¿Qué hicimos para merecer a Macri?


En términos del expresidente, el “gradualismo fiscal” fue “un nombre apropiado para disimular que no teníamos la capacidad política para hacer algo más rápido”. En ese sentido, vale memorar la cantidad de despidos de empleados públicos que se produjeron en los primeros meses del gobierno o el ajuste votado a fines de 2017 sobre los haberes jubilatorios que a pesar de la resistor popular no pudo doblegar la voluntad del Gobierno. Pero el problema fiscal no pasó por ahí, sino por lo que aparece en los manuales de caudal como “la curva de Laffer”, la cual sin sustento empírico afirma que “es necesario reducir la alícuota de impuestos para mejorar la recaudación”. Eso es tan ilógico como aconsejar a una empresa que “reduzca ventas para mejorar sus ganancias”. La aplicación de ese principio fue lo que generó la mamá del tonto fiscal: disminuir las retenciones a las exportaciones y los impuestos a los capital personales terminó explicando 30% del debe fiscal de esos abriles. La reducción de las retenciones a las exportaciones, en particular, respondió al principio según el cual “los países exitosos no castigan a sus exportadores”. Que no haya habido ningún éxito exportador luego de esas rebajas de retenciones a las exportaciones, e incluso que se haya invadido el país con productos importados de dulce de cuajada, morapio y latas de diverso origen, no parecen ocurrir sido parte del observación.

A ese gradualismo en lo fiscal se le puede encarar el shock en el sector extranjero al cual los argentinos “no estaban preparados”. El problema de la fuga de capitales, en particular, es la causa más relevante de la crisis final del macrismo. En ningún de los manuales estadounidenses veremos analizado ese aberración por lo cual empresas y ahorristas compran divisas extranjeras para resguardar de sus ganancias, generando un desequilibrio en las cuentas externas. Por consiguiente, una de las primeras medidas que se adoptó fue la quita del cepo, con su consiguiente devaluación. Se estimaba que todo era cuestión de confianza, de metas de inflación y de incrementar la tasa de interés existente para que cese la operación de dólares, poco que no ocurrió en ningún momento de los 4 abriles del macrismo. Un referencia del BCRA del año pasado nos informa que el total de la fuga de capitales durante el gobierno preparatorio fue de 86 mil millones de dólares. Y si no fue maduro, es porque la clase media fue fielmente destrozada por las devaluaciones de 2018 y 2019 y ya no le quedaba caudal para comprar dólares.

Esto no resultó indiferente a la advertencia del ex presidente, que en un arrebato de intuición asevera que “los argentinos sabemos que el dólar es el precio principal de nuestra economía, a través del cual juzgamos la salud del gobierno y nuestras perspectivas de futuro. Con el dólar bajo control, todo Gobierno argentino parece fuerte. Con el dólar loco ninguno lo es”. Pareciera que al final, los argentinos votan en función de la fortaleza de la moneda franquista respecto del dólar, más que por el debe fiscal. Y que si Macri se fue del equipo, no es porque era un saburía del fútbol mundial que su equipo no merece, sino porque la tribuna pidió el cambio de deportista por su mala proceder en el entre tiempo.

“los argentinos sabemos que el dólar es el precio principal de nuestra economía, a través del cual juzgamos la salud del gobierno y nuestras perspectivas de futuro. Con el dólar bajo control, todo Gobierno argentino parece fuerte. Con el dólar loco ninguno lo es” Coordinador del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación.



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