Un desfile de bolsonaristas con fe ciega en el hech…


Desde Brasilia

Como si fueran penitentes, centenas de militantes bolsonaristas desfilaron este domingo al mediodía cargando cruces de unos tres metros por el centro de Brasilia entonando consignas en defensa de la grupo y exaltando el patriotismo de su líder. El mandatario, que está en la mira del Tribunal Penal Internacional, no participó en la concentración a diferencia de lo ocurrido meses a espaldas cuando encabezó actos a auspicio del cardenal de Estado y el clausura del Congreso.

Los participantes en la «Marcha de los Cristianos por Brasil» cubrían sus espaldas con banderas nacionales mientras avanzaban desde el palacio del Parlamento con destino a el Supremo Tribunal Federal. Otro categoría permaneció reunido sobre el orondo cantero de la avenida Eixo Monumental con el césped amarillento a posteriori de más de dos meses de sequía. La mayoría se rehusó a contestar las preguntas de los reporteros de los medios de » izquierda «, categoría en la que ellos incluyen al oligopólico categoría Globo .

Ante los movileros de canales «amigos», como la cautiverio evangélica Record , explicaron que esta concentración fue solo un combate más en el interior de su «guerra» contra la izquierda y denostaron al mediador Gilmar Mendes, un magistrado que no tiene mínimo de izquierdista. Una señora recibió el aplauso de las personas situadas en su entorno cuando comenzó a gritar «fuera, fuera, fuera Gilmar (Mendes) corrupto, comunista».

El pecado de este mediador conservador fue tener denunciado por «genocidio» al patriarca de Estado y al Ejército, a cuyas filas pertenece el ministro de Salud Eduardo Pazuello, por no tener recogido medidas contra el coronavirus.

Desde el gobierno se llevó delante una política que favoreció la diseminación de la dolencia saboteando el aislamiento social ( Bolsonaro repite casi a diario que se debe establecer la cuarentena) , oponiéndose al uso obligatorio de los tapabocas e incitando a los grupos de choque a que invadan los hospitales de campaña.

En plena crisis de la covid-19 Bolsonaro despidió a los ministros de Salud Henrique Mandetta, en abril, y Nelson Teich, en mayo, dos médicos reticentes a la prescripción de la cloroquina -droga cuya eficiencia contra el virus es cuestionada por la comunidad científica – y a auspicio de la cuarentena, mismo que sea de un zona de influencia moderado.

Bolsonaro designó como patriarca de la cartera a Eduardo Pazuello, un común sin formación en medicina ni experiencia en políticas públicas de vitalidad, como siquiera la tiene la mayoría de los 23 militares instalados en los puestos esencia del organismo.

Cuando el común asumió el cargo, a fines de mayo, había menos de quince mil muertos y al cumplir dos meses en la función el número trepó a 75 mil. Esta semana se llegará a las 80 mil víctimas fatales de acuerdo a una proyección de la Facultad de Medicina de Ribeirao Preto, de la Universidad de San Pablo, que consideró como variables el aumento de los contagios y la cada día anciano flexibilización del aislamiento, así como el retraso en el giro de posibles federales a las provincias.

Desde Europa, donde pasa sus recreo de la feria sumarial, el magistrado Mendes habló con Bolsonaro para advertirle que conveniente a su extravagante posición frente a la pandemia podría ser condenado por delitos contra la humanidad en el Tribunal Penal Internacional , con sede en la La Haya, Holanda.

La advertencia del mediador más influyente del Supremo Tribunal Federal brasileño se apoya en una denuncia presentada por el Partido Democrático Trabalhista, de centroizquierda.

No es global que una denuncia de este tipo sea registrada por el Tribunal Penal cuando se comercio de presidentes en funciones.

El sitio especializado en asuntos jurídicos, Conjur, explicó que el inicio del disección de la imputación no garantiza que Bolsonaro será formalmente investigado, lo cual dependerá de la procuradora del organismo, la respetada Fatou Bensouda.

Fue Bensouda quien autorizó el inicio de una causa sobre presuntos crímenes de refriega perpetrados por Estados Unidos en Afganistán.

El mes pasado Donald Trump reaccionó enfadado, amenazando con imponer sanciones económicos a los miembros del Tribunal, lo cual no intimidó a la fiscal para quien esa causa es un parteaguas «histórico» para el mayor organismo penal vinculado a Naciones Unidas.

Trump y Bolsonaro gobiernan los dos países más golpeados por el coronavirus adicionalmente de ser los responsables de políticas que desafían a las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El magnate republicano rompió con ese organismo, y su rival sudamericano amenazó con hacerlo en cualquier momento.

Desde una concepción ideológica de la crisis sanitaria el canciller brasileño, Ernesto Araújo, llegó a referirse a la covid-19 como «comuna-virus» y acusó a la OMS de ser manipulada por el gobierno chino.

Precisamente uno de los fundamentos en los que se apoyó la denuncia contra Bolsonaro frente a el Tribunal Penal fue que el gobierno brasileño no aplica los protocolos de la OMS, a los cuales reemplaza por recomendaciones extravagantes como el consumo de la hidroxicloroquina.

Cuando se «gestiona mal deliberadamente (una política de salud) esto genera consecuencias jurídicas, y esto que ha ocurrido no puede ser omitido», declaró la jueza brasileña Sylvia Steiner, quien integró el Tribunal Penal Internacional.

Cosas de hechicero

Desde que está en cuarentena en el Palacio de Alvorada el excapitán se ha convertido en un publicitario a tiempo completo, a través de las redes sociales, de ese medicamento cuya ingesta es desaconsejada por la OMS conveniente a sus posesiones colatorales.

Para algunos esa prédica es una maniobra de hechicero, a través de la cual el gobernador se dirige a sus seguidores más fanatizados, muchos de ellos evangélicos, para engañarlos con una cura mágica. Nada muy diferente a lo que hacen los pastores sanadores en los templos.

Otros sospechan de que el gobernador estaría interesado en aumentar el mercado de la hidroxicloroquina controlado por empresarios simpáticos al gobierno. Por lo pronto esa estimación no cuenta con pruebas, aunque lo cierto es que desde que Bolsonaro comenzó a recomendarla su cesión creció el 358 por ciento.

El mediador Mendes dijo estar «horrorizado» con la pésima imagen que Bolsonaro tiene en el extranjero, un multiplicador que puede influir en la toma de decisiones del Tribunal Penal.

Y aunque el exmilitar de ultraderecha imite a Trump en todo, o casi todo, el caso es que no está en condiciones de desafiar a esa entrada corte y su imponente palacio reciente en La Haya.

No sólo porque el poder de Brasil no es ni la sombra del norteamericano, sino porque mientras Estados Unidos desconoce al Tribunal, el Estado brasileño adicionalmente de ser signatario del mismo, le dio a su vínculo carácter constitucional. Es aseverar este gobierno no podrá renunciar al Tribunal ni siquiera a través de ley ordinaria, necesitará una reforma del artículo botellín de la Constitución.

Llevado a la destreza esto significa que Bolsonaro, de 65 primaveras, podría estar expuesto en el medio plazo o grande plazo a una condena y una eventual prisión por delitos contra la humanidad como ya lo estuvieron, por ejemplo, algunos criminales de refriega. En lo inmediato el eventual procesamiento manchará su ya afectada imagen internacional.

Hay más. Si esta denuncia no prospera sí podría avanzar otra presentada el año pasado en la que fue inculpado de «genocidio» contra los pueblos indígenas de la región amazónica, alertó la jueza Sylvia Steiner.



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