Teletrabajo, ¿algo novedoso? | teletrabajo, trabajadores, Derecho


“Cuando en una empresa se le da la posibilidad a los trabajadores de pasar a teletrabajo los que aceptan en su mayoría son hombres”, sostiene.

Periodista: ¿Es el teletrabajo una forma de trabajo tan novedosa como se la presenta?

Marina Kabat: En primer punto no es tan novedosa, desde que se inició el capitalismo siempre hubo formas de trabajo en espacios de propiedad de los patrones, dueños de industria y talleres, pero igualmente hubo un expansión de trabajos en relación de dependencia en las casas de los obreros. Es lo que se llamó “trabajo a domicilio”, pero lo cierto es que siempre que un patrón puede ahorrarse los gastos fijos de un espacio de trabajo, así como los gastos de servicios, y puede remitir al trabajador a trabajar a su domicilio en normal lo va a hacer.

P.: ¿Consideras que el Teletrabajo implica viejo “precarización” o viejo “libertad”?

M.K.: A nivel genérico cualquier transformación técnica no implica ni una viejo opresión ni una viejo arbitrio, eso está condicionado por la forma social en que esa tecnología sea utilizada. Con el teletrabajo, tenemos que entender el contexto histórico en el que surge, no surge en un contexto de avance de las luchas obreras y de la fuero de trabajo, surge en un contexto que está afectado por la crisis de los ´70 con un proceso de flexibilización gremial normal. El teletrabajo se ha expandido en el mundo como trabajo precarizado porque aparece directamente sin control justo, sin leyes que lo regulen o como mecanismo de esquivar algunas de esas leyes.

Las falencias de la reglamentación en el mundo

“A nivel mundial la legislación del teletrabajo está muy atrasada y no ha sido tan beneficioso como suele decirse. Un caso icónico es el caso de Francia que en 2016 saco una ley de desconexión digital. Esa legislación era muy vacía, solo decía que el trabajador tiene derecho a la desconexión digital, pero que este derecho va a ser normado por cada sector en cada convenio. Si no se llega a un acuerdo lo decide la patronal y en las pymes lo decide la patronal sin consultar con el sindicato. El problema es que la ley de empleo macro ya establecía un derecho de los trabajadores: el derecho a la jornada de trabajo y a no trabajar por fuera de esa jornada”, explica Kabat, y agrega: “De hecho en la jurisdicción francesa había casos donde los obreros iban a juicio porque se les pedía que contestaran mails por fuera de su jornada de trabajo y los ganaron sin la ley a la desconexión. Ahora, si uno establece una ley a la desconexión, pero cada convenio fija alcances y excepciones, esa ley a la desconexión laboral quizás se termina transformando en su contrario, en donde el empresario por ‘fuerza mayor’ puede exigir al trabajador extender su jornada y demás”.

P.: Entonces, ¿sin fiscalización no hay ley que valga?, ¿cómo fue la experiencia del trabajo a domicilio?

M.K.: El otro problema es que no se crean fundamentos de fiscalización suficiente. Una cosa es la ley y otra su cumplimiento. En trabajadores que no están concentrados en un espacio físico donde el control es más sencillo sino que están dispersos, el problema del control de la fuero es central. En Argentina la ley de trabajo a domicilio de 1940 funcionó admisiblemente hasta la plazo del setenta porque se creó una oficina, adentro del profesión de trabajo, especialmente destinada al cumplimiento de la ley. Hoy esa oficina no existe y la ley es composición muerta, al punto tal que los funcionarios del profesión de trabajo de provincia y de renta desconocen de su existencia.

En torno al teletrabajo tenemos una resolución de la superintendencia de trabajo del año 2012 donde supuestamente esa norma dice que toda empresa que da teletrabajo tiene que proveer al trabajador de una arnés ergonómica, un dispensario, un matafuegos y todas las herramientas de trabajo. Yo revise hace una semana en los sitios de búsquedas de empleo qué ofertas de teletrabajo había, de cincuenta solo una ofrecía suministrar la útil de trabajo

P.: Otro problema que se señala del teletrabajo, por parte de sindicalistas, es la dificultad de organizar los trabajadores. ¿Qué puede impactar esta modalidad en la ordenamiento?

M.K.: En principio la dispersión y división al colectivo de trabajadores siempre presenta obstáculos para la ordenamiento sindical, pero no son obstáculos insalvables. En Argentina a principio de siglo XX está satisfecho de huelgas de trabajadores a domicilio, muchas veces reclamando las mismas condiciones laborales que los trabajadores de las fábricas y a veces reclamando que se concentrara el trabajo en las fábricas. De esas luchas es el hecho de que la Argentina tenga una Ley de trabajo domiciliario.

En esa ley se armaban comisiones paritarias que medían el tiempo de trabajo. Se calculaba cuanto lograba producir un trabajador en 8 horas y el plazo por cuchitril debía apuntalar que en 8 horas el trabajador pudiera cumplir con los objetivos que la empresa planteaba y obtener el sueldo que correspondía, porque el problema es cuando te dicen que vos trabajas 8 horas pero la carga gremial te obliga a exceder esa caminata y terminas trabajando los fines de semana. Si los trabajadores domiciliarios se pudieron organizar, hoy con todo el aporte de las redes sociales igualmente se puede.

P.: ¿Considerás que el teletrabajo afecta a las mujeres de guisa particular?, en tal caso ¿requieren algún tipo de legislatura adicional en el entorno de la ley que es poco que no se estaría discutiendo incluir?

M.K.: Las mujeres son afectadas especialmente. Acá hay un factor muy cachas que es la ruptura entre el discurso y la verdad. Los discursos más apologéticos del teletrabajo señalan como una de sus ventajas que pueden ser empleadas mujeres que tienen hijos. A principio de siglo se decía lo mismo, que para la mujer era mejor trabajar en su casa con una máquina de coser que salir a la industria, pero cuando uno analiza que es lo que quiere la mujer ocurre lo contrario: cuando en una empresa se le da la posibilidad a los trabajadores de producirse a teletrabajo los que aceptan en su mayoría son hombres.

Lo que ocurre es que en el teletrabajo se diluyen los límites entre la vida franco y el tiempo de trabajo. Como la carga del trabajo doméstico no es igual para hombres y mujeres, es una sociedad patriarcal, esa interferencia es viejo entre las mujeres.

Estas cuestiones se resuelven con espacios de cuidado colectivo en torno a jardines maternales y una ampliación de todo lo que son licencias de maternidad que argentina tiene una de las licencias de maternidad más acotadas.

P.: ¿Crees que la ley de teletrabajo puede ayudar a crear empleos nuevos en un contexto en el que crece el desempleo?

M.K.: No es la ley la que genera empleo. Este tipo de empleos que tiene que ver con contratación de empleados en un país por parte de firmas que tienen su sede en otro, está muy vinculado con la devaluación de la moneda y la caída de los niveles salariales de Argentina. La mayoría de los empleos que se ofrece a nivel internacional para teletrabajo tiene que ver con el telemarketing, trabajo poco calificado, en ese dominio no crecemos porque aún con la disminución salarial presente nuestro salario está por encima que el de otros países que ofrecen mano de obra ocasión. En ese sentido lo que en distintos momentos pueden estar tratando de situar es a una ofrecimiento de trabajo más calificada transmitido que tenemos profesionales admisiblemente formados y que puedan ser baratos como manos de obra en relación a otros países. Están tratando de colocar una mano de obra calificada pero ocasión frente a los términos mundiales y ahí la variable que juega no es positiva para el conjunto de la clase obrera argentina.



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