Unipar: Estamos alineados con los intereses de la Argentina


Periodista: ¿Cómo se organizó el liga para confrontar la pandemia?

Mauricio Russomanno: La pandemia es un período de desafío que aún no ha terminado. Tanto para las empresas como para las personas. A principios de marzo monitoreamos lo que pasaba en Asia y Europa, y nos dimos cuenta de que el virus llegaría de cualquier forma a Sudamérica. Por eso, montamos comité de crisis, cuando todavía no había casos en la Argentina ni en Brasil. Armé cuatro grupos de trabajo sobre áreas definidas: la operación, los colaboradores, los clientes y proveedores, y las finanzas, en este zaguero aspecto buscamos asegurar la solvencia de la compañía. También dimos veterano impulso a nuestras tareas habituales de responsabilidad social, con apoyo a las comunidades donde estamos insertos. Teníamos como mayor un mes de tiempo para equipar todo esto. Pusimos protocolos muy estrictos, todo el equipo oficinista pasó a home office en al punto que dos semanas, aplicamos distanciamiento, control de temperatura, conversamos con proveedores para coordinar las acciones, establecimos encuentros de comunicación semanal por videoconferencia con todos los equipos. Y todavía gestionamos préstamos de bancos para inyectar solvencia a la compañía para un año. Todo lo hicimos antaño de las restricciones que pusieron los gobiernos.

P: ¿Cuál fue el impacto sobre la producción del liga?

M.R.: La producción genérico se afectó. Pero hubo algunas particularidades. Por caso, en Bahía Blanca se produce soda cáustica que se vende como insumo para la industria de alimentos, papel, biocombustibles. Y todavía producimos cloro, que se transforma en PVC, que es un producto que básicamente se destina en su totalidad a construcción civil. Por impacto de la pandemia, la producción de PVC fue muy afectada por la parálisis de la construcción, sobre todo entre abril y mayo, poco que no sucedió solamente en la Argentina y Brasil, sino en todo el mundo. En cambio, como la parentela se quedó recluida en sus casas, tenía que engullir, entre otras cosas, eso hizo que toda la demanda de soda cáustica de la industria de alimentos se mantuviera sin cambios. Además, en Bahía Blanca queda un poquito de cloro que usamos para producir lavandinas, que sirve para piletas y para higiene en genérico, y eso tuvo un aumento de consumo.

P.: ¿Cómo organizaron sus plantas? ¿Vieron limitada su capacidad productiva?

M.R.: Por supuesto nos afectó, pero logramos producir lo que el mercado demandó durante ese período más crítico. Internamente nos arreglamos para funcionar, compensamos con los turnos, distribuyendo la parentela. Fue un trabajo muy acertadamente hecho por parte del equipo de operaciones. Nada afectó la producción. Entregamos sin problemas todo lo que el mercado demandó.

P.: ¿Están viendo una recuperación de demanda a medida que las restricciones se flexibilizan?

M.R.: Los mercados están reaccionando de acuerdo con las acciones que disponen los gobiernos y la carta vivo. Nosotros nos ajustamos estrictamente a todo eso.

P.: ¿Qué impacto cree que tendrá en la riqueza el arreglo que logró la Argentina con sus acreedores?

M.R.: Todo lo que Argentina pueda hacer para desarrollar su mercado interno y arreglar todas las situaciones externas lo vemos con muy buenos luceros y apoyamos mucho. Nuestros intereses como empresa están muy alineados con los intereses del país. El 95 por ciento de la materia prima que consumimos en la planta de Bahía Blanca es de origen argentino. Y la medio de lo que producimos, lo exportamos. Esto demuestra que somos una empresa muy alineada con los intereses del país, porque hacemos desarrollar la riqueza tópico y traemos dólares para el país.

P.: ¿Tuvieron que hacer ajustes de personal?

M.R.: Durante toda la pandemia no hemos despedido a nadie, independientemente de la carta que prohíbe despidos. Desde el principio de la pandemia uno de los temas que lleve a la sociedad directiva fue la propuesta de no despedir. No hubo despidos acá ni en Brasil. En la Argentina empleamos a 500 personas entre Bahía Blanca y Buenos Aires.

P.: ¿Qué temas incluiría en la dietario productiva ?

M.R.: Mirando a la Argentina de una guisa entero, nos gustaría que se arreglaran todos los temas, deuda, económicos, etc, para que el país vuelva a crecer porque estamos insertos en el mercado argentino y participamos del día a día. Como liga brasileño que invirtió en la Argentina estamos acostumbrados a los mercados sudamericanos por ser una empresa regional, y tenemos un compromiso de prolongado plazo en los lugares que entramos.

P.: ¿Cómo están los costos de producción (laborales, impositivos) en la Argentina con relación a Brasil?

M.R.: En todos los países existen diferencias importantes en los costos. Brasil siquiera es un país módico para la trámite sindical. Hubo una reforma sindical hace casi dos abriles que ayudó un poco a mejorar los contratos y relaciones entre empleados y empresas, porque desburocratizó y facilitó los trámites. Pero en ningún de los dos países esas relaciones son sencillas, por la carta y la burocracia. La diferencia importante está en comparación con los Estados Unidos, sobre todo en los costos de los insumos. Nosotros competimos principalmente con los americanos y los asiáticos. Y, por ejemplo, en Brasil el precio del gas es cuatro veces más caro que en Estados Unidos. En la Argentina es dos veces y media más caro que en Estados Unidos. En costo de electricidad, Brasil es tres veces más caro que Estados Unidos y la Argentina es casi cuatro veces más caro.

P.: ¿Qué otros costos influyen?

M.R.: Los costos de abastecimiento y transporte son muy altos en la Argentina y Brasil. Para empresas que están en el boreal de la Argentina a veces es más módico importar un producto antaño que comprarnos a nosotros, que estamos en el mismo país. Por ejemplo, para trasladar productos desde Bahía Blanca hasta San Lorenzo (Santa Fe). Y esto vale todavía para Brasil. Llevar un producto de San Pablo a Bahía, en el boreal, es carísimo. Los países de América del Sur tenemos estos problemas de competitividad y esto genera un problema para las empresas locales. Y se benefician muchas veces las empresas internacionales que ingresan con sus productos a nuestros mercados.

P.: ¿Cómo cree que se puede arreglar eso?

M.R.: En esto necesitamos poco como una dietario Mercosur o regional para mejorar costos de insumos, de energía, de infraestructura, laborales, para poder continuar creciendo, produciendo y generando empleos. Y así podremos confrontar la competencia de Estados Unidos y Asia en otros mercados mundiales como Europa, Asia y África. Si eso pasa, se generarán más empleos, más colecta de impuestos y más ingreso de divisas, todo lo que nuestros países quieren y necesitan.



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