Superclásico vasco: el fútbol convertido en pura tradición y en paz entre los hinchas


Sucede en cualquier punto donde el Superclásico vasco se juegue. En Bilbao, en San Sebastián o en cualquier condado indefinido. Ellos, los hinchas, los dueños de la fiesta, se mezclan, comparten platos y algunas cervezas, asimismo muchas charlas de fútbol y de vivencias y de sus barrios y de su sentido de pertenencia». Caminan juntos, se abrazan con distintos colores, sostienen Los Leones y los Donostiarra uno de cada lado la Ikurriña, la bandera del País Vasco al que tanto adoran, al que tanta belleza le ofrecen.

Athletic Club y Real Sociedad componen un Derbi (Euskal derbia, en idioma local) que asombra: en las tribunas van mezclados; jamás se agreden; las cargadas terminan en abrazos de bar, de plazas o en la orilla del río Nervión, emblema de este territorio que mucho se parece a una sucesión de encantos. Es el clásico de las tradiciones, sí. Pero sobre todo el de la paz entre rivales que jamás se sienten enemigos.

El episodio definitivo que selló este vínculo de abrazos compartidos​, de generosidad, de hospitalidad sucedió en 1976. Tras la muerte del dictador Francisco Franco, se buscaba normalizar la democracia y ciertos valores robados por el llamado Generalísimo. En Euskadi (País Vasco) se peleaba para que los símbolos no fueran motivo de detención. Llevar la Ikurriña era delito.

Ese dia, sucedió un acto de rebeldía que todavía late en las memorias de los feligreses de este clásico. Los capitanes acordaron ingresar una emblema nacional. Kortarrabia (de la Real) e Iribar (del Athletic) ingresaron al terreno de juego sosteniendo juntos el símbolo vasco. La osadía tuvo un gran impacto nacional. En 1977 se restituyó la legalidad de ese y de muchos símbolos de comunidades autonómicas. El fútbol, otra vez, se mostraba como espejo de otras cuestiones. Nacía otra España.

«Muchachos, ustedes tienen que reconocer, tienen que estar orgullosos de ser parte de un pueblo tan solariego, tan altruista», fueron algunas de las palabras de Marcelo Bielsa para sus jugadores del Athletic, en el vestuario del Vicente Calderón, tras perder las dos finales consecutivas (en la Europa League y en la Copa del Rey). José María Amulet, argentino de origen vasco e hincha de la Real, coincide con Bielsa. Está orgulloso de sus orígenes.

Le cuenta a Clarín: «Es una identidad el derbi, es una forma de mostrarse al resto de España y al mundo. Un mensaje de paz del Pueblo Vasco. Una expresión cultural: como su comida, su música o el museo Guggenheim. Te digo más: mi segundo equipo es el Athletic. Y te puedo sostener que no soy el único que lo siente así. La bronca es con el Real Madrid…«.

Sucede una curiosidad que quizá no lo sea tanto. Toda la armonía del contorno, ocasionalmente, la rompen los dirigentes de ambos clubes. A lo largo de la historia que oficialmente (y con los nombres y colores actuales) comenzó en 1913 rompieron relaciones frecuentemente. Las dos más recientes fueron 2006 y en 2016. El motivo fue espionaje de las inferiores de los vecinos (en realidad los separan 100 kilómetros) para evitar contratos millonarios.

Sobre todo el Athletic, que por su filosofía debe jugar solo con futbolistas formados o nacidos en el País Vasco. No es fácil la tarea, sobre todo en este tiempo del fútbol de los millones. La Real Sociedad solía tener una política similar de alinear sólo jugadores vascos, pero rompió con la tradición para traer al delantero del Liverpool John Aldridge a finales de los 80.

La historia dice que el gigante es el Athletic. Los números son devastadores en la comparación: Athletic le lleva 26 títulos y 15 partidos de ventaja en la historia. Ahora, definirán la Copa del Rey. Aunque no se sabe la fecha. Por un motivo impulsado por los hinchas: en La Cartuja, de Sevilla, la final se juega con público o no se juega. Esta vez, los dirigentes estuvieron de acuerdo y hasta hicieron una presentación conjunta ante la Federación.

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Se podría proponer que es la primera vez que se enfrentan en la final de la Copa. Pero hay un antecedente antiguo que sirve de dilucidación. Hubo otro armonía básico entre los dos. En 1910 los clubes que no eran de Madrid querían sacar la sede de la Copa de la haber española. Entendían que era demasiada superioridad para los locales. El pedido no fue ratificado por la Federación madrileña y un categoría de clubes decidieron disputar la Copa en el País Vasco.

La final fue entre el Athletic y el Vasconia (nombre que usaba entonces la Real Sociedad, que había sido fundado unos meses antaño, en septiembre de 1909) y se rompió la jugada de equipos madrileños campeones, ya que en el torneo disputado en Madrid, triunfó el Barcelona. En 1913 la Real Federación de Fútbol decretó como válidas ambas copas.

Aquella final fue un hito definitivo. Determinó para siempre los colores de los equipos. En sus días fundacionales, el Athletic usaba los colores blanco y garzo. La Real, incluyendo sus antiguas denominaciones, asimismo. Hasta que un día, un tahúr del equipo bilbaíno se fue de descanso a Inglaterra y le encargaron que comprara 25 camisetas del Blackburn Rovers. No consiguió. Y trasladó 25, pero del Southampton. Roja y blanca. Con esa ganó aquella final precámbrica y adoptó para siempre esos colores.

Una historia de descripción para que algún día relaten Juan Villoro o Eduardo Sacheri.

Los abriles 80 fueron los más felices para el fútbol vasco. Sobre todo el primer quinquenio: dominio casi total. La Real Sociedad ganó la Liga en las temporadas 1980/81 y 1981/82, antaño de que el Athletic se quedara con la popularidad en las campañas 1982/83 y 1983/84. Cuatro de cuatro, en presencia de la observación incrédula de madridistas y culés. No eran días felices para el Real y el Barcelona. 

La película «Ocho apellidos vascos» (la más taquillera de la historia del cine castellano, con casi 78 millones de euros de cuestación, tras tres millones de inversión) es una comedia romántica, pero tiene como antiguo telón de fondo el significado de este derbi.

Un andaluz, Rafa, se enamora de una vasca Amaia. Para mantenerse perfectamente con el padre de la chica se inventa antepasados de Euskadi. Ocho apellidos. Y entre ellos mezcla a dos emblemas del fútbol el ballestero Zubizarreta (jugó seis temporadas en el Athletic, en los dulces ochenta) y Gabilondo (disputó seis temporadas de cada flanco). Cuando se están por casar el se escapa con sus amigos a Sevilla.

Amaia le explica al padre que su novio era demasiado andaluz. Koldo la audición, le da actitud, asimismo billete. Sólo le pone una condición:

-Cuando tengan hijos que no sean del Sevilla ni del Betis.

Que todo quede en el Derbi Vasco, el Euskal derbia. 

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