Suben las tasas, merma el estímulo y la Bolsa no ceja en su empeño


Entiéndase: a pesar del padrino, los bonos cayeron igual. ¿Los habrá afectado la inflación? ¿Cuál? ¿La remisión abstracta que tanto agitan los entusiastas del oro? No, su registro flamante y concreto de julio. El que apaga el fervor por el metal (porque es capaz de hacer que las tasas alcen planeo). Su presencia efectiva consta en las actas de la inflación mayorista y al consumidor (en sus versiones militar y núcleo): clavó + 0,6%. ¿Lobo está? ¿Nos llega la preparación de la fiesta antaño de lo pensado? Bien podría ser un problema de digestión. Y no deberse a un único platillo, sino al menú completo. Sobran calorías: el compra notorio que creció 50%, una expansión del crédito de la Fed del 75% desde la cuarentena, tasas cortas en cero y los primeros atisbos de inflación. No extrañe entonces que el brinco de las tasas largas coincida con la refinanciación del Tesoro. Las dos primeras subastas -de obligaciones a 3 y 10 años- se absorbieron sin novedad. Fue la última pierna -la colocación de bonos a 30 años- la que trastabilló. Los dealers primarios tuvieron que quedarse con la casa de campo parte de la radiodifusión de 38 mil millones de dólares. Un traspié que habrá que confirmar, o desechar este miércoles cuando el Tesoro vuelva a licitar los nuevos bonos a 20 abriles. Recuperados en el calendario oficial, precisamente para financiar los costos de la pandemia, compiten con sus pares de 30 abriles en el confín más remoto de la curva, allí donde la demanda siempre raza.

Se encaramaron las tasas, la Bolsa no se inmutó (el oro cayó 3,7% en Chicago). ¿Es que fortuna tiene que ser una mala nota? ¿No queremos que la pertenencias recupere la erguido? Ya lo hizo. ¿Será que por fin los bonos se convencen de que la mejoría va en serio? El menú de altas calorías es lo que el doctor recetó. El S&P500 lo leyó así y quiere hacer su agosto. Atacó los récords de febrero, los arañó y quedó a un palmo. La pertenencias no es una tromba, pero las ventas minoristas son más altas que antaño de la peste. Los pedidos iniciales de desempleo declinaron por debajo de un millón semanales, lo que nunca desde mediados de marzo. Y los nuevos casos de covid-19 reculan desde el 24 de julio. La inflación minorista sube: trepa 0,6% en julio y en los últimos doce meses, 1%. La tasa de 30 abriles salta un cuarto de punto. Sí, pero no llega al 1,50%. La de 10 quebró 0,70%. La curva de rendimientos se empina, y aporta otro signo de recuperación existente. Todo incipiente. Todo dudoso, omitido la obstinación de la Bolsa. Las acciones sensibles a la tasa, servicios públicos y caudal raíces cayeron más del 1,3%. A la par, las cíclicas (industriales, de consumo y energía) volaron por hacia lo alto del 2%. Y, por primera vez todavía, sin el aguijón directo del estímulo creciente. Las tasas subieron, la hoja de cálculo de la Fed se redujo en 213 mil millones de dólares desde su mayor el 10 de junio, y los beneficios de emergencia que se les pagaba a los desempleados -600 dólares extra a la semana-caducaron a fin de julio. Y la política no los restableció. No se supone que haya que ceñir la potencia del estímulo a esta prestigio, pero con el Senado en desvío hasta septiembre, y sin turbulencias en Wall Street, conviene mentalizarse de que así será.



Click aqui para ir a la nota innovador

Be the first to comment on "Suben las tasas, merma el estímulo y la Bolsa no ceja en su empeño"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*