Sin barbijo, Bolsonaro contó que contrajo el corona…


Desde Brasilia.Premeditadamente de la “gripecita”. Jair Bolsonaro anunció este martes con la voz desmejorada acontecer contraído el coronavirus que subestimó durante más de cuatro meses. “Positivo, positivo” respondió con el estilo los militares, cuando los periodistas le preguntaron si estaba infectado.

«Recibí con naturalidad el resultado del test, no hay que tener pavor, es la vida (..) estoy perfectamente bien (..) estoy en el frente de combate, yo no huyo de mis responsabilidades». El tono del entrevistado mezclaba la impostación heroica con exageración.

El in crescendo dramático comenzó el lunes a la confusión al anunciar que se hizo el examen del Covid-19 y llegó a su punto más stop en el mediodía del martes,  cuando la palabra del capitán enfermo se retransmitió por canales y radios casi como si fuera una cautiverio franquista.

De camisa azur y barbijo blanco, admitió estar contaminado de aquella dolencia a la que desdeñó cuando la definió como un “resfriadito” , y la trató como el fruto de la “histeria de los medios” . Meses a espaldas llegó a ufanarse de su «pasado de atleta» al afirmar que esa enfermedad no le haría raja. Después dijo que los números de muertos y contaminados eran falsos e incitó a sus seguidores a que invadan hospitales . El mes pasado un familia de bolsonaristas enardecidos ingresó a los golpes a un centro médico de Rio de Janeiro. Lo mismo pasó en Brasilia y en San Pablo.

Brasil es el segundo país con maduro número de infectados del mundo. Hasta el momento registró 1.623.284 positivos y 65.487 muertos por la covid-19. Sin secuestro, Bolsonaro es uno de los pocos presidentes que se opone al aislamiento social y esta semana firmó un decreto contra la compromiso del uso del tapabocas en espacios públicos y cárceles, luego de acontecer apelado un parecer procesal que lo obligò a usar barbijo.

Consultado si posteriormente de contraer el virus sigue rechazando la cuarentena, dijo que ésta es injustificada y cuestionó a los gobernadores por decretarla. Reconoció que «uno se debe preocupar con el virus» pero además con la caudal y el desempleo porque «no se puede hablar solo de las consecuencias del virus».»Hay 38 millones de trabajadores informales que viven en una situación (difícil)… esto hay que tomarlo en cuenta, Brasil tiene que producir, tiene que volver a andar… si la economía no funciona hay gente que se suicida«.

El mandatario reiteró su relación sobre la inexorable contaminación del 70 por ciento de la poblaciòn, «ningún país puede evitar muertes,, el contagio es inevitable». Con la voz poco tomada informó que tomó dos veces cloroquina, la primera de ellas el lunes por la tarde cuando tuvo 38 grados de fiebre y sintió dolores musculares.

«No soy médico», dijo Bolsonaro antiguamente de defender e ese medicamento para la malaria y el lupus cuyo consumo no es recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y causó resistencias en los dos primeros ministros de Salud de su gobierno, los médicos Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich. Ante la resistor de los exministros designó al frente del empleo a Eduardo Pazuello, un normal que sabe nulo de medicina pero defiende la droga.

El mes pasado recibió dos millones de dosis del medicamento enviados por el presidente Donald Trump, su asociado, que además dice haberlo consumido. El gobernador agradeció a su colega la donación , y el sábado pasado, 4 de julio, se trasladó a la embajada norteamericana en Brasilia para felicitar al embajador , Todd Chapman , por la independencia de aquel país. Hubo abrazos, sombreros y botas tejanos y ningùn tapaboca. La fiesta de la independencia se transformó en un bullicio de contagio y el embajador se va a realizar un test para enterarse si contrajo el SARS-CoV-2.

Bolsonaro hará la cuarentena en el Palacio de Alvorada, desde donde seguirá al frente del gobierno mediante reuniones virtuales con sus ministros, algunos de los cuales ya se hicieron tests para enterarse si se contaminaron.

Permanecerá incidental pegado a su mujer, Michelle Bolsonaro, que además se realizó una prueba para enterarse si contrajo la enfermedad. La abuela de Michelle, una señora de 80 primaveras que vive en un alfoz humilde de Brasilia, continuaba internada con coronavirus en una sala de terapia intensiva, del Hospital Regional de Santa Maria. 

Durante la rueda de prensa el mandatario no respetó la distancia de 1,5 metros con los reporteros y al promediar el interviú se quitó el barbijo. Algunos periodistas no ocultaron su temor de contagiarse del jerarca de estado. Las entrevistas y repercusiones siguieron durante todo el día. No se habló de otra cosa.

Por la confusión el sitio Brasil 247 publicó un artículo firmado por Rodrigo Vianna, un periodista serio y nulo sensacionalista, planteando dudas sobre la verdad de la infección del presidente, la notificación más impactante de los últimos meses. Una historia con atributos emocionales para conquistar al divulgado políticamente apático. «La palabra de Bolsonaro no vale ni una dosis de cloroquina” escribió Vianna.

 

¿Por qué creerle a pies juntillas a un profesional de las fake news? Alguien que afirma que no hubo leñazo de Estado en 1964 y que Brasil vivió bajo el opresión socialista desde los primaveras 90, correctamente podría totalizar un relato fingido sobre un test realizado no en un hospital divulgado a cuyos archivos tiene comunicación la prensa sino en uno de las fuerzas armadas.

Sea cierta o sea falsa, la historia probablemente será manipulada por el paciente. Como ya lo hizo en la campaña electoral de 2018 cuando fue víctima de una puñalada. Un providencial puntazo del que se valió para estar carente de los debates con sus adversarios y, al mismo tiempo, dar entrevistas a canales de televisión condescendientes. La maniobra montada a partir de la puñalada y su larga convalescencia le rindió sus frutos con la vencimiento en el balotaje de octubre de 2018 sobre Fernando Haddad, el pupilo de Luiz Inàcio Lula da Silva.

          

Pero según pasa el tiempo las dudas no se apagan, tanto que el propio Lula , determinado que no acento por susurrar, hasta hoy pone en duda la verdad de la cuchillada. Ahora surgen las sospechas sobre la infección. Lo más recomendable es evitar afirmaciones apresuradas, y aguardar semanas o meses para enterarse si este coronavirus es auténtico o se negociación de una comedia.



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