perder ingresos por coparticipación, luego de poseer sido beneficiados en la trámite aludido.

Alberto Fernández recurrió a cifras elocuentes como para resguardarse de críticas por discriminación política a la Ciudad: explicó que hoy el consumición en seguridad de la Provincia es de $6.702 por ciudadano, mientras que en la Ciudad esa relación es de $16.901 por cada porteño.

iProfesional adelantó que Fernández buscaría el fortalecimiento de la provincia por la vía de tomar recursos fiscales de la Ciudad

iProfesional adelantó que Fernández buscaría el fortalecimiento de la Provincia por la vía de tomar posibles fiscales de la Ciudad

El meta contagio y la obligación de perseverar la gobernabilidad

Pero el tema no termina en la provincia de Buenos Aires. Toda la clase política tuvo presente el trasgo de lo ocurrido a fines de 2013, cuando una huelga policial iniciada en Córdoba generó un meta contagio en otras provincias, que derivó en una crisis franquista, con saqueos, caos, represión y muertos.

Y de hecho, ayer, en previsión de posibles problemas, hubo gobernadores que se adelantaron a reclamos y anunciaron mejoras en la remuneración policial. Ocurrió en Santa Fe, Córdoba, La Rioja, Chaco y Chubut y Río Negro, frente a las primeras señales de que se podían replicar los gestos de sublevación policial.

Pero esa es escasamente la punta del iceberg. Porque, como ocurrió en otras ocasiones, el otorgamiento de mejoras a los uniformados trae una consecuencia inexorable: la aparición de una extensa repertorio de sectores vinculados al Estado que además tienen sus reclamos postergados.

Ya hay señales en ese sentido, por caso en el ámbito de los funcionarios de la vitalidad, en los judiciales, los docentes y en la suministro central.

Esto implica un desafío extremadamente enrevesado para el Gobierno, que sin explicitarlo había tomado al salario estatal como una variable de ajuste, dada la aparente suspensión de las paritarias, que implicó un congelamiento salarial en un entorno inflacionario. Es asegurar, una licuefacción en términos reales.

Ahora, una eventual seguidilla de aumentos para el sector estatal no solamente pondrá en aventura el objetivo de someter drásticamente el rojo fiscal, sino que por otra parte implicará un cifra adicional de irritación para el sector privado que, en plena pandemia, sostiene con sus impuestos al dispositivo estatal.

La examen ya tomó nota de esa situación. Ayer, uno de los referentes de Juntos por el Cambio, Mario Negri, planteó que la posibilidad a los problemas no podría implicar una suba del consumición sino un restablecimiento de prioridades. Además, criticó el hecho de que el Presidente haya rechazado la invitación a una mesa de diálogo con la examen.

Pero Alberto dio señales de tener en claro cuál es su prioridad en este momento: restablecer el principio de autoridad, dar una imagen de serenidad se lo vio más medido en la plática de la sombra, en comparación con la de la mañana- y, sobre todo, recuperar la sensación de gobernabilidad.

Como todo mandatario peronista, Alberto sabe que la sociedad tiene la expectativa de que muestre la capacidad de perseverar el control del conflicto social.

El peronismo es, en el imaginario político argentino, el partido cuyo principal activo es el fiador de la gobernabilidad. Y, en consecuencia, se le perdonan fallas en otros ámbitos pero no es la cuestión crucial de perseverar la paz en medio de la permanente puja distributiva argentina.



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